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Chapter 7

Alejandro Revela un Motivo

Capítulo 7: Alejandro Revela un Motivo

El eco de las palabras resonaba en la habitación, una lluvia sutil que parecía disolver cada átomo de esperanza en Lucía. La pantalla, ennegrecida y casi agrietada, era un espejo que reflejaba no solo su secreto, sino cada miedo, cada duda que la hundía un poco más.

Sus dedos temblorosos se aferraban al borde del escritorio, clavando las uñas en la madera hasta sentir un punzante dolor que le anclaba a la realidad. La respiración se le había vuelto un hilo quebradizo, el pecho se le oprimía como si un puño invisible apretara sin compasión.

Desde la penumbra, una sombra se deslizaba con la silueta firme y pesada de Alejandro Ríos. Sus pasos resonaban con un ritmo medido, dominador, cada uno un golpe oscuro en el silencio que turba la habitación.

—¿Sabes por qué lo hago, Lucía? —raspó su voz, tan fina como un cuchillo que busca hendir la piel.

Ella alzó la vista, encontrando en sus ojos no la fría crueldad habitual, sino un fuego quemante, un tormento enterrado que parecía corroerlo desde dentro.

—No esperaba que... —su voz se ahogó, traicionada por la sorpresa—. ¿Por qué?

Alejandro se acercó con la lentitud que arrastra una tormenta antes de estallar.

—Porque no eres solo un obstáculo profesional. Para mí, eres la herida abierta que sangra la verdad que juré enterrar.

La habitación se enroscaba en silencio, saturada del peso de esas confesiones. El aire se volvió denso, casi tangible, con el olor rancio del resentimiento y la amargura que impregnaban cada palabra.

Lucía sintió que un temblor recorrió su cuerpo, un escalofrío profundo que no tenía nada que ver con el frío de la habitación. Quiso dar un paso atrás, pero sus pies parecían clavados en la alfombra, como si la gravedad misma conspirara para retenerla en ese instante.

—¿Qué verdad? —preguntó con voz apenas audible, su mirada clavada en la sombra que empezaba a revelar su rostro —. Tú y yo... esto va más allá de la competencia y la venganza.

Alejandro dejó caer un suspiro hondo, casi un gemido reprimido. Las arrugas en su frente se tensaron como mapas de dolor.

—Hace años, antes de que esto se volviera un juego sucio, hubo una promesa rota. Una que me marcó, y me enseñó que el poder es la única verdad que los débiles entienden.

Se acercó tanto que la luz mínima que entraba por la ventana trazaba un perfil de dureza en su semblante, una máscara de hombre herido y guerrero.

—Tú, sin saberlo, llevas la llave que puede abrir esa herida... o enterrarla para siempre.

Un silencio brutal llenó el espacio, solo roto por el latido acelerado de sus corazones que parecían resonar en un mismo compás roto.

Lucía sintió que la ira, la confusión y una curiosa empatía se mezclaban dentro de ella, un cóctel explosivo que podía volcarlo todo. Deseaba gritar, pedir respuestas, pero sus labios estaban sellados por la incertidumbre.

—¿Y qué buscas realmente, Alejandro? —susurró, apenas un hilo de voz que intentaba aferrarse a la razón.

Él la miró fijamente, con una expresión que era tanto desafío como súplica velada.

—Quiero que entiendas que no soy el enemigo que creíste. Soy el hombre que perdió todo por una mentira. Y si sigues en mi camino... esa mentira se convertirá en tu ruina.

De repente, un ruido seco a la puerta paralizó los sentidos. Un golpe sordo, rápido, inesperado. Ambos giraron sus cabezas con un sobresalto que cortó el aire.

—¿Quién está ahí? —preguntó Lucía, su voz ahora firme, rompiendo el hechizo de la confesión.

En el umbral, la figura inesperada de alguien que no debería estar allí apareció, oscureciendo la luz que intentaba filtrar la verdad entre las sombras.

La batalla estaba a punto de cambiar, y ninguna de las promesas rotas estaba lista para sanar.

¿Sería la revelación de Alejandro un cambio en el juego... o el inicio de un juego aún más peligroso?