NoveliqaEl Renacer del Genio Caído: La Venganza de Klandan / Regreso a la Academia :0%
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Chapter 6

Regreso a la Academia

Capítulo 6: Regreso a la Academia

El eco del estallido parecía rebotar aún en sus oídos, aunque la gran plaza ya había caído en un silencio sepulcral, apenas roto por los murmullos ahogados de los presentes. Klandan se mantuvo inmóvil, con la capa negra ceñida fuertemente sobre sus hombros, la sombra de su capucha apenas permitiendo adivinar la tensión mordaz en sus ojos. El frío de la noche se colaba sin piedad entre las columnas de piedra, pero no era ese el frío que le helaba la sangre: era la certeza palpable de que la tormenta apenas comenzaba.

La señal apocalíptica que había dejado flotando en el cielo, danzando con heridas de luz arcana, era más que un desafío abierto al imperio. Era un aviso, una promesa enterrada en llamas heladas. Su regreso ya no era un susurro ni una amenaza velada. Era un rugido que podía escucharse en cada rincón de la academia que tantas promesas rotas le había acunado.

Sin tiempo para celebraciones ni dudas, Klandan se volvió, sus pasos resonando con eco metálico en las calles empedradas. La academia esperaba, altiva e imponente, como una fortaleza que había abrazado sus secretos más oscuros durante décadas. El lugar donde el Maestro Arvid Thalor sostenía su trono de poder, sin sospechar el veneno que había sembrado a su alrededor.

Cada piedra, cada puerta pendía ahora de un hilo invisible a la vista común, pero presente para aquellos que, como Klandan, habían conocido la verdadera esencia de la magia. Él había aprendido a leer esos hilos, a usarlos como armas silenciosas en su infiltración.

El primer obstáculo llegó rápido. Dos guardianes en armadura negra, ojos afilados como dagas, bloqueaban la entrada principal con rostros inmutables. Sin embargo, Klandan sabía que la fuerza bruta no bastaría. Movió con rapidez un dedo, trazando en el aire una runa escondida, un susurro antiguo que extraía la luz de la antorcha cercana y la desterraba, sumergiendo la puerta en una penumbra casi total.

Un parpadeo, y las sombras se plegaron como cortinas ante sus pies. Avanzó sin hacer ruido, absorbido por la oscuridad que enmudecía la respiración de sus enemigos. Un movimiento sutil bastó para que, sin un solo quejido, los dos guardianes fueran envueltos en un sueño profundo, sus cuerpos desplomándose lentamente sobre el frío mármol.

—Bienvenido de nuevo, Klandan —musitó una voz rasposa desde el umbral de uno de los pasillos laterales—. Pensé que te habían desvanecido para siempre.

Klandan sintió cómo el corazón le daba un vuelco, una mezcla de sorpresa y cautela. Allí, en las sombras que abrazaban las viejas paredes, estaba Caelia, su antigua discípula, cuyos ojos desprendían un fuego dulcemente contenido.

—Caelia —respondió con una sonrisa seca—. No pretendía hacer un regreso tan público, pero… parece que las circunstancias mandaron.

Ella avanzó, la luz débil de un farolillo revolviendo el polvo suspendido en el aire. Su expresión era una mezcla indecisa entre miedo y determinación, una mujer que había visto demasiado pero todavía elegía la esperanza.

—Arvid Thalor ya sabe que has vuelto. Busca someterte, destruir cualquier brazal que sostenga tu nombre vivo.

—Entonces nuestro tiempo es limitado —replicó Klandan, apretando los puños—. Pero saber que aún hay aliados dentro de la bestia… es buena fortuna.

Los pasillos parecieron cerrarse tras ellos, la academia entera vibrando en torno a ese silencio tenso, cargado de secretos.

—Te mostraré un camino —prometió Caelia—. Hay mapas ocultos, pasajes que ni el mismo Arvid conoce. Si quieres confrontarlo sin perder lo que queda de tu vida, deberás escucharlos.

Llegaron entonces a una pared lisa donde, como por arte de magia, una sección entera se deslizó hacia un lado, revelando una escalera estrecha y angosta que descendía hacia los cimientos olvidados del edificio.

Klandan bajó con paso firme, sintiendo la humedad en la piedra recompensada por el eco lejano de voces y susurros, pasos ajenos, miradas invisibles.

Nunca había pensado que regresaría a ese lugar, y menos de esa forma: como intruso y fugitivo, pero no sin esperanza.

Al final del descenso, una pequeña estancia iluminaba con destellos la creciente tensión. En ella se hallaban varios rostros: algunos jóvenes que aún no mostraban la corrupción de la academia; otros mayores, con cicatrices visibles y secretos detrás de sus pupilas.

—Aquí —susurró Caelia—, no todos te odian.

Klandan cruzó la mirada con cada uno, leyendo en ellos la mezcla de miedo, duda y una chispa de rebelión.

Pero antes de poder preguntar, un movimiento súbito se escuchó en el pasillo exterior, pasos apresurados que se acercaban con urgencia.

—¡Nos han descubierto! —exclamó uno de los jóvenes—. Los vigilan desde hace días, meses… están preparando algo contra ti.

La atmósfera palpitaba con una electricidad aguda, la tensión rozando su piel como la garra invisible de una bestia acechando en la oscuridad.

Klandan miró a Caelia, quien asintió con firmeza.

—No tenemos tiempo. Debemos decidir ahora: ¿luchamos para derribar a Arvid en su propio palacio, o escapamos y reconstruimos fuera del alcance de sus espías?

El destino de su venganza pendía de un hilo más delgado que el brillo de una esfera mágica.

Pero antes que pudiera responder, un sonido que ningún de ellos esperaba rompió el silencio: un golpe seco y resonante en la enorme puerta de hierro que cerraba aquella cripta secreta.

Las miradas se cruzaron, la realidad se impuso con furia cruel.

La confrontación había comenzado.

Klandan respiró hondo. Sabía que este regreso a la academia sería solo el principio de una lucha donde nada ni nadie volvería a ser lo mismo.

Y, por primera vez en años, entendió que la batalla por su nombre y el futuro del imperio llevaba tramas aún más complejas de lo que había imaginado.

Una voz desde la penumbra murmuró con ironía el nombre que llevaba tatuado como maldición y destino:

—El genio caído, Klandan Elyr Voss… parece que no estás tan solo después de todo.

La puerta crujió otra vez bajo golpes insistentes, y el silencio se inundó en un mar de amenaza imparable.

El renacer de Klandan había comenzado. Pero para sobrevivir, necesitaría aliados invisibles en los rincones más profundos de la academia.

Y el tiempo… el tiempo estaba en su contra.

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¿Quién estaba en la sombra que los observaba? ¿Cuántos más dentro de la academia desafiaban el poder absoluto del Maestro Arvid?

El aire se volvió denso, la promesa de fuego y traición más palpable que nunca.