Chapter 14
Capítulo 14 El Rescate Imposible
La niebla envolvía todo con un manto gélido, casi vivo, que parecía aspirar el aire de los pulmones. Kieran estaba clavado al borde del acantilado desde donde había logrado vislumbrar, a ratos entre las opacas veladuras, la figura de Selene. Su respiración era un jadeo ahogado que temblaba entre el frío y el fuego acerado de la desesperación. La luna, aunque tibia, no alcanzaba a calentar la piel que sentía ensangrentada por la distancia y el dolor.
Sus punzadas en el pecho le recordaban que aún estaba vivo, pero no podía confiar en ese latido. No mientras Selene aguardaba cautiva, encerrada en aquel bastión enemigo que se elevaba como una bestia pétrea entre los árboles torcidos.
—Kieran... —la voz quebrada de Maela apareció a su lado, un susurro lanzado como un espejismo de esperanza y miedo—. No podemos esperar más. Si no entramos ahora, la pierdes para siempre.
El Alfa giró con brusquedad, clavando en ella una mirada feroz, cargada de un incendio contenido.
—Lo sé —escupió él—. Tengo un plan. Pero cada segundo cuenta y no podemos equivocarnos. Rael no nos dejará pasar sin un precio.
Maela le tendió la mano, y con un leve temblor, Kieran la tomó. El calor de ese gesto, pequeño y callado, fue un ancla contra el caos que se desataba dentro de él.
Con sigilo, descendieron a través de un serpentear de ramas retorcidas hacia un sendero que apenas se dejaba trazar entre la espesura. Los pasos se hicieron suaves, casi sin aliento, mientras los susurros del bosque parecían resonar con ecos de advertencia ancestral. Cada sombra podía ser un vigía, cada crujido, el preludio de muerte.
Llegaron a una grieta en la muralla, apenas más que un ojo entre los muros de piedra cubiertos de musgo y sangre seca. Sin embargo, Kieran sabía que la parte más vulnerable estaba custodiada por los ojos hambrientos de los guerreros enemigos.
—Aquí mismo —murmuró, acercándose al muro cubierto de hiedra—. Un túnel secreto que solíamos usar en tiempos de guerra. Solo que ahora está custodiado por un método implacable: el veneno de la negraluna.
Una vez dentro, el estómago de Kieran se revolvió al confirmar lo que temía. El aire era denso, saturado con ese olor metálico tan característico del antídoto letal que Rael había implantado como barrera. Incluso respirar dolía.
Con una mezcla de coraje y urgencia, Kieran se adelantó, enmudeciendo cada pensamiento que parloteaba el temor. Solo la visión de Selene, perdida entre barrotes y desesperanza, impulsaba sus músculos y disparaba su pulso.
Pero entonces, un sonido forzó su atención: un leve rastro de pasos detrás de ellos, demasiado cuidadosos para ser simples sombras aún en la penumbra permanente del túnel.
—Detente —la voz era un susurro rasposo, desgarrador, pero con un filo helado que cortaba más que cualquier cuchilla—. Creías que esto era solo un rescate desesperado, Kieran.
El corazón del Alfa dio un vuelco brutal cuando reconoció ese tono, esa intención retorcida.
—¿Rael? —su voz fue un hilo ahogado entre la confusión y el odio—. ¿Traición...? ¿Otra vez?
Del abrigo oscuro emergió una figura conocida, y con ella, la promesa de un desastre anunciado.
Sin mediar palabra, y con la rapidez del que ha jugado con el destino hasta desgastarlo, Rael alzó su mano.
Detrás de Kieran, Maela jadeó al recibir el impacto de un dardo envenenado que la hizo desplomarse con un grito ahogado. El túnel, que había sido un pasillo de esperanza, se tornó en una trampa rodeada de silencio mortal.
Una sombra más se acercó, bloqueando la salida en un gesto definitivo. La traición no solo era un golpe; era la cadena que ataba la libertad antes soñada.
Kieran sintió que el aire se le escapaba entre los dedos, entre gruñidos sordos y juramentos quebrados.
—Esta vez, Alfa —susurró Rael con un desprecio que ardía como carbón encendido—, no habrá rescate, no habrá manada ni destino sin mí.
Y en ese instante, la última luz de esperanza se quebró contra la pared húmeda mientras la noche tragaba sus espíritus.
Un horizonte de sombras se cerraba, tan mortal como la promesa de la traición que acababa de descubrir.