NoveliqaEntre Lobos y Destinos Sellados / Verdades a Media Luz :0%
Log in

Chapter 15

Verdades a Media Luz

Capítulo 15 Verdades a Media Luz

El silencio en la habitación era un peso denso, casi tangible, que ahogaba todo intento de respiración normal. Kieran permanecía inmóvil, los dedos prensados contra la pared mojada donde la última luz de esperanza se había quebrado. La humedad de la piedra parecía filtrarse en sus huesos, como si la noche misma estuviera deshaciéndolo desde adentro.

Sus ojos, antes brillantes con la determinación de un alfa seguro, se habían quedado opacos, vacíos, desgarrados por un dolor que no encontraba consuelo.

—Tantas mentiras... —susurró una voz temblorosa en la penumbra.

Volvió la cabeza al sonido y la vio: Selene, acunada entre las sombras, con los ojos encendidos por la tormenta que bullía dentro de ella. Sus dedos apretaban un trozo de tela arrugado, sudor en la frente, la respiración entrecortada.

Kieran ladeó el rostro, buscando en ella algún refugio. —¿Por qué ahora? —la voz le quebró al pronunciarlo, como si cada palabra fuera un filo que se clavara más profundo—. ¿Por qué me revelas esto cuando todo está por romperse?

Selene se levantó lentamente, la luz mortecina rozando apenas las líneas de su rostro cansado pero firme.

—Porque no puedo seguir escondiendo la verdad, Kieran. No después de lo que sucedió en el claro del bosque... y no cuando Rael ha movido sus fichas, sembrando sombras dentro de la manada.

Sus palabras caían como cuchillas: filosas, precisas, imposibles de ignorar.

Kieran dio un paso hacia ella, sus ojos buscando aquello que había creído firme, aunque ahora se cimentara sobre arenas movedizas.

—Dime lo que sabes. Todo. —Su voz no admitía réplica, pero una parte profunda de él ansiaba que aquella mujer que había sido su calma y su tormenta le prometiera un camino más allá del abismo.

Selene exhaló un suspiro que parecía cargar el peso de años enteros. Con manos temblorosas, le extendió un sobre grueso, amarillento por el tiempo, sellado con un cera que aún conservaba el emblema de la manada, pero de un diseño antiguo, olvidado incluso por la mayoría.

—Lo encontré en las cámaras ocultas bajo la vieja roca —dijo, sus dedos temblando al entregárselo—. Nunca pensé que saldría a la luz, ni siquiera Rael lo sabía.

Kieran rompió el sello con torpeza, como si cada fragmento roto fuera la fractura de su propio alma. Al desplegar la carta, las palabras parecieron flotar en la penumbra, candentes y traicioneras.

“Mi querido hermano…”, comenzó el texto, la caligrafía antigua trazada con delicadeza pero cargada de un secreto fatídico.

Sus ojos consumían cada línea: revelaciones sobre la verdadera sangre que corría en sus venas, alianzas selladas en secreto con otra manada, y la verdad más difícil de enfrentar: su destino no era solo proteger a esta manada.

—¿Qué demonios —masculló Kieran entre dientes— significa todo esto?

Selene se acercó, la sombra bailando en sus ojos. —Significa que la lealtad que creías inquebrantable está teñida de mentiras. Que tu linaje es más complejo, más... dividido. Que Rael no solo conspira contra ti, sino contra lo que tú representas.

Un frío intenso bajó como una ola helada a través del cuerpo de Kieran. Las viejas costuras del mundo en el que había creído comenzaron a deshilacharse, dejando al descubierto grietas que nunca había imaginado.

—Pero hay más, —continuó Selene, su voz casi un susurro—. Hay algo aquí que puede cambiar el destino de todos.

Sacó de entre sus ropas un pequeño amuleto, tallado en piedra lunar, con inscripciones que brillaban con un fulgor espectral bajo la luz tenue.

—Este símbolo… es la llave que podría unir todas las manadas o destruirlas para siempre.

Kieran respiró hondo, luchando contra el vértigo que le envolvía. El peso de la verdad era aplastante, pero en su interior algo latía con urgencia: una chispa de desafío, de lucha desesperada por mantener el equilibrio antes de que todo se desplomara.

Sus dedos apretaron el amuleto con fuerza, mientras la mirada se endurecía.

—Si esto es cierto, Selene... no solo está en juego mi liderazgo o la seguridad de la manada. Está en juego el futuro.

Un ruido seco los sobresaltó. La puerta alzó un eco de golpe contra la pared, como si alguien hubiera dejado caer un objeto pesado.

Ambos se giraron al unísono, la oscuridad del corredor extendiéndose como una sombra voraz.

Una carta vieja en el suelo, que hasta entonces no habían notado, reposaba entre las sombras.

Kieran se agachó, reconociendo el sello roto y la caligrafía áspera. Era otra pieza que encajaba en el rompecabezas, pero peor, el sobre llevaba la marca intacta de Rael.

La lucha interna crepitaba en su mirada mientras deslizaba el sobre con nerviosismo, dudando si debía abrirlo o destruirlo.

Selene, respirando apenas, susurró: —Esto... esto puede cambiarlo todo.

Y entonces, cuando Kieran rozó el borde abierto de aquella tercera carta, un golpe feroz estremeció la puerta principal.

La selva nocturna rugió detrás de los muros, pero era un ruido distinto: un presagio, una amenaza que no venía desde lo salvaje, sino desde el corazón mismo de la traición.

El velo de la noche empezó a descorrer verdades que nunca, jamás, deberían haber sido susurradas a media luz.

Y en el abismo de dudas y secretos, Kieran supo que la sola decisión de abrir esa carta era el filo más peligroso de todos.