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Chapter 10

Colisión de mundos

Capítulo 10 Colisión de mundos

El latido sordo en el pecho de Elisa no cesaba; cada pulso parecía retumbar en sus oídos, cimentando un temblor que le atravesaba desde el estómago hasta la garganta. La verdad, aquella que había arañado con uñas y dientes, se posaba como un peso tangible sobre sus hombros. A su alrededor, la oficina se mantenía en silencio, salvo por el tic tac insistente del reloj que parecía contar los segundos hacia un destino inminente.

La ciudad entera, una bestia de acero y neón, respiraba al unísono con su incertidumbre mientras ella sostenía el teléfono con firmeza vacilante. Fue entonces cuando una notificación emergió en la pantalla, nítida, inconfundible: una invitación formal a un evento exclusivo bajo el paraguas impersonal del Club Épsilon.

El nombre de Damián Cruz relucía en letras doradas junto al logotipo que parecía devorar la luz de la pantalla.

Sus dedos temblaron. La vida de aquel hombre tenía el perfume metálico y cortante del peligro, pero también la capa opaca de secretos. Y ahora, inesperadamente, ese mundo se acercaba sin tregua al suyo.

—¿Vas a ir? —la voz de Martina, su colega, llegó desde el otro lado del escritorio, atrayéndola de la maraña oscura de pensamientos.

Elisa inhaló hondo, dejando que el aire helado le llenara los pulmones. —No puedo ignorarlo. El lugar, la gente... podría ser la pieza que complete este rompecabezas.

Aquella noche, al llegar al club, la fachada de cristal y acero se alzaba desafiante contra la negrura del cielo. Luces azules y blancas se proyectaban en patrones geométricos que lanzaban destellos crueles sobre los rostros pulidos de los asistentes.

El murmullo constante de conversaciones ceremoniosas era una corriente subterránea de tensión contenida, donde las miradas se cruzaban como cuchillas invisibles.

Elisa se abrió paso entre el público, su vestido negro ceñido absorbía la escasa luz, y sus ojos escrutaban cada perfil, cada gesto, como quien busca una grieta en una máscara.

En un rincón, Damián Cruz hablaba con una mujer cuyas manos delicadas y sonrisa ensayada parecían jugar una función de actuación distinta a la de su interlocutor. La figura irradiaba una calma inquietante, como si llevara bordada en la piel la falsedad aprendida.

El contacto visual de Elisa con Damián fue fugaz pero eléctrico. Una corriente invisible vibró y quebró el aire: sus mundos chocaban, impredecibles, sin preparación.

Alguien la tomó del codo con un tacto firme y helado. Elisa giró y se encontró con Lucas, un viejo amigo de la infancia que había estado ausente años, ahora convertido en un hombre distinto. Su sonrisa era un enigma a medias; sus ojos, un mar revuelto de recuerdos y secretos.

—No esperaba verte aquí —susurró Lucas, la voz cargada de una mezcla de sorpresa y algo más oscuro.

—El mundo es más pequeño de lo que parecía —contestó Elisa, sintiendo que la vieja conexión temblaba en el aire espeso.

Pasaron juntos por corredores adornados con cuadros modernos que parecían insultar la historia opaca que ambos compartían. Lucas, con humor forzado, le habló de los días en que sus caminos se cruzaban sin temor ni secretos. Pero bajo las palabras, algo se ocultaba, algo que agitaba lenta y peligrosamente las aguas del pasado.

Cuando Elisa se volvió hacia él, sus ojos encontraron por fin la verdad: en la mesa principal, una figura en la penumbra observaba con atención, alguien que conocía a ambos, alguien que nunca habría debido estar allí.

—¿Por qué él? —susurró Elisa casi para sí misma, la pregunta vibrando en la punta de sus labios.

Los ojos de Lucas la evitaron por un instante demasiado largo, y en su silencio, una respuesta escurridiza se instaló, helada y definitiva.

El ruido de pasos acercándose cortó el instante. Un hombre vestido de negro, con una mirada de implacable acero, se detuvo junto a ellos con un leve asentimiento.

—Es hora de hablar de lo que verdaderamente importa —dijo, su voz era un filo que cortó la atmósfera con una precisión brutal.

Elisa sintió aquel nudo en el estómago reeditarse, más intenso, más urgente. La pregunta se había deslizado como sombra maliciosa en su mente, creciendo en un susurro ominoso:

¿qué relación oculta unía a Damián con alguien tan cercano a ella, alguien en quien había confiado?

Nunca la respuesta había parecido más cerca ni más peligrosa.

Y en ese instante, la puerta detrás de ellos se abrió lenta, dejando entrar un suspiro frío, una presencia que prometía turbios secretos y decisiones que cambiarían el rumbo para siempre.