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Chapter 4

Primer contacto con el imperio

Capítulo 4: Primer contacto con el imperio

La noche descendía pesada sobre la ciudad, como un telón de terciopelo que absorbía cada sonido. Clara caminaba sin prisa, con el eco amortiguado de sus propios pasos sobre el pavimento húmedo. Las luces de neón reflectaban destellos azules contra los charcos dispersos, pero su mente estaba tan nublada que apenas los notaba. La fotografía pesaba como un puñal invisible contra su pecho. La imagen en su bolso no era solo una prueba: era la llave que podía abrir—o destruir—su futuro.

De repente, el timbre del móvil vibró. Clara casi saltó. La pantalla mostró un nombre que no esperaba: Alejandro del Valle. Su respiración se tensó. ¿Realmente él la contactaría? ¿Por qué ahora?

—Clara —salió su voz, grave, implacable—. Quiero invitarte a una gala esta noche. Un evento muy exclusivo. Es hora de que conozcas el imperio de cerca.

El pulso de Clara se aceleró, pero respondió con una frialdad calculada:

—No sé si eso es algo que quiero.

—Tienes una respuesta rápida —dijo Alejandro, con una sonrisa apenas perceptible en su tono—. Pero en este juego, si no juegas, pierdes. Quiero que estés allí. Es parte del trato.

El silencio en el móvil se alargó, denso e incómodo.

—¿Y si digo que no? —su voz se quebró apenas.

—No digas que no —replicó él—. Porque en el fondo sabes que no puedes negarte. No cuando esto es solo el principio.

Clara cerró los ojos, sintiendo el peso de una decisión que ardía en su interior. La gala era una puerta directa al mundo que siempre le había sido negado, pero también una trampa. Pero la curiosidad pudo más que el miedo.

—Está bien —aceptó con voz tenue—. Iré.

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El salón principal del Palacio del Cristal relucía bajo los arañazos de cristal y espejos gigantes. El murmullo de las conversaciones se mezclaba con el tintineo de copas de champán y el suave murmullo del pianista en un rincón. El perfume de rosas blancas y madera vieja flotaba en el aire, embriagador y sofocante.

Clara atravesó el vestíbulo con la espalda recta y el corazón disparado. Los vestidos largos y los trajes impecables creaban un mural de opulencia que parecía bajo un hechizo irrompible. Ella, con su vestido sencillo pero ajustado, era un contraste decidido, una intrusa en un mundo de máscaras perfectamente talladas.

—Clara —la voz de Alejandro apareció a su lado, profunda y dominadora—. Bienvenida a casa.

El roce de su presencia fue un frío cortante, como un recordatorio de que ella estaba caminando sobre hielo fino, aunque el brillo en sus ojos era incendiario.

—Esto es... muy distinto —susurró ella, absorbiendo cada detalle.

—El verdadero poder no se grita. Se viste elegante, se mueve en silencio y se oculta en sonrisas calculadas —dijo Alejandro, observando la escena con una mezcla de orgullo y precaución.

Mientras se acercaban, un hombre mayor con una sonrisa de tiburón alzó su copa y saludó sin apartar la mirada de Clara.

—Así que esta es la famosa Clara Estévez, la sorpresa más interesante del año —dijo en un tono que insinuaba tanto fascinación como amenaza.

Clara apenas mordió el borde de sus labios, sintiendo que cada palabra pronunciada era un hilo invisible atado a su destino.

De repente, un escalofrío recorrió su espalda. Al voltear con rapidez, la luz tenue reveló una silueta que desaparecía entre las sombras del corredor lateral, observándola con ojos que ardían en secreto.

Unos segundos demasiado largos para ser casualidad.

Su mirada se clavó en esa figura ausente, su pecho se apretó y supo que no estaba sola ni segura.

Y justo en ese instante, la recepción se llenó de una tensión casi palpable, como si la noche misma contuviera la respiración.

—Alguien te está mirando —susurró Alejandro al oído.

Pero Clara no pudo apartar la vista de la sombra.

Olía a peligro, a secretos listos para explotar.

Su juego apenas comenzaba.

¿Pero quién era ese espectador invisible? ¿Amigo o enemigo?

Y, sobre todo, ¿estarían ellos dispuestos a jugar con fuego?

La gala brillaba, las máscaras caían, y Clara estaba en el centro, justo donde comenzaba la verdadera batalla.