Chapter 2
### Capítulo 2 Sombras del Pasado
El pergamino yacía arrugado sobre el empedrado húmedo, sus bordes gastados por el tiempo, absorbido ahora en la penumbra de la noche. Klandan se detuvo un instante, la lluvia ensuciando su capa rota, colgando como un sudario a su alrededor. La bruma del atardecer se espesaba a su alrededor, los faroles del puerto lanzaban destellos amarillentos que temblaban con el viento frío.
Sus dedos temblorosos, aún vibrando por la rabia contenida, se agacharon para tomarlo con delicadeza. La tinta invisible parecía presionar bajo la piel de sus palmas, como si el papel estuviera vivo, exhalando un misterio antiguo.
— ¿Quién... —musitó, apenas un suspiro entre los pétalos de lluvia—. ¿Qué quieres decirme?
No había respuesta, solo el rumor constante del agua golpeando sobre las piedras y el eco lejano de las gaviotas que graznaban como fantasmas famélicos.
Sus manos sacaron un pequeño frasco de cristal oscuro, con un líquido plateado en su interior: esencia de lúmina. Un par de gotas se deslizaron sobre el pergamino. De repente, las palabras reveladas brillaron con un resplandor tenue, como antiguos secretos despertando de su letargo.
"Los hilos de tu caída se tejen donde tu confianza murió."
Klandan frunció el ceño, el frío arañándole la nuca. No había nombres ni fechas, sólo esa frase críptica. Pero su significado era claro: alguien muy cercano había movido los hilos para destruirlo.
—¿Quién...? —repitió en voz baja, el eco destilando amargura.
Sus pensamientos se agolpaban como relámpagos en tormenta. Sus antiguos alumnos, sus camaradas de la Academia de Magia Suprema... ¿Quién en verdad lo había traicionado? ¿Arvid? ¿O acaso había peones invisibles moviéndose en sus sombras, ocultos tras sonrisas falsas?
La lluvia aumentó, mojando sus cabellos oscuros y su barba descuidada, fría y cortante como un cuchillo enterrado bajo la piel. Un aroma a humedad y tierra mojada le recordó su aislamiento en aquel punto olvidado del reino, lejos de las luces deslumbrantes de la capital y sus mentiras.
Con reverencia, guardó el pergamino en la solapa interior, pegándoselo al cuerpo para protegerlo del gélido viento. Tenía que encontrar respuestas. No podía seguir siendo solo la sombra de un genio caído.
El camino que seguía serpenteaba hacia las ruinas de la biblioteca vieja, una reliquia olvidada antes del exilio. Allí se decía que los libros prohibidos sobrevivían a los inquisidores sedientos de censura. Quizá, justo allí, Klandan podría encontrar fragmentos del pasado oculto.
Mientras caminaba, el murmullo distante de voces lo hizo detenerse. La penumbra se espesaba, pero no había faroles ni antorchas iluminando aquel lugar. Solo sombras y susurros atrapados en el viento.
—¿Quién va? —exigió, su voz ronca rompiendo el silencio.
Nada respondió. El frío parecía intensificarse, como si el aire mismo hubiera cobrado vida en su contra.
De repente, una figura se deslizó desde la oscuridad de un arco derruido, silueta recortada contra el cielo encapotado. Su rostro oculto por una capucha, sus pasos seguros y decididos.
—Klandan Elyr Voss —la voz era baja, líquida, envuelta en misterio—. Sabes que no deberías estar aquí solo.
La mirada de Klandan se endureció, su agarre sobre el bastón fortaleció. El recuerdo de traiciones vivas palpitaba en sus venas.
— ¿Quién eres? ¿Amigo o enemigo? —escupió, sin retroceder.
Un silencio afilado se colgó entre ellos como una daga invisible. Y luego, la figura se inclinó un poco, la voz volviéndose confidencial.
—Unos pocos en este mundo quieren verte caer... otros, quieren verte renacer.
—No necesito salvadores ni conspiradores —jadeó Klandan, tensionando el cuerpo para la pelea—. Solo la verdad.
—Y la verdad, mi amigo, es una moneda que se compra con peligros. Pero hay alguien que está dispuesto a pagar ese precio.
Sentimientos encontrados cruzaron el rostro oculto tras la capucha: urgencia, cautela... y una chispa de promesa, como el fulgor de una llama que se resiste a morir.
—Si me das tu confianza, puedo mostrarte el camino hacia quienes manipularon tu caída. Pero es peligroso. Más de lo que imaginas. —La voz bajó hasta un susurro—. Si aceptas, no habrá vuelta atrás.
Klandan sintió el peso del silencio, la lluvia cayó más fuerte esta vez, como si el cielo mismo contuviera el aliento.
Los ojos del extraño brillaron bajo la sombra. Una alianza inesperada se proponía en el aire viciado por la traición y la esperanza.
Entonces, otra sombra se movió justo detrás de Klandan, una silueta que no debía estar allí.
Un escalofrío recorrió su espalda. La voz del desconocido se tornó urgente:
—Decide rápido.
La noche acababa de desatar su juego.
(El capítulo termina aquí, dejando al lector al borde de un abismo: ¿Quién es esta figura misteriosa? ¿Será aliada o una trampa mortal? ¿Qué traiciones y secretos esperan descubrir en las ruinas olvidadas? La lluvia y la oscuridad han espesado el misterio, mientras el renacer de Klandan pende de un hilo.)