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Chapter 1

Regreso al Nido Roto

Capítulo 1 Regreso al Nido Roto

La lluvia caía sin piedad sobre el asfalto negro y brillante, cada gota un punzón frío contra el rostro de Lucas Ríos. Su abrigo oscuro no lograba contener el temblor contenido en sus manos, ni el peso invisible que arrastraba desde hace meses. Frente a él, el edificio Corporativo Mendoza se alzaba como un coloso imperturbable, su fachada de vidrio reflejando destellos de neón que parecían cortar la noche.

Lucas dio un paso más, sintiendo el crujido de sus propios huesos bajo el estrés. El viento le arrastró un aroma desconocido, mezcla de café quemado y tinta fresca, como si aquel lugar guardara mil secretos en sus entrañas. Su reflejo en la puerta giratoria se deformó por un instante antes de entrar.

El vestíbulo olía a frío y a poder. Pisos de mármol pulido reflejaban la luz de los candelabros modernos, pero no había ni un alma. Un silencio denso, casi hostil, colgaba en el aire. Cada paso de Lucas hacia el elevador resonaba como un estruendo en medio de una tumba.

—Váyase, señor Ríos —la voz de la recepcionista, seca y medida, lo hizo detenerse justo antes de tocar el botón para el piso 42.

Ella no levantó la vista, ni siquiera despertó de ese ensueño mecánico que parecía haberse apoderado de su rutina.

—No voy a pedir permiso —respondió Lucas, la mandíbula tensa, mirada fija en ese panel de botones eléctricos donde el destino parecía encerrado.

Un sonido metálico resonó cuando el ascensor descendió y luego, con un suspiro, comenzó a subir con él dentro. Las paredes de acero pulido reflejaban su rostro, envuelto en sombras que el tenue resplandor de los LEDs apenas arañaba.

Pensó en cada mirada esquiva, en los rumores de pasillo que lo habían dejado caer al abismo del desprestigio. La última crisis financiera, el escándalo con la empresa filial, las pruebas forjadas que jamás pudo refutar. Había dejado su posición, sí, casi expulsado a fuerza de mentiras. Pero ahora estaba de vuelta.

La puerta del elevador se abrió con un clic demasiado suave para un momento así.

El despacho principal no había cambiado, y todavía llevaba la huella de su ausencia. Un pesado escritorio de caoba, una silla giratoria de cuero frío y una ventana enorme que, pese a la tormenta, dejaba entrever el latido vibrante —y despiadado— de la ciudad.

Victoria Mendoza estaba ahí, detrás del escritorio, como una sombra en el umbral. Sus ojos penetrantes y la sonrisa fría que se dibujaba en sus labios cortaron cualquier intento de cortesía.

—Lucas —su voz fue un filo que se deslizó entre los muros—. Pensé que no volverías. O que tu regreso sería más... discreto.

Él la contempló, notando la perfección calculada en cada gesto. Era una reina enjaulada, pero con demasiados motivos para desear la corona.

—Estoy aquí para limpiar mi nombre —dijo, y cada palabra cayó como un martillo sobre la mesa invisible de la tensión—. Y para descubrir quién encendió la mecha que me hizo caer.

Victoria se acercó, dejaron apenas un par de metros entre ellos, un espacio que parecía un campo de batalla invisible. Sus palabras estaban cargadas de veneno disfrazado de invitación.

—¿Y qué tal si te digo que algunas verdades podrían ser... incómodas?

La mirada de Lucas se endureció, resistiendo tanto las sombras del pasado como la amenaza que emanaba de aquella mujer.

Entonces, el teléfono inteligente en su bolsillo vibró con un pulso urgente, y Lucas sacó el dispositivo con manos tensas.

La pantalla brillaba con un mensaje sin remitente:

“Sabes la verdad. Y si quieres sobrevivir, necesitas escucharla. Nos vemos a medianoche. Piso 13.”

El pulso de su corazón golpeó aún más rápido. Nada en ese imperio era al azar, y aquella cita podía ser tanto una trampa mortal como la llave para su salvación.

Sin que Victoria apartara la mirada, Lucas respondió con un simple botón. Su nombre y su destino pendían ahora del hilo invisible de ese mensaje.

¿Quién estaba detrás? ¿Y qué secretos desenterraría esa noche?

El eco del pasado, la sombra del poder, y un imperio al borde del abismo. Lucas Ríos acababa de volver. Y nada sería igual.

—Nos vemos a medianoche —murmuró, la voz de Victoria resonando como una amenaza y una promesa al mismo tiempo—. Ten cuidado, Lucas.

Cuando la puerta se cerró tras él, la lluvia seguía golpeando el cristal. Pero para Lucas, lo que caía era solo el comienzo de la tormenta más peligrosa de su vida.