NoveliqaJuramento Inquebrantable: El Pacto que Rompió Historias / La Red de Mentiras :0%
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Chapter 11

La Red de Mentiras

Capítulo 11 La Red de Mentiras

El eco del mensaje enviado aún vibraba en su pecho cuando Valeria se dejó caer contra el respaldo de su silla. Una agitación punzante le palpitaba en las sienes, como si cada latido le pusiera una carga eléctrica en el cerebro. La penumbra de su despacho parecía estrecharse a su alrededor, las sombras se doblaban y retorcían, casi burlonas, burlándose de su seguridad.

Sus dedos temblorosos bajaron la pantalla del móvil, como si verla otra vez destapara heridas que apenas estaba aprendiendo a cerrar. La palabra “traición” rondaba en su mente, un murmullo que se hacía rugido: la sombra venía de dentro. No de la ciudad, ni de sus enemigos exteriores, sino de aquellos que juraron proteger el legado Santoro.

Un movimiento cortó la quietud. El sonido seco de unas llaves al abrir una puerta. Valeria tensó el cuerpo, los sentidos agudizados. No esperaba nadie.

—¿Quién anda ahí? —su voz resultó más baja y aguda de lo que había planeado.

Nadie respondió. Se levantó, avanzó hacia la puerta del despacho, y cuando apoyó la palma para abrir, una ráfaga de viento helado se coló entre el marco, apagando la llama de su vela, dejándola en tinieblas.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

El móvil vibró de nuevo. Esta vez, era un mensaje anónimo, sin remitente.

"No confíes en los que sonríen frente a ti."

Un nudo se formó en su estómago. Había muchos que sonreían frente a ella. Pero sólo uno tenía la llave para abrir todas las puertas del secreto.

Recordó el archivo que Dante le había ocultado. Aquella carpeta digital que había interceptado por accidente en una de las reuniones clandestinas. La había guardado en su memoria favorita, esperando el momento propicio para revisarla a fondo.

Valeria encendió de nuevo la vela con un mechero y, con manos decididas, desbloqueó su portátil. Las primeras líneas del documento eran crípticas, un entramado de nombres, fechas y ubicaciones. Pero cuanto más leía, más se iluminaba el panorama.

El nombre de Dante Montalvo surgía repetidamente, ligado a un conglomerado llamado “Ébano S.A.”, cuyos tentáculos se extendían hacia la política, negocios, y sobre todo, hacia la oscuridad del narcotráfico internacional.

Una voz ronca y familiar resonó en la habitación tras un leve crujido en la escalera superior.

—No deberías andar husmeando ahí, Valeria.

Era la voz de Marco, su guardaespaldas de confianza, que apareció con el ceño fruncido y un aire de urgencia.

—Hay algo que debes ver —contestó ella sin apartar la vista de la pantalla—. Dante… está más involucrado de lo que creí. No sólo fue una tragedia familiar. Esto es una jugada para dominarnos desde las sombras.

Marco cerró la puerta tras de sí y se acercó, su rostro ensombrecido bajo la luz tenue.

—Escuché que anoche corrieron rumores sobre reuniones secretas en el puerto viejo, y no de cualquier clase. Dicen que Ébano S.A. negocia con poderes... que van más allá de las leyes.

Valeria sintió el peso del miedo mezclado con la ira. Su mundo giraba en un eje de traiciones cada vez más oscuro.

De repente, un estruendo sacudió la propiedad: un estallido, seguido por vidrios rotos y un olor acre a pólvora y quemado.

—¡Vienen por nosotros! —exclamó Marco, desenvainando la pistola que colgaba a su costado.

Valeria saltó de la silla, su adrenalina explotando en cada vena. La alarma comenzó a sonar sobre sus cabezas.

En el jardín, entre las sombras moviéndose con rapidez, siluetas armadas tejían un asalto silencioso y despiadado.

Con la respiración agitada y la mente punzante, comprendió todo de golpe.

Esto no era un simple intercambio de palabras o un juego de poder cerrado. Era una guerra abierta.

Y ella estaba en el centro de la tormenta.

Sacó el móvil para enviar un mensaje de auxilio, pero la pantalla se congeló. Un golpe seco la hizo tambalear y casi caer.

—¡Valeria! —gritó Marco en medio del caos.

Antes de poder reaccionar, un estruendo más fuerte sacudió las paredes y el oscuro cielo nocturno se iluminó por una explosión cercana.

La magnitud del ataque la aplastó en un instante.

Sabía que no había vuelta atrás.

Los secretos que Dante había enterrado con tanto cuidado ahora ardían a su alrededor.

Y ella tenía que decidir qué hacer con las cenizas.

—¿Quién quiere vernos arder? —murmuró, con la voz rota pero firme, mientras la puerta principal volaba en pedazos frente a ellos.

El peligro era inmenso.

Pero su juramento, inquebrantable.