NoveliqaEcos en la Niebla: La Verdad Olvidada / Sombras del Corazón :0%
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Chapter 13

Sombras del Corazón

Capítulo 13 Sombras del Corazón

El golpe en la puerta fue como un estruendo dentro de su pecho. Lucía se quedó paralizada, el eco todavía vibrando entre las paredes desnudas de aquella habitación. Sus dedos temblaban contra el batiente, mientras el sudor frío le perlaba la sien. El aliento, entrecortado, se quedó atrapado en su garganta, aferrándose al silencio que ahora parecía más denso, casi palpable.

Por un instante, el tiempo detuvo su pulso. Afuera, la niebla acechaba a través del cristal empañado, deformando la realidad, haciéndola aún más opresiva, como si el mundo estuviera a punto de desmoronarse sin avisar.

—¿Quién… quién está ahí? —la voz de Lucía tembló, un hilo quebradizo en medio de la tormenta interior que la dominaba.

Ninguna respuesta. Solo el ruido sordo de la ciudad humedecida por la humedad persistente. Algo frío y filoso le arañó la memoria, como si pasaran ante sus ojos imágenes caóticas, fragmentos que intentaban abrirse paso en el abismo de su mente.

Se apoyó contra la pared, inhalando con fuerza para calmar el latido frenético que le martillaba las sienes. La suela del zapato arañó el suelo, un movimiento espontáneo que la ancló a la realidad.

Entonces, en ese instante tan cargado, debajo de la tormenta emocional, aparecieron flores... flores silvestres, una imagen inesperada, casi infantil en su inocencia.

Adrián.

Su nombre cayó, pesado y vibrante, como un latido secreto.

Lucía cerró los ojos y el aire se deslizó entre sus labios, frío y áspero. El rostro de Adrián apareció entonces, con una expresión que no encajaba en el mosaico oscuro que guardaba en su presente. No era el hombre cruel que había encontrado hasta entonces.

Era otro. Uno más humano, vulnerable.

Recordó aquella tarde lejana, en un pequeño parque encajonado entre los edificios grises de la ciudad. La neblina se había levantado justo como ahora, pero, en ese instante, la atmósfera se tornó menos opresiva y más cálida.

Él estaba sentado en un banco, una sombra menos calculadora y más quebrada. Tenía la mirada perdida, alejada de esa máscara impenetrable que ahora le conocía. Le sostenía una mano entre las suyas, con una delicadeza que, hasta ese momento, Lucía había creído imposible.

—No puedes huir de lo que eres —musitó Adrián, la voz quebrada, casi suplicante—. Pero tal vez... podemos intentar entenderlo.

El color en sus ojos parecía distinto, un brillo que no era de poder o amenaza, sino de miedo. Miedo a algo invisible. Un velo que Lucía no llegó a comprender en ese entonces.

¿Cómo era posible que ese hombre estuviera tan lejos de la frialdad con la que la confrontaba ahora? Esa contradicción la golpeó con una fuerza que la dejó sin aliento.

La niebla se colaba bajo la puerta, girando y dibujando remolinos que se transformaban en sombras fugaces. Y, en el silencio, el móvil vibró en su bolsillo.

El sonido quebró la memoria y la arrastró de inmediato hacia el presente.

Sacó la pantalla con dedos temblorosos y una nueva corriente de inquietud la atravesó.

Un mensaje. Sin remitente.

"Sé lo que buscas, pero la verdad que deseas podría destruirte. ¿Estás lista para enfrentarte a las sombras que habitan en tu propio corazón?"

Lucía sintió cómo la piel se le helaba, un zumbido sordo creciendo en sus oídos. La amenaza no estaba solo en la frase, sino en ese juego muerto de analizar qué buscaba realmente su enemigo.

¿Adrián estaba jugando un doble juego? ¿O esa era la voz de alguien más?

El teléfono cayó ligeramente al suelo, haciendo un ruido seco que pareció romper el tiempo otra vez.

El silencio volvió a colmar la habitación, pero ahora era diferente. Más pesado. Más peligroso.

Ella sabía que no podría ya confiar en las fisuras de su recuerdo ni en la historia que le habían contado.

El peligro estaba mucho más cerca de lo que había imaginado.

Y la verdad... no sería un susurro dulce.

Sería un grito.

—Muy bien —murmuró con la mandíbula apretada—. Muéstrame qué oscuridad me espera.

El eco de aquella frase se perdió con la niebla que susurraba, prometiendo que nada volvería a ser igual.