Chapter 9
Capítulo 9: Juego de poder
El golpe en la puerta resonó una vez más, urgente. El aire en la habitación parecía vibrar con la electricidad de una tormenta a punto de estallar.
Clara permaneció inmóvil, cada músculo tenso, con el corazón martillándole en el pecho como un tambor rebelde. La luz tenue del atardecer se colaba por las cortinas, dibujando sombras alargadas sobre las paredes.
No había vuelta atrás.
La manija cedió con un chirrido ahogado. La puerta se abrió lentamente.
Alejandro del Valle apareció en el umbral, sus ojos negros como carbón delatando una mezcla de cautela y algo inexplicable que hizo que Clara sintiera un escalofrío recorrerle la espalda.
—Clara —saludó con voz baja, pero firme, su mirada fija en ella, como si intentara leer un alma oculta bajo el disfraz—. ¿Sabes lo peligroso que es que estés aquí?
Ella no respondió de inmediato. Sus dedos se aferraron al borde de la mesa, las uñas clavándose sutilmente en la madera, sintiendo en la piel la aspereza que reflejaba sus propios nervios.
—No vine aquí para perder el tiempo con advertencias, Alejandro —replicó, la voz un susurro cargado de desafío—. Vine a reclamar lo que me pertenece.
Él esbozó una sonrisa irónica, ladeando apenas la cabeza, como un depredador evaluando a su presa.
—¿Y qué es eso? ¿Dinero? ¿Título? ¿Tu nombre en la puerta del imperio Del Valle?
Clara mantuvo la mirada, decidida, pero un destello de incertidumbre asomó en sus ojos. La historia que había descubierto enterraba secretos que podrían cambiarlo todo, sí, pero ¿a qué costo?
—Es justicia —aseguró, controlando el temblor que amenazaba con asomar en su voz—. Y la verdad.
Alejandro dio un paso hacia adelante, acortando la distancia entre ambos. El olor a su colonia, mezcla de cuero y especias amargas, invadió el espacio.
—La verdad es un lujo peligroso en este mundo, Clara —murmuró casi al oído, y ella sintió el calor que emanaba de su cuerpo, una llama inquietante que la atraía y repelía al mismo tiempo.
Un silencio tenso se instaló entre ellos. Afuera, las luces de la ciudad comenzaban a prenderse, pero dentro de ese apartamento lujoso y frío, el tiempo parecía haberse detenido.
Clara tragó saliva y retrocedió un paso, la distancia ahora llena de un jardín de espinas invisibles.
—No estoy aquí para jugar —dijo—. Estoy aquí para ganar.
Alejandro la observó, su expresión oscura y enigmática.
—Entonces que empiece el juego —sentenció, justo en el instante en que el teléfono sobre la mesa vibró con insistencia.
Ambos miraron hacia el dispositivo. Alejandro lo tomó, deslizándose la mano en el bolsillo del pantalón mientras atendía.
Su ceño se frunció al instante.
—Alguien del pasado —murmuró, y volvió la mirada hacia Clara, esta vez llena de una sombra diferente, más profunda—. Acaban de llamar con noticias que cambiarán todo lo que creías saber.
El silencio se hizo absoluto.
El temor y la anticipación se entrelazaron, mientras afuera la ciudad seguía su ritmo frenético, al margen de las decisiones que en ese momento trastocarían destinos.
Los ojos de Clara se clavaron en Alejandro, que sostenía el teléfono con fuerza, y supo que la partida había adquirido un nuevo, y más peligroso, giro.
Una figura oculta emergía desde la penumbra del pasado.