NoveliqaEntre Sombras y Tronos: El Juego de los Traicionados / Alianza Peligrosa :0%
Log in

Chapter 7

Alianza Peligrosa

Capítulo 7: Alianza Peligrosa

El humo de los cigarrillos humeaba cansado en la penumbra de aquel reservado que olía a madera añeja y a conspiración. Las luces apenas alcanzaban a rozar las arrugas ya marcadas en el rostro de Eliseo Vargas, un hombre que hacía años fue enemigo de Valeria, pero cuyo poder y recursos eran tan indispensables como peligrosos.

Valeria lo observaba desde el otro lado de la mesa. Su estilo, impecable, no ocultaba la tensión que le apretaba el pecho. El fresco golpe de aire acondicionado rozaba su nuca, pero no lograba enfríar la chispa que se le había encendido en los ojos hacía menos de una hora, cuando recibió el mensaje cifrado que le cambió el rumbo: "Eliseo está dispuesto a negociar".

—No sé cuánto tiempo más pueda seguir en esta danza sin que alguien nos queme el teatro —dijo Eliseo, sin levantar la mirada del vaso con whisky—. Pero tampoco puedo confiar en que tus otros aliados sean fiables. No sin una fianza, ni sin intereses claros.

Valeria le devolvió la mirada con una sonrisa apenas perceptible, ladeada en el borde de sus labios carmesí.

—Entonces, lo que ambos necesitamos es lo mismo: estabilidad. Y la hacemos juntos, señor Vargas.

Eliseo finalmente la miró, su pupila oscura como un pozo profundo y amenazante, cargada de dudas. Y, sin embargo, reconoció en esa mirada el fuego que él también conocía demasiado bien: la necesidad de sobrevivir por encima de cualquier lealtad pasada.

—¿Qué precio tendría esta alianza para ti, Valeria?

La pregunta cayó como un golpe seco que resonó en el pecho de ella. No era una oferta, era una advertencia disfrazada de pregunta. Un recordatorio brutal de que, para traspasar las sombras que los rodeaban, debería entregar parte de su alma.

Valeria tragó saliva, sintiendo cómo el nudo en su garganta se apretaba, afilado y decidido a salir en forma de un grito o de una lágrima. Pero reprimió las dos cosas.

—No soy tan ingenua para pensar que no tendrá un precio —respondió, con la voz firme—. Pero justo porque no quiero pagar con ingenuidad, necesito saber algo primero.

Eliseo ladeó la cabeza, curioso.

—Adelante.

—¿Qué sabes realmente sobre Leonardo? —La pregunta no quedó en el aire, ella la dejó caer con precisión, esperando que cada palabra picara en la carne.

El hombre se inquietó, como si acabara de escuchar un disparo cercano. Su mandíbula se tensa, y la luz eléctrica reflejada en el cristal del vaso interrumpió por un instante sus ojos.

—Leonardo mueve fichas con un peligro que muchos no entienden —dijo, casi en un susurro. Luego negó con la cabeza—. Pero sé algo que tú aún no sabes. Algo que podría cambiar el juego para siempre.

Valeria sintió que el aire se volvía más denso, menos respirable. Instintivamente, apretó los dedos sobre la mesa, intentando apaciguar el temblor que le subía por los brazos. Ese "algo" podía ser su salvación o su condena.

—¿Y me lo dirás?

—Solo si tú aceptas la alianza en serio. Sin medias tintas. Sin desconfianzas disfrazadas.

Ella estrechó los labios. La realidad era brutal: no quedaban hombres iguales, ni blancas ni negras. Solo grises, oscuros y peligrosos, como ese cuarto donde cada palabra era una moneda cargada de muerte.

—Bien —murmuró al fin—. Entonces estamos de acuerdo... por ahora.

En ese instante, la puerta se abrió con un golpe seco que cortó la conversación. Ambas miradas se dirigieron hacia la entrada. Una figura emergió entre las sombras; alta, elegante, con la frente manchada por la luz de la calle que colaba en la habitación.

—Espero no interrumpir nada —dijo la voz profunda de Raúl Medina, una pieza clave del ajedrez que nadie mencionaba en voz alta.

Valeria se levantó casi sin querer, y Eliseo apuró el último sorbo de su whisky con un gesto nervioso. Raúl, que había sido un rival feroz, ahora parecía ser un actor imprescindible en esta obra sangrienta de poder.

—Nada importante —respondió Valeria—. Solo tomándonos decisiones que podrían cambiar el futuro.

Raúl la miró con una sonrisa ladeada que no alcanzaba los ojos.

—Eso espero, Valeria. Porque el futuro de Santoro está peligrosamente cerca de desplomarse... y yo no pienso ser el primero en caer.

La tensión creció en la habitación, cortante, como un alambre de púas invisible que los mantenía a todos atados. El juego de traiciones apenas empezaba. Y en medio de ese infierno, Valeria entendió que su única opción era arriesgarlo todo.

Pero, ¿a qué precio?

Un escalofrío descendió por su espalda al pensar en las sombras que ahora se alzaban a su lado, ocultando una verdad que ni siquiera ella estaba preparada para enfrentar.

En la calle, la ciudad respiraba con un silencio tenso, como si estuviera esperando el estallido que ninguno de ellos podía evitar.

---

[Fin del capítulo 7]