Chapter 16
Capítulo 16: El Espía en la Sombra
El silencio pesó en el aire como si el tiempo se hubiera detenido. La pregunta de Klandan aún vibraba, no solo en el cuarto, sino en sus propios huesos.
—¿En quién confío? —repitió, la voz quebrada, casi un susurro enterrado entre las sombras veladas.
Lenta y meticulosamente, la atmósfera pareció congelarse; el eco del corazón pareció latir solo para él.
Aquella respuesta ocultaba la clave para sobrevivir y para la venganza. Pero, ¿qué tan profundo estaba dispuesto a cavar en sus propias heridas para encontrarla?
Klandan bajó la mirada, sintiendo cómo un hilo invisible apretaba su pecho como un lazo de acero frío. Cada palabra resonaba en su memoria, un puñal enmascarado en un murmullo.
Sus dedos jugaron distraídos con el anillo que llevaba en el pulgar de la mano derecha, símbolo de su antiguo linaje perdido. Sentía la madera vieja y áspera, el frío metálico, y con cada roce crecía la duda: ¿hasta dónde podía confiar en alguien dentro de su propio círculo?
Un leve suspiro quebró la quietud, acompañando el arrastrar de botas pesadas sobre la piedra gastada.
—Es hora de hablar —dijo una voz familiar, baja, medida, que drenaba la vida del momento sin piedad. Era Ithar, su confidente, la única sombra leal en este juego turbio de espías y mentiras.
Klandan alzó la vista con esfuerzo, fijando la mirada en el hombre cuya fidelidad había dado por segura. Pero ahora dudaba.
Ithar se acercó y, sin apartar los ojos, posó una mano silenciosa sobre el hombro de Klandan.
—He descubierto algo que cambiará todo —musitó—. Pero no puedo decirlo aquí. No aún.
La respiración se volvió más corta, la piel se erizó; eran como señales de alarma que alertaban a Klandan de que la maraña de traiciones se estrechaba alrededor de él.
Sin esperar más, Ithar extendió una nota doblada, entregándosela con un gesto fugaz.
—Esto es para ti. Te guiará a la verdad, pero el precio puede ser demasiado alto.
Klandan tomó el papel con los dedos temblorosos. La tinta era negra, densa, desgarradora. Sus ojos se abrieron como cuchillas y comenzaron a leer.
Las palabras contaban el nombre del traidor, alguien que había atravesado el límite del silencio por codicia y miedo. Un nombre que corría como un veneno en la sangre de su círculo cercano.
Mordió el interior de la mejilla para contener el alarido que amenazaba con estallar.
—¿Por qué Ithar? —musitó él, y la pregunta se quedó flotando como un ladrón en la noche.
Ithar apartó la mirada, la sombra en sus ojos cubrió toda luz.
—Porque también hay quienes desean que caigas. Y no solo el Maestro Arvid Thalor. Algunas heridas no se ven, pero duelen más.
El ambiente se volvió pesado, la habitación se cerró como un ataúd alrededor de ellos dos.
Klandan se levantó, dejando caer la nota sobre la mesa con la fuerza de una condena.
—¿Y qué me propones? —preguntó, la voz cargada de veneno contenido y esperanza amordazada.
Ithar exhaló el humo de un cigarro que no había encendido; era solo un tic nervioso, un hábito viejo de tiempos donde la confianza significaba vida o muerte.
—Un trato —respondió—. Una oportunidad para que recuperes lo que te fue arrebatado sin perder más a tu alrededor.
Klandan clavó en él una mirada acerada, como un filo afilado por el odio y el cansancio.
—Habla claro.
El hombre asintió y bajó la voz hasta un susurro que hizo vibrar las paredes con el peso de la conspiración:
—Seré el enlace entre tú y quienes te vigilan en las sombras. Pero para ello, necesito algo de ti… y tú, a cambio, recibirás una red que protegerá tu oscuro regreso.
Un hielo descendió por la espalda de Klandan. Una oferta que podía salvarlo o destruirlo.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, un umbral entre la salvación y la perdición.
Entonces, en el instante justo, la puerta chirrió a medio abrir.
Una figura en la penumbra observaba, con los ojos brillando como brasas en la oscuridad.
—Así que el genio caído ya conoce la verdad —dijo con calma mordaz—. ¿Qué hará ahora?
El filo invisible de la amenaza cortó el silencio.
Klandan y Ithar se quedaron paralizados.
El juego apenas comenzaba.
Fin del capítulo 16.