NoveliqaEl Renacer del Genio Caído: La Venganza de Klandan / Magia Corrupta :0%
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Chapter 13

Magia Corrupta

Capítulo 13: Magia Corrupta

El aire en la cámara subterránea vibraba con un zumbido discordante, una sinfonía invisible que se enroscaba alrededor de Klandan como un viento venenoso. Su pecho se clavaba y liberaba con lentitud, cada respiración era un puñal frío al alma. La oscuridad no era solo ausencia de luz; era un manto pesado, pringoso, que se pegaba a su piel, impregnando cada poro con susurros níveos de corrupción.

Un aroma denso, a hierro oxidado mezclado con un rastro acre de humo, se le anidaba en la garganta. Sentía el sabor amargo de la desesperación, un regusto áspero que amenazaba con deslizarse hasta su corazón. Sus manos —tan firmes minutos antes— temblaban imperceptiblemente, una vibración sutil, como el preludio de un terremoto interior.

Ante él, el cubo de obsidiana palpitaba con una luz moribunda, un latido mágico que escupía fragmentos de sombra y calor enfermo. Klandan sintió cómo esa energía --esa maldita fuerza— arañaba las entrañas de su alma, distorsionando la melodía férrea que hasta ahora sostenía su voluntad. No podía negar el temblor que recorrió su columna cuando la voz marina y corrosiva de Renella resonó en su mente.

—Te has atrevido a bailar con el abismo, Klandan —susurró ella, un eco de viento y cristal roto.

Su figura oscura se delineó con más claridad en su pensamiento, como un espectro danzando al filo de su cordura. No prometía redención ni perdón. Solo el dominio y la aniquilación. Con cada latido, el poder en sus venas se hacía más tangible y, sin embargo, más insoportablemente peligroso.

Los dedos de Klandan rozaron el medallón que llevaba colgado, un amuleto que recordaba tiempo mejores, antes del exilio y la traición. Pero esa chispa de luz familiar se debilitaba, como si la magia oscura que ahora habitaba en él, envenenara su esencia.

"O controlas, o te consume", se repetía como un mantra roto. Había pactado con demonios etéreos y derribado murallas éticas para alzar su fuerza, pero el precio parecía encerrar algo más que la pérdida de la inocencia.

En la penumbra del recinto, los símbolos arcanos grabados en el suelo comenzaron a brillar con una intensidad ominosa. Eran símbolos ancestrales, prohibidos, dibujados en un rojo que no era tinta ni sangre, sino algo vivo, pulsante. La energía que emanaban surgía en oleadas, arrastrando a Klandan hacia un abismo intangible, donde la luz y la sombra se evaporaban en una misma sustancia.

Sus labios se apretaron, y el sudor le resbaló por la sien mientras luchaba contra aquella tormenta interna. Su mirada, normalmente afilada como cuchilla, ahora mostraba fugaces destellos de vulnerabilidad, un hombre al borde de caer.

"¿Es este el sendero del genio, o solo la senda hacia su ruina?", se preguntó en un susurro que crujió como papel viejo. Cada instante en contacto con la magia corrupta hacía que su rostro palideciera y su voluntad se deshilachara. Quiso gritar, llamar a sus antiguos maestros, a su familia, pero en ese abismo que lo reclamaba, las voces se oscurecían, se transformaban en cadenas.

Un reto a sí mismo. Un pacto sellado con tinieblas antiguas que aguardaban su oportunidad para devorar el resto de luz que quedaba en su ser.

De repente, un estremecimiento recorrió su espalda como mil serpientes invisibles. Una sombra, palpable y voraz, se abalanzaba desde dentro. Los ojos de Klandan se abrieron con fuerza, su cuerpo tembló y sus puños se apretaron hasta cortar la carne.

—No... ahora no —murmuró, arrastrando la voz—. No permitiré que esta oscuridad me defina.

Con una fuerza desesperada, conjuró un escudo de luz azulada, una barrera frágil pero resuelta contra la marea creciente del mal. El poder oscuro rugió, como bestia herida, intentando penetrar ese muro.

El eco de su propia voz resonó en la cámara:

—¡Soy más que tu sombra, Renella!

Pero la risa que recibió fue un veneno inunda, un sonido hueco y cruel de triunfo que reverberó en sus nervios.

El suelo tembló bajo sus pies, y las runas prohibidas se elevaron, reventando el aire con energía cruda y salvaje. Por la garganta de Klandan ascendió un grito entre afónico y feroz, un desafío lanzado hacia la oscuridad que exigía su alma.

No estaba seguro si la batalla era contra Renella, contra sí mismo, o contra un destino que ya se había escrito con tinta de sangre. Solo sabía que en ese instante, suspendido entre luz y sombra, entre dominio y pérdida, todo pendía de un hilo invisible, del tenue aliento en sus pulmones.

¿Podría controlar la tormenta antes de que lo arrasara? ¿O se convertiría en otro fragmento más de la condena que arrastraba sobre su nombre?

Un pulso final de energía explotó en la sala, iluminando el rostro contraído de Klandan en un instante congelado.

Y entonces, todo se detuvo.

Oscuridad. Silencio.

Solo un susurro imposible, un último desafío:

—¿Quién manda ahora... genio caído?

Los ojos de Klandan buscaron en la sombra que lo envolvía, intentando aferrarse a una chispa de esperanza.

Pero el abismo, aún más voraz, parecía abrirse bajo sus pies.

¿Logrará controlar el poder sin perderse en la oscuridad?

Fin del capítulo 13.