NoveliqaEl Último Baile en la Mansión Blackwood / La Búsqueda del Móvil :0%
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Chapter 13

La Búsqueda del Móvil

Capítulo 13: La Búsqueda del Móvil

La oscuridad se aferraba a cada rincón de la biblioteca como un manto húmedo. Las sombras bailaban al ritmo errático de la luz que trataba de colarse bajo la puerta, insuficiente para disipar la negrura que Valeria sentía aplastándola contra el pecho.

Un escalofrío heló la coraza que había construido con tanto empeño. El aire sabía a encierro, a secretos no confesados, como si la mansión misma respirara con un pulso lento, casi macabro. El leve aroma a cera de vela mezclado con un tinte rancio a papel viejo le revolvía el estómago.

Valeria vaciló un instante antes de abandonar su refugio improvisado tras el estante. El silencio era ahora un arma punzante, cada crujido de madera un estrépito. Avanzó con cautela, sus dedos rozando los lomos polvorientos hasta que su mirada se posó en la antigua mesa sobre la que había caído el tomo negro, abierto en la página que relataba los orígenes de la dinastía Blackwood.

Un golpe seco resonó detrás de ella. Su cuerpo se tensó, tanto que le dolió la nuca. El corazón, ya acelerado, martillaba con fuerza contra sus costillas, como queriendo desbocarse. No había nada más que la penumbra y el susurro lejano del viento colándose entre las rendijas.

—¿Valeria? —una voz ronca y controlada quebró la quietud, haciendo que ella diera un salto y se quedara paralizada con la respiración contenida en la garganta.

Sebastián Blackwood emergió de la sombra, su figura amenazante recortada contra el semioscuridad del corredor. Su mirada, afilada como cuchilla, la atravesaba sin misericordia.

—No esperaba encontrarte aquí tan tarde —dijo, con un desprecio apenas disimulado—. ¿Buscando más secretos para incriminarme?

Ella enderezó la espalda, el rostro iluminado por un fuego interno. El miedo se transformaba en desafío.

—Busco la verdad, Sebastián. Y tus secretos son el único camino.

Un destello fugaz de ira cruzó por sus ojos antes de que sonriera con cinismo.

—La verdad es relativa cuando se tienen tanto que proteger —susurró, dando un paso hacia ella.

Valeria retrocedió, su mente corriendo a mil por hora. Había demasiadas piezas encajando en el rompecabezas, pero todas apuntaban a algo más profundo, algo más oscuro que un simple ajuste de cuentas.

—Tu familia tiene aliados poderosos —dijo en voz baja—. ¿Crees que alguien dejará que la verdad salga a la luz sin luchar?

Sebastián se rio, un sonido áspero que resonó contra las paredes.

—No soy el único con razones para ocultar la verdad. Pregúntate quién más se beneficia con este caos.

La tensión creció como una tormenta inminente. Valeria quiso preguntar más, escarbar, pero un ruido desde la planta superior la arrancó de su concentración. Sebastián se dio la vuelta con rapidez, sus pasos largos y seguros alejándose.

—Esto no ha terminado —advirtió antes de desaparecer en la oscuridad.

Valeria se quedó sola, con el eco de sus palabras mezclándose con la tormenta que empezaba a gestarse en su interior.

Sin perder tiempo, subió las escaleras de mármol, sus tacones haciendo resonar un tambor de urgencia en el silencio. Había prometido desentrañar este misterio, y cada minuto contaba.

En el despacho del patriarca, la luz se filtraba apenas a través de las cortinas pesadas. La mesa estaba cubierta de documentos, pero su mirada se posó en la pantalla apagada de una vieja laptop que descansaba abandonada en un rincón. La tocó con la yema de los dedos, fría como el acero.

—Aquí es donde comienza todo —se dijo.

Con dedos temblorosos, conectó la batería externa y pulsó el botón de encendido. El sistema tardó en arrancar, cargando un escritorio minimalista que mostraba un único archivo marcado con la palabra "Confidencial".

El corazón de Valeria se aceleró ante la posibilidad.

Mientras navegaba los documentos, una trama empezaba a revelarse: transferencias financieras voluminosas, cuentas offshore, nombres ocultos tras redes de empresas fantasmas. Cada cifra se convertía en un susurro de codicia, cada movimiento en una danza macabra de intereses cruzados.

Un correo electrónico anotado al margen llamó su atención: una petición para desviar fondos hacia una cuenta no registrada, bajo un alias que parecía imposible de rastrear.

El dedo de Valeria tembló cuando hizo clic y los detalles se desplegaron: destinatario, cantidad, fechas... Hasta que una cuenta bancaria emergió del anonimato.

Su nombre la dejó paralizada por un segundo: una cuenta secreta vinculada directamente a Sebastián Blackwood, oculta bajo una capa de identidades ficticias, un refugio oscuro para dinero cuyo origen nadie debía conocer.

Un suspiro escapó quebrado de sus labios mientras su mente trabajaba frenéticamente, enlazando el dinero con las motivaciones. ¿Era esa la pista que necesitaba?

De repente, un sonido seco la sobresaltó. Detrás de ella, la puerta se cerró de golpe.

—Pensaste que podrías jugar en mi territorio sin consecuencias —una voz fría, cargada de amenaza—. Pero la verdad tiene un precio.

La luz vaciló, y en ese instante supo que estaba en peligro.

Y que la verdad, ahora, era su única arma y su condena.

Fin del capítulo 13