Chapter 3
Capítulo 3 Un Vínculo Ancestral
El aire en la caverna parecía vibrar con un eco silencioso, como si las paredes mismas susurraran un lenguaje viejo, olvidado por todos excepto por los que sabían escuchar con el alma. Kieran permanecía inmóvil, el pecho aún agitado, sus ojos oscurecidos por una tormenta interna que nadie más podía ver.
Selene estaba frente a él, con la piel pálida y las manos ligeramente temblorosas, como si su cuerpo no supiera dónde equilibrar la energía que acababa de atravesarla. El silencio entre ellos pesaba más que cualquier palabra no dicha.
—No me había sentido así en… no sé cuánto tiempo —su voz bajita, quebrada, apenas un susurro que parecía más un desafío hacia sí misma que una confesión—. Es como si algo en ti despertara algo ancestral dentro de mí.
Los ojos de Kieran se fijaron en ella con una intensidad que congelaba: esos ojos grises como la tormenta bajo la cual había nacido sostenían secretos antiguos, cadenas invisibles que él llevaba incrustadas en la sangre.
—No estamos aquí por casualidad, Selene —su voz era grave, cuidando cada palabra, como si estuviera desmenuzando tierras movedizas—. Cuando te toco, siento que el tiempo se retuerce. Que todo lo que hemos sido y todo lo que seremos está escrito en un hilo que nos entrelaza más allá de esta vida.
Ella cerró los ojos un instante, dejándose llevar por una corriente invisible que parecía conectar su alma con la suya, algo oscuro y al mismo tiempo inefablemente cálido.
—Hay un nombre, Kieran. Uno que resuena en mí cada vez que lo pronuncio. —Sus labios temblaron—. Thorne.
Las pupilas de Kieran se ensancharon con una mezcla de sorpresa y temor. La palabra flotó en el aire entre ellos, desencadenando una vibración palpable que hizo que las sombras danzaran más frenéticas en la caverna.
De repente, Selene se llevó una mano al pecho, el rostro abruptamente pálido, los ojos entreabiertos que buscaban sostén en el vacío. El mareo la golpeó con una fuerza brutal, un vértigo tan profundo que casi la derriba.
—K… Kieran... —su voz apenas un hilo—. No sé qué está pasando. Algo... algo me duele aquí.
Kieran se lanzó hacia ella, atrapándola antes de que sus piernas cedieran del todo. La tensión en sus músculos se desvaneció solo al tocar su piel. Pero había algo más, una presión invisible presionando en su interior, una conexión tan fuerte que parecía arder, un fuego antiguo despertando de un sueño mortal.
—Respira, Selene. Estoy aquí. No dejaré que te pase nada. —Su voz, tan firme como el acero, era una protección en sí misma. Pero en lo profundo de sus ojos, una sombra de miedo se había instalado—. Ese nombre… Thorne. No es solo un apellido.
Ella buscó su mirada, confusa y vulnerable.
—Entonces, ¿qué soy yo para ti? ¿Por qué ese nombre me hace esto? —Su pregunta era un puñal envuelto en seda.
Kieran se tomó un momento para responder, como si esa respuesta fuera la llave que podía abrir un abismo o sellar un destino.
—Lo que eres… es más que tú misma. Selene, tienes una sangre que conecta con la mía, un lazo que trasciende generaciones y que ni siquiera la oscuridad que me persigue puede romper. Somos parte de un legado, de una historia marcada por la luna, la selva y la guerra.
Ella parpadeó, intentando aferrarse a ese último pensamiento a través del mareo creciente.
—¿Un legado? ¿Qué clase de historia?
Antes de que Kieran pudiera responder, un sonido distante resonó, un ulular que se mezclaba con el viento cortante de la montaña. Instintivamente, sus cuerpos se tensaron al unísono, como si un enemigo invisible acechara en la penumbra, recordándoles que no estaban solos ni a salvo.
Selene volvió a cerrar los ojos, y por un instante, el velo entre su mente y algo más profundo se rasgó. Paisajes, voces, miradas de otras épocas atravesaron su consciencia: lobos que aullaban bajo una luna sangrienta, manos entrelazadas en un pacto sellado con sangre, y un juramento quebrado que clamaba justicia.
Al abrirlos, su voz temblaba pero contenía una verdad irrebatible:
—Esto no es casualidad. Lo que nos une… es tan antiguo como la selva misma.
Kieran la cubrió con un brazo, como si protegiera no solo su cuerpo sino el alma que recién comenzaba a entender que vivía atrapada entre dos mundos.
—Debemos descubrir qué significa ese vínculo, antes de que Rael se dé cuenta y use esa conexión en nuestra contra. Porque algo me dice que la sombra que proyecta no se detendrá ante nada para rompernos. —Su ceño fruncido, la mandíbula tensa, revelaban una determinación férrea, pero sus ojos traicionaban la profundidad de lo que estaba en juego—. Si fallamos, no solo perderé a mi manada. Perderé a ti.
El peso de esas palabras cayó entre ellos como un yunque. Selene sintió que el mareo aumentaba, y entonces, en medio de la quietud que se había instalado, su respiración se volvió entrecortada y un sudor frío comenzó a deslizarse por su sien.
—Kieran... otra vez... ese nombre… —tragó saliva con dificultad— me duele, pero no es solo físico. Es como si cada vez que lo digo, algo en mí se rompiera y se volviera a armar al mismo tiempo.
Frente a ese enigma, el Alfa se abrazó a una certeza: no tendrían más tiempo para respuestas superficiales o medias verdades.
—Prometo que encontraremos la verdad, Selene. Pero primero, deja que te ayude. —Su voz bajó a un susurro urgente, mientras sus dedos suaves y seguros tanteaban el pulso contra la vena del cuello de ella—. Siente mi ritmo... siente que somos uno, porque en ese latido está la clave para salvarnos.
Mientras sus cuerpos se rozaban en esa danza de fuerzas invisibles, una corriente invisible pero poderosa empezó a recorrerlos, como un puente entre siglos de silencios rotos y verdades ocultas.
Pero justo cuando el vínculo parecía consolidarse, un nuevo estremecimiento sacudió a Selene. Cerró los ojos con fuerza y sus labios se curvaron en una mueca desesperada.
—No… no puedo… —susurró, antes de que su cuerpo se relajara en un abandono súbito que la hizo estar a un hilo, pendiendo entre la conciencia y un abismo desconocido.
Kieran la sostuvo con fuerza, incapaz de dejar que se desvaneciera ahora que el misterio comenzaba a revelar su rostro más terrible y fascinante.
Entre lobos y destinos sellados, sólo un vínculo ancestral podría salvarlos... o condenarlos para siempre.
Un golpe sordo y prolongado resonó en el aire fuera de la caverna.
Kieran alzó la vista de inmediato, los sentidos en alerta. Pero Selene no parecía poder responder, atrapada en un trance oscuro del que él no sabía si podría rescatarla.
El nombre Thorne pendía como una condena, y el verdadero peligro, la verdadera batalla, apenas comenzaba a desvelarse.