Chapter 14
Capítulo 14 Alianzas inesperadas
El eco de los pasos calzados con tacones resonaba en el pasillo helado mientras Clara se apoyaba en la pared, tratando de controlar el temblor que la sacudía por dentro. La multitud bulliciosa todavía retumbaba en su mente, como un trueno lejano que presagiaba la tormenta que se avecinaba. No había espacio para el miedo, aunque su pecho amenazara con estallar.
La piel aún le ardía por la bofetada de Alejandro, aunque fueron las palabras las que le habían dejado una herida más profunda. Cada sílaba cargada de hostilidad, cada mirada congela sangre, le recordaban que no solo luchaba por un título ni por dinero, sino por su vida — y por la verdad enterrada bajo capas de mentiras.
Respiró hondo, intentando aferrarse a la claridad. La noche menguaba, y con ella, la cuerda del engaño se tensaba tanto que podía escuchar el crujir de la trama a punto de romperse.
Un susurro inesperado la sacudió.
—No puedes seguir sola en esto.
Clara giró al instante, incrédula. El murmullo provenía de la sombra proyectada tras la elegante puerta de la oficina ejecutiva que parecía impenetrable. Del otro lado, una figura emergió con la seguridad de quien había observado al lobo de cerca y sabía cuándo debía entrar en la jauría sin ser devorado.
Era Matías Morales, el hombre de sonrisa enigmática y mirada afilada que desde hacía semanas había rondado los pasillos de Del Valle & Asociados. Su fama de enigma corporativo le precedía: fundador de startups, estratega mercenario, jugador de poder con cartas siempre ocultas. Poco o nada se sabía de sus verdaderas intenciones.
—¿Tú? —balbució Clara, seca aún del sobresalto—. ¿Qué quieres ahora?
Matías se acercó con un paso decidido, apartó un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja y dejó entrever la sombra de una sonrisa irónica.
—Que tú y yo... entendamos al fin que en este tablero, la enemistad abierta suele ser la forma más rápida de perder.
La mirada de Clara se endureció, sin embargo, había un claro brillo de curiosidad.
—¿Estás aquí para ofrecerme... una alianza?
Él se recostó en el marco de la puerta, cruzando brazos con la soltura de quien negocia en terreno propio.
—¿No es acaso lo que una heredera clandestina como tú necesita? Protección dentro y fuera del imperio. Y yo, un espía cómodo en los rincones ocultos de esta fortaleza de secretos.
Un escalofrío recorrió la espalda de Clara. El juego se volvía cada vez más intrincado, y este movimiento era, a la vez, la salvación y una trampa.
—¿Por qué yo? —preguntó con cautela, tratando de leer sus intenciones en la penumbra del despacho—. ¿Qué ganas tú con esto?
Matías dio un paso atrás, cruzó la habitación y se detuvo junto a la ventana enorme que dominaba la ciudad iluminada como un gigante vigilante. La brisa fría y húmeda colándose por los ventanales le hacía jugar con la hebilla de su cinturón.
—Digamos que los poderes que mantienen en la sombra este imperio también están dispuestos a quemar todo lo que tocan. Si tú desapareces… ellos pierden tu información, tus movimientos. Y yo pierdo mi tablero.
Clara se mordió el labio, mirando la ciudad que nunca dormía, igual que las guerras que allí se cocían.
La verdad: Necesitaba aliados, pero el precio de la confianza siempre parecía una moneda al aire.
—¿Qué quieres que haga? —preguntó al final, con voz firme.
Matías esbozó una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Primero, dejar que sepas quién realmente mueve los hilos. Segundo, protegerte contra los golpes bajos que vendrán. Tercero… hacer que Alejandro del Valle pierda el control.
Ella quiso escupir un “imposible”, pero algo en el tono transferido a su cuerpo recordó aquella noche donde las caras se mostraron sin máscaras y las lealtades fueron sólo ilusiones.
—Está bien —dijo Clara con decisión—. Pero no creas que soy un peón más.
Él se rió con suavidad, un sonido oscuro que pareció absorber el frío alrededor.
—Yo tampoco soy un ángel, Clara. Y eso nos hace un par perfecto.
De súbito, un resplandor inesperado irradiaba la sala: la pantalla de un móvil vibrando sobre la mesa.
Clara se acercó, tomó el dispositivo y leyó con rapidez el mensaje que apareció, un código y una frase:
“Nos están observando. Cuidado con quien confías.”
Su corazón se aceleró. Miró fijamente a Matías, quien apartó la mirada con una expresión impenetrable.
En ese instante, la puerta del despacho se abrió con lentitud aplastante.
Una figura desconocida esperaba en el umbral, y sus intenciones eran un enigma tan oscuro como la noche.
¿Sería Matías un aliado genuino o un enemigo disfrazado de salvación?
El aire se tensó en un silencio mortal.
El juego apenas comenzaba, y Clara estaba rodeada de sombras capaces de desangrar su alma.
El otro lado de la puerta, la respuesta definitiva.
—¿Quién está ahí? —su voz tembló, bocanada de aire atrapado.
Y entonces, un nombre resonó en la penumbra.
—Soy yo.
El pulso de Clara se quebró justo cuando las luces del pasillo anunciaron la llegada de una nueva jugada… y un mundo de secretos a punto de estallar.