Chapter 11
Capítulo 11 Entre Sombras y Susurros
El eco del clic seco aún vibraba en la habitación cuando Elena se quedó mirando la puerta cerrada, como si esa simple barrera de madera albergara más secretos de los que cualquier palabra podría contener. Su corazón latía con una mezcla de alarma y vértigo, una corriente eléctrica que la recorría desde las puntas de los dedos hasta el nudo que se encajaba en la base de su garganta.
Cada músculo en su cuerpo se tensó, consciente de que aquel instante era el preludio silencioso de algo mucho más profundo, mucho más oscuro.
La oscuridad había invadido el estudio, y la única luz provenía de la lámpara de escritorio que proyectaba sombras alargadas sobre los papeles desordenados. Elena se acercó, con las manos temblorosas, y encendió el teléfono. La pantalla brilló con la fría luz azul, pero ningún mensaje nuevo aparecía. Y, sin embargo, la sensación de no estar sola se solidificaba en el aire.
Un zumbido, una vibración tenue. Su móvil emergió de la bolsa del bolso como un objeto traicionero. Las cuatro letras que iluminaban la pantalla: “Anónimo”.
Respiró hondo, luchando contra la ansiedad que arañaba su pecho.
—¿Hola? —musitó, como si su voz misma pudiera romper el hechizo.
Del otro lado, un susurro, tan bajo que obligaba a acercar el teléfono al oído. La voz era masculina, distorsionada pero con una claridad inquietante.
—Álvaro no duerme, Elena. Sus movimientos se aceleran. Esta misma noche, la reunión en el viejo almacén de La Alameda. Allí se decide el siguiente paso para aplastarte.
Elena sintió cómo su piel se erizaba. Ese dato era como una daga que se clavaba entre la confianza y la paranoia.
—¿Quién eres? ¿Por qué me ayudas? —preguntó, exigiendo respuestas a la sombra que tenía al otro lado.
Un silencio pesado. Luego, la voz volvió a surgir, esta vez con un tinte de advertencia.
—Digamos que los fantasmas también conocen secretos. Pero cuidado, esta información tiene un precio. Que no te extrañe que alguien cerca de ti resuene con los susurros que ahora escuchas.
La llamada terminó con un clic abrupto.
Elena quedó paralizada, flotando entre el alivio y la traición. Un sudor frío descendía por su nuca mientras se preguntaba si podía confiar en esa voz anónima, o si todo era un cruel juego de Álvaro para hacerla caer en un pozo más profundo.
Golpeó la mesa con el puño, la tensión explotando en un suspiro sofocado.
Su mirada vagó por la oficina. El retrato familiar en el estante había sido retirado hacía semanas. Aquella ausencia era un recordatorio constante de un pasado maldito.
Los susurros de la llamada volvieron a su mente, entrelazados con la advertencia velada: alguien cercano la estaba traicionando.
Un frío gélido resonó en sus entrañas.
A cada paso que daba para recuperar su lugar en la familia, más se adentraba en un campo minado de engaños.
Elena encendió un cigarrillo, y el fuego iluminó su rostro con un destello naranja, mostrando los ojos llenos de determinación.
Sabía que debía ir a esa reunión.
Sabía que había una trampa esperando.
Pero, esta vez, estaba armada con la verdad oculta, con las sombras que ahora caminaban a su lado.
Un último mensaje apareció en la pantalla, sin remitente: “Confía en nadie. El lobo está dentro”.
Un golpe seco en la puerta la sobresaltó. El corazón se le encogió, y en sus pupilas se reflejó la silueta desnuda de una amenaza invisible.
Era solo el comienzo.
¿Quién había filtrado la información? ¿Y cuál era el verdadero propósito oculto detrás de esos susurros?
El juego acababa de mutar, y Elena Márquez estaba decidida a no ser la pieza sacrificada en ese tablero venenoso.