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Chapter 10

Alianza Imposible

Capítulo 10 Alianza Imposible

La luna se alzaba alta, bañando la arbolada cumbre en una plateada quietud que parecía desmentir la tormenta que acababa de sacudir aquel claro escondido.

Kael Ren respiraba con dificultad, cada inhalación un aguijón de fuego en sus pulmones. Su cuerpo estaba cubierto de polvo y hojas arrancadas, pero era el pulso incesante de su corazón lo que más lo hería: como una tormenta que se niega a apagarse. El aroma a tierra mojada y a humo persistía en el aire, la brisa nocturna jugando entre los árboles susurrando secretos de una pugna apenas terminada.

Frente a él, emergiendo de una sombra que parecía más bien un vacío construido con siglos, estaba Xianhua Liu. La mujer era una escultura de control y poder, con ojos que brillaban fría y aceradamente bajo la luz lunar. Su respiración apenas marcaba un ritmo; sin embargo, el aura que emanaba de ella comprimía el espacio y el tiempo, como si el aire mismo temiera romperse.

“Has mejorado,” dijo Xianhua con voz de terciopelo rasgado por cuchillas. La seriedad de su sonrisa cortaba más que cualquier filo. “Pero esa mejora no cambiará el final que he escrito para ti.”

Kael la observó, viéndose reflejado en aquellos ojos que conocían su historia mejor que la memoria de un dragón. Cada palabra de Xianhua era una daga, cada gesto un mensaje oculto. Pero el guerrero recordó la sombra que se había deslizado a su lado en el último instante: una presencia inesperada, capaz de trastocar destinos.

El silencio se espesó, casi tangible, hasta que Kael rompió la quietud con voz ronca: “¿Por qué has interferido? ¿Cuál es la verdadera razón por la que estás aquí?” Su cuerpo, aún temblando, se plantaba firme en ese terreno en disputa.

Xianhua exhaló, ladeando apenas la cabeza, como si estudiase una pieza en un antiguo juego de estrategia. “Porque hasta los enemigos jurados pueden tener enemigos comunes. La cima de tu exilio y la raíz de mi dominio podrían estar en peligro.”

Un escalofrío recorrió la espalda de Kael. Las palabras no eran un eco vacío, sino la sombra misma que había sentido al borde del combate. Él buscaba venganza; ella, el control absoluto. Y sin embargo, ambos estaban al borde del abismo de un nuevo peligro.

“Hablas de un peligro que no puedo ignorar,” murmuró Kael, mostrando una mezcla de desafiante curiosidad y un aprieto en el estómago que no quería reconocer.

—“Una amenaza que pone en jaque no solo a los clanes, sino a la propia esencia del poder místico que ambos codiciamos,”— continuó Xianhua, tomando un paso lento hacia él, reduciendo la distancia pero sin entregar un ápice de su aura imponente.— “Esto no es solo un momento de tregua, es… una alianza.”

La palabra cayó como una piedra en un lago. Kael sintió cómo el suelo invisible bajo sus pies vacilaba. Lo ilegal, lo imposible, lo inimaginable. Alianza.

—“¿Contigo?”— la voz de Kael era un susurro que bailaba entre la incredulidad y la necesidad imperiosa de constatar que no escuchaba al viento enloquecido.— “¿Con la mujer que pretendía verme caer desde el primer día?”

Xianhua le clavó una mirada que era hielo fundido y fuego contenido. “El mundo cambia, Kael. Y también nosotros. Si queremos que el legado de nuestros clanes persista, si queremos descifrar el verdadero poder oculto… debemos enfrentarlo juntos.”

El guerrero apartó la mirada un momento, el peso de la noche haciendo vibrar hasta sus huesos. Las arenas del tiempo parecían girar vertiginosas, sus manos temblaban y la promesa de poder que tanto anhelaba agitaba un fuego interno que ardía con intensidad renovada.

¿Podría confiar en esta enemiga que había sido sombra y tormenta en su camino? ¿Podía realmente un exiliado y una emperatriz coexistir sin que el filo de la traición cortase las jugadas?

Mientras la luna completaba su viaje y las constelaciones parecían susurrar profecías antiguas, Kael inhaló profundamente, notando el frío penetrante en sus venas — un frío extraño, que ni la ira ni el odio podían congelar.

La noche no ofrecía respuestas, solo preguntas encendidas que ardían en su alma. El silencio que volvió a caer entre ellos era un campo minado de desconfianza y necesidad.

Un leve movimiento en el bosque cercano hizo que ambos se giraran al unísono, alertas. La sombra que había interrumpido su combate seguía allí, observando, quizá aguardando el próximo paso, el próximo error.

Xianhua dio un paso más adelante, la voz cortante rompiendo la tensión.

“Decide, Kael. ¿Seremos renegados enfrentados a la tormenta, o aliados ante el abismo?”

Y justo cuando la hora parecía detenerse, el sonido de una rama crujida bajo un pie invisible interrumpió la escena, dejando el aire tan denso que hasta el latido más débil parecía un trueno.

El destino pendía de un hilo — y la pregunta persistía, afilada y brutal:

¿Podrán dos enemigos jurados confiar uno en el otro?

FIN DEL CAPÍTULO 10