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Chapter 8

El oscuro interés de Alejandro

Capítulo 8: El oscuro interés de Alejandro

El eco de aquella revelación se deslizaba en el aire, pesado como una losa invisible que aplastaba el pecho de Clara. Sus dedos temblaban, aferrados al borde de la mesa como si soltarla la precipitara al vacío. La habitación, bañada en sombras nocturnas apenas rota por las luces tenues de la calle, parecía haberse encogido, envolviéndola en un abrazo gélido e implacable.

Alejandro del Valle no dio un paso atrás. Su presencia era un muro de acero, una sombra que era imposible ignorar. Sus ojos, afilados y impenetrables, se posaron en ella con una mezcla indescifrable: no sólo había desafío, había un oscuro interés que vibra en el aire cargado.

—No subestimes lo que está en juego, Clara —murmuró con voz fría, como un cuchillo deslizándose por la piel—. Esto no es sólo un asunto de dinero o nombres. Es mi vida, mi imperio, lo que tienes en tus manos.

Clara respiraba superficialmente. La verdad brillaba en aquella confesión con un resplandor peligroso. Alejandro no era sólo un adversario cualquiera: era el vigía de un reino construido sobre mentiras y secretos.

—¿Y qué quieres de mí? —susurró ella, sintiendo que cada palabra se deshacía en la garganta—. ¿Por qué acercarte ahora, si hasta hace poco eras un desconocido para mí?

Una sonrisa corta y sin alegría se formó en la boca de Alejandro, pero sus ojos se tornaron más duros, casi desesperados.

—Porque necesito que entiendas que no somos enemigos, al menos no en el sentido clásico. Necesito proteger lo que he construido. Y si tú quieres reclamar tu herencia, primero tienes que saber con qué dragón estás jugando.

El silencio se hizo denso. Clara percibía el perfume tenue de su colonia, una fragancia masculina que olía a enfado contenido y sangre fría. Algo más nítido, eso sí: un latido que podía despertar monstruos.

—¿Qué quieres decir con “protegerte”? —preguntó ella, atenta a cada matiz, a cada soplo de miedo o verdad.

Alejandro inclinó apenas la cabeza, casi como quien evalúa el terreno antes de disparar.

—Hay fuerzas oscuras detrás de esta historia, Clara. No sólo yo. Y tu aparición amenaza el equilibrio. No puedo permitir que destruyas todo lo que he levantado sin yo defender mi trono.

El puño de Clara se apretó sobre la mesa. ¿Cuántos secretos escondía aquella figura imponente? ¿Cuántas sombras más ocultaban las salas de aquel imperio?

Un sonido lejano, apenas perceptible, intervino. Un leve crujido en el pasillo que llevó a la entrada de la casa. Los ojos de Alejandro se abrieron, su cuerpo tensándose como un resorte a punto de saltar.

—Alguien está aquí —dijo en un susurro urgente, avanzando hacia la puerta sin quitar la mirada de Clara.

Ella, paralizada entre el miedo y la curiosidad, siguió la trayectoria de su mirada. La puerta tembló con un golpe sordo, y el techo pareció encogerse, ahogándolos en aquella burbuja de peligro inminente.

—No te muevas —ordenó Alejandro, tomando algo de su bolsillo que brilló con un leve resplandor metálico.

Clara sintió un frío extraño, como si la noche misma se hubiera vuelto una presencia tangible, acechante.

Una sombra pasó fugaz detrás de la puerta, una silueta borrosa que pulsaba con la amenaza de lo desconocido.

El sonido de un segundo golpe, más fuerte, resonó como un latigazo cortante en la calma vacía.

El corazón de Clara resonó en sus oídos, acelerado, errático.

Entonces, una voz ronca e imprevista se coló entre las paredes:

— Esta noche no solo se juega una herencia. Se juega tu vida, Clara.

Un grito desgarrado, la torsión del tiempo, una figura emergiendo del limbo.

Y, justo cuando Alejandro alzó la mano para abrir de par en par la puerta, la oscuridad dijo su última palabra.

El peligro había llegado.

El desenlace, sin embargo, se escondió en la penumbra.

El golpe en la puerta palpitaba como un latido feroz, y Clara supo que lo que ocurriría en menos de un minuto cambiaría para siempre el tablero.

La verdadera lucha apenas comenzaba.