NoveliqaHerencia Oculta: Bajo el Velo de la Fortuna / La doble cara de la amistad :0%
Log in

Chapter 12

La doble cara de la amistad

Capítulo 12 La doble cara de la amistad

El golpe contra su pecho fue tan brutal que Clara sintió la respiración cortarse en pequeñas ráfagas entrecortadas. El aire se volvió denso, como si el tiempo se hubiese detenido en ese instante preciso.

—¿Qué haces aquí, Alejandro? —la voz le tembló, desvelando sin querer su sorpresa y el miedo que empezaba a arañarle por dentro—. No… No puedes estar.

Sus ojos buscaban alguna grieta en su expresión, alguna rendija que delatara si había venganza, amenaza o simple curiosidad detrás de esa mirada..

Alejandro sonrió, pero no era un gesto amable. Era un filo, seco y frío, como el acero pulido de un cuchillo.

—No vine por cortesías, Clara —dijo, dando un paso dentro del salón casi vacío, dejando tras de sí el aroma a incienso barato y a perfume caro, la mezcla perfumada del poder en las grandes familias—. Sé más de lo que imaginas. Y no pienso irme hasta que sepas que estás en peligro.

El corazón de Clara se aceleró sin poder contenerlo. ¿Peligro? ¿De quién? ¿De qué? Mil pensamientos giraban en su cabeza como una tormenta furiosa y oscura.

—¿A qué te refieres? —siseó, intentando mantener la calma, a pesar de las gotas de sudor frío que le resbalaban por la sien.

Alejandro avanzó un poco más, acortando la distancia, pero sin perder esa aura intocable y peligrosa.

—Tu mejor amiga no es quien parece.

El mundo pareció desmoronarse en silencios y ruidos sordos.

—¿Mía mejor amiga? —Clara creyó que su voz iba a romperse—. ¿De qué hablas?

Alejandro sacó un sobre blanco, perfectamente sellado, y lo dejó caer sobre la mesa con un sonido seco.

—Esto lo explica todo. Documentos, fotos, mensajes. Ella trabaja para otro. Para un enemigo.

La mirada de Clara se clavó en ese sobre, pero su mente se negó a procesar esa traición. Lucía, su amiga de infancia, la única que había estado con ella cuando todo parecía caer, la que le había escuchado llorar bajo la lluvia sin pedir explicaciones.

Con dedos temblorosos, tomó el sobre y lo abrió.

Las fotos eran nítidas y crueles. Lucía, en reuniones secretas, bajo luces tenues en cafeterías discretas, hablando con hombres de mirada dura y traje oscuro, desconocidos que parecían sacados de esas viejas películas de espionaje.

Los mensajes eran aún más reveladores: códigos, nombres en clave, órdenes veladas.

Un nudo de asco y decepción le subió por la garganta, pero lo que realmente la hirió fue la idea de que aquella persona en la que confiaba, la había estado observando, manipulando, jugando con su verdad.

—¿Por qué? —susurró Clara, con la voz cavernosa por el peso de la revelación.

—No lo sé con certeza —respondió Alejandro, con un brillo implacable en los ojos—. Pero, si quieres tu herencia, y quieres sobrevivir a este juego, vas a tener que aprender a contar con la traición. Empieza por ella.

Clara levantó la mirada, buscando en el rostro de Alejandro alguna señal de mentira, pero sólo encontró la seriedad de un hombre marcado por secretos.

Un golpe seco resonó en la puerta. Ambos volvieron la vista al origen del sonido.

—¿Quién es? —preguntó Clara, suave, aunque la tensión le hizo el corazón tambalear al filo del descontrol.

—No lo sé —respondió Alejandro con crudeza—, pero esto acaba de empezar.

La puerta se entreabrió lentamente, y una sombra apareció tras el marco, dejando a Clara con el sobre arrugado en la mano y la certeza helada de que a partir de ahora, nada sería igual.

Ella tenía una amiga… que no era amiga.

Una espía al servicio de un rival invisible, y un juego que la podía destrozar si bajaba la guardia ni un solo segundo.

El silencio se extendió, opresivo, como el presagio de una tormenta violenta.

—Ya no puedes confiar en nadie —murmuró Alejandro, acercándose a ella mientras esa sombra se perfilaba para entrar—. Ni siquiera en los que más quieres.

La puerta se abrió del todo.

Y la intrusa sonrió, con un brillo cruel en sus ojos.

Clara supo entonces que estaba atrapada en una red de mentiras que la desgarraría con cada hilo que tirara.

La doble cara de la amistad había emergido de la oscuridad para devorarla.

Y esa noche, bajo el velo de la fortuna, nada sería seguro jamás.