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Chapter 14

El Precio del Poder

Capítulo 14: El Precio del Poder

El altar tembló con una intensidad imposible de ignorar, como si las piedras milenarias quisieran desgajarse del suelo para devorar todo a su paso. La luz que brotaba de Kael no era solo un brillo, era un rugido contenido, un latido de tormenta a punto de estallar. Su cuerpo ardía por dentro, una mezcla nauseabunda de energía y dolor que hacía vibrar cada célula, mientras una voz sorda susurraba en su mente: “Poder... a cambio de… ¿qué?”

Kael cayó de rodillas, las palmas de sus manos quemaban como brasas vivas contra la roca fría del altar. La neblina del bosque había engullido el cielo, y las hojas temblaban con un viento inexistente, como si algo invisible danzara alrededor. Sintió un peso insoportable en el pecho, un estrujón que le arrancó el aliento.

—¡No...! —gritó, ahogando el dolor—. ¿Qué quieres de mí?

El dragón, fragmentado y salvaje, se agitaba dentro suyo con un fuego incontrolable, sus escamas invisibles arañaban su alma. Pero no era solo un poder que pudiera dominar. Era un precio. Y Kael lo sabía. En el silencio del bosque, la amenaza se posaba con una paciencia violenta.

Un crujido seco le hizo alzar la cabeza. Entre los árboles, una figura cernida en sombras se dibujaba con claridad retorcida.

—¿Creíste que sería gratis, Kael Ren? —una voz profunda y metálica cortó la tensión como un puñal helado—. Todo poder nace de un sacrificio.

La criatura emergió de la penumbra: una mujer vestida con telas negras, adornadas con jade y plata, sus ojos brillando como brasas en la oscuridad. Kael la reconoció con un espasmo en el pecho.

—Lian —susurró, el miedo ascendiendo desde lo más hondo de su ser.

Ella avanzó lentamente, cada paso una sentencia. La luz del altar se reflejaba en su rostro pálido, acentuando la felicidad cruel que asomaba en sus labios.

—¿Quién sino tú —susurró Lian— está preparado para este juego? Eres el elegido para portar el dragón... pero alguien debe pagar el precio, un alma cercana, un lazo que desgarrar.

Kael miró sus propias manos, temblorosas, ahora con chispas de éter danzando en sus venas. Podía sentir cómo el poder crecía, serpenteando, buscando un canal… una rendija para liberarse.

—¡No permitiré que te lleves a nadie más! —explotó, su voz quebrándose—. He perdido demasiado ya.

Lian sonrió con un destello cruel, una mueca que revelaba más de lo que decía.

—Ah, Kael. No es ella, no esta vez. Pero alguien muy cerca de ti. Alguien cuyo vínculo es fuerte y cuya ausencia marcará un antes y un después en tu senda.

El bosque pareció absorber sus palabras, el viento calló, todas las criaturas del bosque se frozen en un silencio mortal.

Un suspiro escapó de Kael, producto de una mezcla imposible entre rabia y resignación. La sombra del sacrificio se extendía como una niebla que engullía su alma.

—Dime quién —pidió con voz ronca, casi tragándose el propio terror.

Lian dio un paso más, la distancia entre ellos se esfumó como un hilo de seda al viento.

—Alguien que ya está prendido a tu vida como tu propia sombra. La próxima vez que el dragón despierte será la última para esa persona.

Las palabras se clavaron como cuchillas invisibles, arrastrando a Kael a un abismo donde la esperanza pareciera imposible.

Un crujido alertó que alguien más había llegado.

Desde la espesura del bosque, otra voz emergió, grave y urgente.

—¡Kael! ¡Nos están rodeando!

Kael se giró para ver siluetas moviéndose entre los árboles. El altar brillaba cada vez más, como si el tiempo y la batalla ya no respetaran el espacio.

Su mirada se posó en Lian, en ese rostro impenetrable.

Y supo, con un frío helado tatuado en su pecho: el precio del poder estaba a punto de cobrar su primera vida.

Pero... ¿quién?

El dragón rugió dentro suyo, buscando liberación, ansioso por devorar, crecer y absorber.

—El sacrificio... —musitó Kael, al borde de quebrarse—... está más cerca de lo que pensé.

Antes de que pudiera reaccionar, un golpe seco resonó a su lado, seguido por un estruendo de ramas rotas y jadeos ansiosos.

Su corazón se congeló.

—¡Corre! —gritó alguien desde la oscuridad—. ¡No permitas que se lo lleven!

Pero Kael ya estaba paralizado, mirando hacia el lugar donde el eco de la amenaza aún flotaba, y donde el secreto más oscuro esperaba ser revelado.

El precio del poder jamás fue tan claro.

Y no habría marcha atrás.

FIN DEL CAPÍTULO 14