Chapter 9
Capítulo 9 El Diario Oculto
El eco seco de los pasos quedó suspendido en el aire como una amenaza contenida. Lucas mantuvo la respiración, sintiendo el pulso como un tambor atronando en sus sienes. El antiguo despacho de su padre, esa fortaleza de secretos custodiada tras la fachada elegante y fría, ahora parecía un laberinto de sombras y susurros.
Un hombre alto emergió entre los reflejos rotos del ventanal, su figura recortada contra la ciudad iluminada. Sin embargo, apenas había tiempo para contemplar. Los ojos de Lucas centellearon con una mezcla de furia y cálculo: no podía retroceder. No ahora.
—Sabía que vendrías —dijo la voz grave, en un tono que buscaba intimidar, aunque traía detrás una inseguridad apenas disimulada.
Lucas dio un paso adelante, el suelo de madera vieja crujió bajo sus botas, un sonido que parecía romper el hilo tenso de la conversación.
—¿Y qué? ¿Quieres verme caer?
—No. —El hombre abrió un maletín con gesto nervioso—. Quiero ayudarte. Tu padre dejó algo aquí, algo que ni siquiera Victoria pudo borrar.
Un extraño hielo descendió por la espalda de Lucas. Ese nombre, Victoria, todavía titilaba en su mente con un sabor amargo. Si esa mujer podía borrar pruebas, ¿qué no sería capaz de esconder? El hombre sacó un objeto forrado en cuero, antiguo y gastado: un diario.
La piel del libro crujió al abrirlo, el olor a papel envejecido impregnó la atmósfera, mezclándose con el aroma del café frío en la mesa. Lucas lo tomó con manos temblorosas, casi reverentes.
—Esto… —murmuró Lucas, las palabras saliendo apenas entrecortadas por la emoción—. ¿Esto es de mi padre? ¿Desde cuándo tienes esto?
—Lo encontré hace años, en una bóveda secreta del sótano. Sabía que algún día lo necesitarías.
Las páginas se desplegaron bajo un haz de luz amarillenta. La caligrafía era firme, pero los márgenes del papel parecían chuparse secretos por absorber siglos de decepciones.
Lucas comenzó a leer, cada palabra era una apuesta al misterio que rodeaba la historia de su familia. Relatos de alianzas rotas, de traiciones encubiertas bajo el brillo falso de la diplomacia y la ambición desmedida.
La tensión en la habitación crecía, casi visible como una neblina densa. Cada página arrancaba pedazos del pasado, pero construía un relato nuevo, más oscuro.
Horas pasaron sin que ninguno de los dos pronunciara palabra. Solo el raspado sutil de la tinta sobre el papel y el viento gélido colándose por una rendija en la ventana quebraban el silencio.
Lucas sintió un temblor recorrer sus dedos cuando encontró una entrada fechada casi dos décadas atrás. Las letras, escritas con un trazo que mezclaba urgencia y miedo, hablaban de una reunión secreta, de un pacto sellado en la penumbra, y de un nombre—
Un nombre que Lucas jamás esperó leer allí.
Sus ojos se clavaron en las palabras, el corazón se le detuvo un segundo y luego se precipitó como si quisiera escapar del pecho.
—Esto cambia todo —susurró, con la mirada fija en ese nombre, en las sombras que ahora parecían desvanecerse a su alrededor para revelar algo aún más siniestro.
El aire en la habitación se volvió irrespirable, la línea entre el pasado y el presente se había roto.
Un ruido seco detrás de la puerta interrumpió de golpe el momento.
Lucas alzó la vista con el rostro congelado en la tensión máxima. La oscuridad parecía esperando para tragarse toda respuesta.
—¿Quién anda ahí? —musitó, con la voz rasgada, mientras la mano se posaba instintivamente en el pulsador del teléfono.
Pero antes de que pudiera actuar, una sombra cruzó la puerta y la habitación quedó inmóvil bajo un silencio mortal.
FIN DEL CAPÍTULO 9