NoveliqaHerencia Oculta: Bajo el Velo de la Fortuna / Conspiraciones en aumento :0%
Log in

Chapter 13

Conspiraciones en aumento

Capítulo 13 Conspiraciones en aumento

El silencio después de la revelación fue más ensordecedor que mil gritos. Clara se quedó inmóvil, el eco en sus oídos martillando con la certeza de que nada, ni nadie, podía ser confiable. A su alrededor, la mansión del Valle brillaba con su opulencia habitual, pero esa noche, esa luz dorada se sentía fría, como la llamarada distante de un incendio que pronto devoraría todo.

Los dedos de Clara temblaban, apretando con fuerza la taza de té que apenas logró arrebatar de la mesa del recibidor. El aroma a jazmín apenas disimulaba el hedor a traición que impregnaba el aire. Mira a su alrededor. Las sombras parecían alargarse, tomando formas que solo ella parecía percibir: ojos ocultos tras cortinas, voces susurrantes detrás de puertas cerradas.

Por un instante, sus piernas cedieron, y tuvo que aferrarse a la baranda de la escalera para no desplomarse. La traición no venía de un enemigo visible, sino de aquel que se había disfrazado de aliado.

—Clara —susurró su propia voz, áspera y apenas reconocible.

La joven cerró los ojos con fuerza, intentando ordenar un pensamiento entre el torbellino que su mente se había convertido. El eco de aquel descubrimiento pulsaba en su pecho con cada latido. Sabía que tenía que actuar, pero, ¿cómo moverse cuando la red de la conspiración se enredaba incluso en sus propios pasos?

De pronto, un ruido seco desde el piso superior la sacó de su ensimismamiento. Un golpe fuerte, como de un objeto pesado cayendo al suelo. Su respiración se aceleró, y en su piel se extendió un escalofrío. Pisadas rápidas resonaron en el pasillo.

—¿Quién anda ahí? —la voz de Clara cortó el aire, firme pero cargada de tensión.

Nada. Solo un susurro, un roce, una sombra desapareciendo.

La tensión en su cuerpo se transformó en la convicción de que el tiempo corría en su contra. Alguien quería atacarla, y no solo robar su herencia: deseaban destruirla.

A la madrugada, cuando la ciudad vibraba bajo las luces neón y el murmullo incansable, Clara estaba sentada en su cuarto, rodeada de cartas, documentos y viejas fotografías que había logrado rescatar. La melancolía bordeaba sus ojos, pero también una fogosa determinación.

El teléfono vibró con una insistencia desesperada.

Una llamada anónima, con una voz distorsionada:

—Sé quién eres realmente y lo que vales —susurró una voz masculina—. Pero cuidado, Clara. No todos quieren que salgas de las sombras. Ya pusieron en marcha el plan.

El silencio posterior fue como un puñal que se clavó en su alma.

Colgó, con las manos temblorosas, y luego miró por la ventana. La gran ciudad no dormía, tampoco ella. Las calles eran un tablero donde sus enemigos movían piezas que amenzaban con hacerla desaparecer... o peor.

En la oficina de Alejandro del Valle, un hombre de traje negro deslizó un sobre grueso sobre la mesa de cristal. Sin mirar, Alejandro levantó la mirada y dibujó una sonrisa gélida.

—Que comience. —Su voz fue un cuchillo cortando la tensión de la habitación.

Adentro, sus cómplices ya estaban listos. Jalearían rumores, venderían mentiras, pondrían en duda la cordura de Clara, la desacreditarían ante la prensa y ante los ojos de la sociedad. Nada sería limpio, todo podría estar corrompido.

El plan tenía riesgos, sí, pero para Alejandro, cualquier daño colateral valdría la pena, mientras él mantuviera el trono que nunca debió perder.

Mientras tanto, Clara recibió un mensaje inesperado: un correo electrónico anónimo con fotografías comprometedoras, documentos falsificados y una amenaza velada. La red se cerraba alrededor de ella.

El sudor frío le bañó la espalda cuando escuchó el timbre insistente de la puerta.

Pasos apuraron el corazón.

—¿Quién es? —preguntó, temblando, desde el interior.

Un golpe seco, una voz sin nombre.

—Abre, Clara. Esto acaba de empezar.

Sus dedos se tensaron contra el pomo. Por dentro, sabía que abrir podría ser un riesgo mortal... pero no hacerlo podría ser su ruina.

Y antes que pudiera decidir, un estruendo cercano sacudió la entrada principal: alguien había lanzado una bomba de humo. La noche se llenó de caos, el rugido de la multitud presagiaba la tormenta.

Un complot arriesgado se había puesto en marcha, decidido a arrebatarle no solo la herencia, sino su propia existencia.

Y en la oscuridad, Clara entendió que la batalla por su verdadera identidad apenas comenzaba.