NoveliqaEl Renacer del Genio Caído: La Venganza de Klandan / La Sombra del Ancestro :0%
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Chapter 12

La Sombra del Ancestro

Capítulo 12: La Sombra del Ancestro

El eco sordo de aquella helada eternidad resonaba aún en los huesos de Klandan, como un latido monstruoso que se negaba a morir.

—¿Lo sentiste? —la voz tímida, casi un susurro, destilaba un pavor contenido mientras la luz en la cámara comenzaba a regularse con un titubeo.

Arvid Thalor, con la máscara del astuto engaño endurecida más que nunca, observaba cada movimiento con ojos que eran dos pozos negros, reflejando secretos demasiado oscuros para nombrar.

Klandan apretó los puños, sintiendo las fibras de su cuerpo encogerse y tensarse en una lucha interna contra esa oscuridad creciente. En su interior, un fragmento de memoria rota intentaba desplegarse, un vestigio extraño que él había sentido mucho antes, atrás, en los bordes de los antiguos bosques de Aerlith.

—No es solo una disputa nuestra —masculló con voz entrecortada, con el corazón tamborileando en la garganta—. Algo más grande nos está meciendo como marionetas.

Arvid soltó una risa amarga, tan seca como las hojas marchitas del otoño. “Marionetas… muy poético, Voss. Siempre tratando de elevar tu desgracia a un cuento épico.”

Pero Klandan sabía que detrás de esos ojos de serpiente crepitaba una verdad que ninguno de los dos quería reconocer aún. Había una sombra más profunda y más antigua, un titiritero que tramaba en la penumbra, y que, desde siglos atrás, movía las piezas de una partida que nacía en el otro lado de la realidad.

El frío volvió a cerrar sus garras. La cámara, ahora casi vacía, era un receptáculo de sus temores, una caja del tiempo donde cada respiro se congelaba como una amenaza en el aire.

De repente, la pared opuesta comenzó a vibrar, una vibración sutil, un zumbido bajo que parecía venir de las entrañas de la piedra. Klandan dio un paso atrás, el instinto gritando en su piel. Arvid, sin levantar la mirada, extendió la mano en dirección al muro.

—¿Ves? —susurró—. Esta no es solo nuestra batalla, ni siquiera la del maestro caído y el tirano que la maldice.

Las runas talladas en la piedra, que hasta ese momento parecían simples grabados antiguos, empezaron a brillar con destellos azulados, envolviéndolos en una luz que se filtraba por las grietas, como si el mundo antiguo despertara a su llamado.

Un susurro endeble, casi imperceptible, se coló entre las sombras. Era un eco de voces que parecían venir de muy lejos, de los rincones olvidados del tiempo.

—“El retorno del que todo lo vigila...” —la frase reptó en la conciencia de Klandan con un peso irrevocable.

Arvid frunció el ceño, la máscara de arrogancia tambaleándose. “¿Quién… quién habla?”

Pero ninguna respuesta vino sino un silencio denso, quebrado solamente por el arrastrar del viento en las profundidades subterráneas.

Ella apareció entonces. Una figura femenina envuelta en ropas vaporosas, sus ojos dos carbones encendidos, emerigiendo del halo de luz como si naciera de la misma esencia del pasado.

—No son peones aislados —dijo con voz grave, tan antigua como las montañas—. La rivalidad entre Klandan Elyr Voss y Arvid Thalor es solo un fragmento del juego eterno que me consume.

Klandan tragó saliva. Cada palabra era una daga que perforaba velos invisibles.

—¿Quién eres? —exigió, la adrenalina y la confusión pintando líneas angulosas en su rostro.

—Soy Renella... la sombra del ancestro, la guardiana de los secretos prohibidos. El poder que despertáis no es más que el eco de mi voluntad. He esperado siglos a que llegasen los dignos para continuar.

Arvid miró a Renella con una mezcla de asombro y desprecio. —Mentirosa. ¿Por qué habrías de ayudarte? ¿Qué quieres de nosotros?

Ella sonrió, una curva helada que no prometía misericordia.

—No ayudo. Manipulo. Porque mi único anhelo es el poder absoluto sobre un mundo fragmentado y rendido a mis pies.

Klandan sintió la atmósfera cargarse con electricidad latente. Sus dedos tiritaban, intentando armar el rompecabezas de las piezas nuevas y letales.

—Entonces... —empezó, la voz áspera—, todo esto... ¿era para que nos enfrentáramos y debilitáramos uno al otro mientras tú recogías los restos?

Renella se inclinó ligeramente, su tono se tornó en una amenaza susurrada.

—Exactamente. Los antiguos pactos se resquebrajan, y del caos nacerá una nueva era bajo mi sombra.

Arvid dio un paso adelante, la máscara de poder resurgiendo implacable.

—No mientras yo respire. Ni tú, ni ningún espectro antiguo decidirán el destino de este reino.

Pero Klandan percibió la grieta en la certeza de su rival. Renella, la sombra silenciosa, parecía vibrar a su alrededor, más palpable que un simple mito.

En ese instante la cámara se oscureció súbitamente. La luz huyó ante la presencia voraz de una forma intangible que parecía alimentarse del miedo y del odio.

Una pregunta hirió el aire como una hoja afilada:

¿Quién era el verdadero titiritero detrás del conflicto que los consumía?

Antes que pudieran reaccionar, la voz de Renella resonó, reverberando en el vacío:

—No sois más que piezas... y yo, la mano que mueve el tablero.

Un golpe seco, un estremecimiento, y el mundo pareció romperse en mil fragmentos dispersos por la penumbra.

Y en ese derrumbe suspendido, una promesa rotunda:

El juego apenas comenzaba.

—

El frío de las piedras se había convertido en un pulso frío en la sangre de Klandan.

Renella, el ancestro renacido en sombra, había emergido para reescribir no solo la historia, sino la misma realidad de un mundo donde ningún poder era lo que parecía.

Sus ojos se clavaron en los de Arvid, y por primera vez, la línea que los separaba entre enemigo y aliado pareció oscilar.

—¿Nos enfrentamos a una sombra que nos devora a todos? —murmuró Klandan, mientras la noche se cernía detrás de ellos—. Entonces habrá que decidir... si seremos víctimas o verdugos de este nuevo despertar.

Pero en la profunda oscuridad que los envolvía, una certeza helada quedó grabada:

La sombra de Renella no se apagaría. Solo aumentaría... hasta consumirlo todo.

Fin del capítulo 12.