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Chapter 2

Sombras del Pasado

Capítulo 2 Sombras del Pasado

El eco distante de los tacones de Alejandro se desvanecía entre las luces parpadeantes y la cacofonía artificial del club, pero en el pecho de Lucía, un latido errático se negaba a calmarse.

El aire húmedo rozó su piel cuando se apartó del ruido sofocante, buscando un rincón donde sus pulmones pudieran expandirse sin el peso de mil miradas inquisitivas. El murmullo sordo de la multitud era ahora un telón de fondo lejano, un zumbido monótono a comparación del torbellino que germinaba en su mente.

Sus dedos temblorosos aún sostenían esa copa de vino que ya había perdido el líquido casi por completo. Un sabor amargo se anidó en su lengua, recordándole la imposibilidad de escapar de ese encuentro. Alejandro Ríos: un nombre con filo, con promesas rotas y amenazas veladas.

—¿Lucía? —La voz de Paula, su asistente, la sacó de la vorágine de sus pensamientos.

Lucía volteó, enfrentando a la joven con ojos vidriosos. —Estoy bien —respondió forzando una sonrisa que no llegó a sus ojos.

Pero la verdad era innegable, el peso invisible sobre sus hombros se había intensificado, aplastando cualquier esperanza de tranquilidad.

Retrocedió hasta la terraza, dejando atrás el ruido, el brillo y la falsedad de aquella noche. El frío golpeó su rostro, un alivio momentáneo que le permitió finalmente sacudir la cabeza como intentando desprenderse de una sombra persistente.

Y allí, al filo del abismo, los recuerdos comenzaron a arrastrarla.

*

La voz de su madre, siempre firme, siempre con un matiz de amenaza disfrazado de amor, resonaba en su memoria.

—Lucía, hay cosas que es mejor que olvides. Por tu bien.

Pero el eco de esas palabras sólo le provocaba más preguntas, y sobre todo, más temor.

Había una caja escondida bajo el suelo del viejo estudio, en el departamento que ahora había sido vendido sin aviso. Allí, encerrados, reposaban secretos que nunca debieron salir a la luz: cartas, fotografías borrosas, documentos con nombres y fechas que hablaban de una traición peor que cualquiera de las que podía enfrentar ahora.

Su padre, una sombra silenciosa en esa historia oculta, protegido por paredes de mentiras y omisiones.

Lucía recordó la noche en que encontró una de esas cartas, el sobre arrugado entre sus manos, las líneas escritas con tinta negra indeleble: “Si esto se descubre, todo se derrumbará. No sólo para mí…”

Sintió de nuevo el temblor helado que la recorrió aquella vez, y cómo su corazón se congeló al comprender que su destino y su carrera pendían de un hilo invisible, fino y cortante.

En su bolso, el teléfono vibró, obligándola a regresar al presente.

Un mensaje inesperado. Sin remitente visible, sólo dos palabras que hicieron que su aliento se detuviese por un segundo:

“Sé lo que escondes”.

Un escalofrío recorrió su espalda, una presión en el pecho como si el tiempo se espesara.

¿Quién podía saberlo? ¿Alejandro? ¿O alguien aún más cercano?

Lucía apretó el dispositivo con fuerza, la mandíbula tensa, los ojos clavados en la pantalla iluminada.

No podía permitirse más dudas.

Porque cuando las sombras del pasado emergen, el futuro puede ser devorado sin aviso.

Y nadie, absolutamente nadie, estaba a salvo.

*

La noche se volvió más oscura, y en la distancia, la ciudad seguía latiendo, ciega y ensordecida.

Pero Lucía Márquez sabía que la verdadera amenaza ya respiraba justo detrás de ella.

—¿Quién será el primero en descubrir mi secreto? —murmuró al viento.

Una brisa fría limpió su rostro, pero no pudo limpiar el miedo que crecía, latente, entre las sombras.