Chapter 6
### Capítulo 6 El Secreto Amenaza
—¿Quién…? —Lucía sentía las palabras atragantadas, un nudo opresivo retorciéndose en la garganta mientras sus ojos buscaban entre las sombras a quien osara interrumpir aquella tensión vibrante.
La puerta rechinó al abrirse apenas unos centímetros, una rendija entre la luz del pasillo y la penumbra del loft. Una silueta firme se recortó contra la tenue iluminación naranja del corredor.
—Alguien que sabe demasiado, Lucía —dijo la voz, profunda y cargada de una calma peligrosa.
El corazón de Lucía bombeaba con fuerza, una mezcla venenosa de miedo y desafío que la paralizaba y galvanizaba a la vez. Un sudor frío le perlaba la nuca. Respiró hondo intentando anclar sus sentidos, pero la presencia frente a ella era como un pozo de oscuridad que absorbía el aire.
—¿Qué quieres? —su voz, baja y cortante, se abrió paso en la habitación.
El hombre cruzó la puerta con un paso seguro, sus ojos destellando una fría electricidad. Bajo el halo tenue, Lucía atisbó su rostro: mandíbula cincelada, mirada implacable. Alejandro Ríos, pensó fugazmente, aunque su instinto gritaba que no podía ser él... No tan temprano, no así.
—No vine a destruirte… todavía —la frase cayó como un dardo envenenado, enroscándose en el ambiente—. Solo quiero recordarte que no estás sola en este juego.
Lucía retrocedió un paso, el eco de sus tacones contra el suelo de madera era un tambor de guerra. La habitación le parecía más estrecha, como si las paredes respiraran, cerrándose para atraparla.
Su mente se agitaba sin cese. El secreto que ella se había esforzado en enterrar, el hierro candente que guardaba bajo su misma piel, amenazaba con estallar. Y ahora, esta sombra frente a ella, parecía ser la chispa.
—¿Qué sabes? —rogó con un hilo de voz.
Una sonrisa torcida se dibujó en los labios del hombre, nada de amabilidad, todo de amenaza implícita.
—Sé que debajo de esa diseñadora impecable, hay algo que podría derrumbarte. Algo que ni tú quieres recordar.
El aire se tensó en un silencio mortal. Lucía pudo sentir el peso invisible de esos años subterráneos, una historia que nadie debía conocer. Un pasado que la había forjado y degradado en igual medida.
—Si quieres jugar, mejor que sepas las reglas —advirtió él—. Porque cuando ese secreto salga a la luz, la ciudad no se detendrá a escuchar tus excusas.
Con un giro calculado, el hombre camino hacia la salida, dejando tras de sí un frío helado y el eco de una amenaza que no necesitaba más palabras para hacerse tangible.
La puerta se cerró con un golpe que retumbó en el pecho de Lucía, como un elocuente aviso. Ella quedó allí, desarmada, enfrentando la verdad pendiente: ese secreto no era solo un pasado que proteger, era una bomba de tiempo en sus manos.
El teléfono vibró con insistencia, rompiendo el silencio como un látigo. Lucía lo tomó temblando, y en la pantalla parpadeó un mensaje sin remitente:
“Todos tus fantasmas vuelven para reclamarte. Prepárate.”
Sus dedos temblorosos apretaron la pantalla hasta casi quebrarla.
—¿Quién quiere sacar a relucir ese secreto y por qué?
La pregunta no solo flotó en su mente, se clavó como una daga. Entre sombras y promesas rotas, la batalla había comenzado. Y esta vez, no había vuelta atrás.