Chapter 5
Capítulo 5 Una inesperada alianza
La habitación se tensó como un resorte a punto de romperse. Isabela sintió el aire congelarse en sus pulmones, cada latido retumbando en sus oídos como un tambor de guerra. El rostro inesperado, esa sombra pasada de su historia, parecía absorber la luz, dejando un vacío gélido que se colaba por las rendijas de su mente.
—¿Por qué ahora? —le escapó un susurro, la voz quebrada, atravesada por la incredulidad.
Adrián Montoya dio un paso dentro del salón, la luz dibujando sus facciones angulosas, implacables. No buscaba explicaciones, sino una rendición. Pero algo en su mirada, esa mezcla turbulenta de furia y dolor, hizo que Isabela clavara las uñas en la mesa. No podía rendirse. No aún.
—No estoy aquí para pelear contigo —dijo él, con una voz más suave, forzosamente contenida—. Esto va más allá de nosotros.
Isabela frunció el ceño, cada músculo de su cuerpo apretándose con una extraña mezcla de desafío y miedo.
—¿Ahora esperaba formar equipo conmigo? Después de todo lo que... —su garganta se cerró, la rabia pura hirviendo bajo su piel—. No me interesa escuchar excusas, Adrián.
Pero sus palabras se estancaron cuando él sacó un sobre envejecido, con una caligrafía antigua que le erizaba la piel.
Lo dejó caer sobre la mesa con un golpe sordo, capturando su mirada.
—Esto cambia todo.
Isabela extendió la mano temblorosa hacia el sobre, el tacto áspero del papel rozando sus dedos. Un zumbido sordo palpitaba en sus oídos. Lo abrió con cuidado, dejando salir un olor rancio a tiempo olvidado y secretos podridos.
Dentro, fotografías y documentos subrayados con notas al margen.
—¿Qué es esto? —su voz apenas un hilo de aire.
—La verdad de quién está detrás de la ruina de tu empresa —contestó Adrián, fijándola con intensidad—. No soy yo. Y tampoco eres tú. Nos usan como piezas en un juego mucho más oscuro.
Una risa amarga brotó de Isabela, mezclada con incredulidad y cansancio.
—¿Y tú quieres que te crea? Después de todo lo que nos hemos hecho...
—No es cuestión de creer, es cuestión de sobrevivir. Y eso sólo lo haremos juntos —dijo él, cruzando los brazos, dispuesto a convicción.
Un oleaje inesperado de precaución y una chispa débil de esperanza la envolvieron.
—Entonces, ¿qué propones? —su mirada desafiante se encontró con la suya.
Adrián se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Una alianza. Busquemos las piezas que faltan. Descubramos quién nos quiere hundir, y por qué.
Un silencio denso cayó sobre la habitación. Los dos, enemigos declarados hasta hace horas, ahora conversaban como aliados improbables.
Un ruido sordo en la puerta los sobresaltó.
Isabela giró la mirada justo cuando un hombre apareció en el umbral. Cabello canoso, ojos penetrantes y una confianza contenida. Al verlo, el corazón de Isabela se detuvo.
Era alguien de su pasado… alguien que creía que había desaparecido para siempre.
—Yo soy quien tiene información precisa —dijo, con voz firme—. Y no tengo tiempo que perder.
Ambos, Isabela y Adrián, se quedaron paralizados mientras las sombras del pasado se mezclaban con los secretos que acababan de empezar a descubrir.
La alianza, ahora tejida con hilos invisibles de urgencia y traición, estaba a punto de enfrentar su prueba más peligrosa.
Unidos no por confianza, sino por la amenaza que se cernía sobre ellos de un enemigo oculto y sin piedad.
Un enemigo que ya conocía sus movimientos, sus miedos... y sus secretos.