Chapter 1
**Capítulo 1 Una Invitación Inesperada**
La lluvia tamborileaba en el cristal de la ventana como un reloj implacable, marcando los segundos en aquella habitación estrecha y desordenada. Valeria Torres estaba encorvada sobre un escritorio de madera gastada, donde una luz amarilla desenfocaba los papeles apilados. La atmósfera apestaba a café rancio y tinta, mezclado con un leve olor a tabaco viejo. Sus dedos temblorosos repasaban una fotografía ajada, el rostro borroso de un hombre y una mujer que juraba haber visto antes, aunque no recordaba dónde.
Un zumbido en el teléfono rompió el silencio. Valeria alargó la mano, sin apartar la mirada de la foto, la vista borrosa por la fatiga, con una sombra de ansiedad clavada en el pecho.
—¿Hola? —su voz era ronca, como si no la usara en días—.
Del otro lado, un tono seco, calculador, impecablemente cortado:
—Señora Torres, le hablo en nombre del señor Sebastián Blackwood. Tiene usted una invitación.
El nombre golpeó sus oídos como un puñetazo envuelto en terciopelo. Sebastián Blackwood: sinónimo de poder absoluto y corrupción disfrazada de prestigio, dueño de la mansión en las afueras, aquel lugar donde se tejen secretos que podrían hundir a más de uno. Lo último con lo que esperaba cruzarse.
—¿Qué clase de invitación? —preguntó, la garganta áspera, mientras su mente giraba en mil direcciones.
—Una oportunidad para limpiar su... reputación —la voz se hizo un poco más insistente—. Una fiesta privada esta noche. Solo invitados exclusivos. Será mejor que considere asistir.
El teléfono se volvió a quedar quieto, dejando la promesa suspensa en el aire. Valeria colgó sin decir nada más, apoyando la cabeza contra la pared. Su corazón latía con un ritmo errático, una mezcla de miedo y adrenalina. Esa era la pieza que necesitaba. Esta vez, no podía fallar.
Ajetreada, agarró su gabardina negra con bolsillos secretos, desde donde nunca faltaban su grabadora y el pequeño visor digital. Cada paso resonaba contra las baldosas mientras salía de aquel cubículo. La ciudad parecía latir con una frialdad distante, pero la lluvia parecía limpiar cualquier vestigio de compasión.
Al caer la noche, la mansión Blackwood emergió entre la niebla y las luces tenues como un monstruo dormido. Sus ventanas reflejaban la tormenta, y la madera tallada combinaba con la piedra antigua, mostrando un lujo decadente, casi siniestro.
Valeria se detuvo frente a las puertas principales. El eco de sus tacones se mezclaba con el murmullo lejano de la fiesta dentro. Su pulso se aceleró, y el frío cortante le caló hasta los huesos.
Entonces lo vio. Una sombra. Una figura encorvada, con un abrigo largo y un sombrero que ocultaba el rostro. Permanecía quieta en una esquina oscura, sin entrar, como si vigilara o aguardara algo, o a alguien.
Los ojos de Valeria se estrecharon mientras apretaba los puños, sintiendo el peso de todas las preguntas suspendidas. Un escalofrío recorrió su columna al darse cuenta que ese encuentro no sería solo una invitación, sino el inicio de un duelo donde la verdad podría costarle todo.
El susurro de la puerta principal al abrirse detrás de ella resonó con un portazo seco… y la figura desapareció en un instante.
Valeria respiró hondo. La noche solo estaba comenzando.