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Chapter 13

Lazos Quebrados

Capítulo 13 Lazos Quebrados

El sonido del golpe resonó en la penumbra, reverberando contra las paredes acristaladas del penthouse como un disparo cegador.

Elena permaneció paralizada, el corazón embestido por un vendaval de alarma y curiosidad. Su respiración se había vuelto un susurro errático, como si el aire mismo hubiera decidido esconderse.

—¿Quién…? —su voz, una exhalación entrecortada— ¿Quién está ahí?

Nadie respondió. Solo el eco espeso del silencio que se espesaba en el umbral.

Con un temblor contenido, se levantó, deslizando sus dedos por la palma sudada mientras avanzaba hacia la puerta. Cada paso hacía retumbar un tambor de presagio en su pecho.

Al abrir, todo parecía vacío. La entrada, el vestíbulo, ni un susurro, ni sombra. Pero algo no encajaba: sobre el suelo, una nota doblada con precisión milimétrica, como un acertijo esperando ser resuelto.

Elena la tomó, el papel frío contra sus yemas. Desdobló con cuidado hasta que sus ojos se clavaron en líneas escritas con tinta negra, como un latido urgente:

“No confíes en nadie, ni siquiera en los que llaman tu amigo. Esta ciudad está cubierta de mentiras. Yo sé la verdad. Nos vemos a las nueve. No faltes.”

Nada firmaba la amenaza velada que implícitamente contenía.

Un escalofrío se coló por su nuca mientras la nota crujía sobre sus dedos. ¿Quién podía conocer tanto… y a la vez esconderse en las sombras?

El teléfono vibró en su bolsillo.

Una llamada perdida. De Marco.

Marco. Su mejor amigo. Su mano derecha en cada crisis, el ancla en su tempestad. Pero desde hacía días, su actitud pendía de un hilo tenso, invisible, que ella temía romper.

Sin pensarlo, marcó. Al poco, la voz de Marco emergió en un susurro áspero, cargado de un miedo que ella nunca antes había detectado.

—Elena... —su voz tembló— Necesito verte. Ya. No puedo hablar aquí.

—Dime dónde.

—El estacionamiento del edificio Omega. Quinto nivel. Hay cámaras, pero... confía en mí.

La urgencia arrastraba sus palabras como un remolino. Elena obedeció el pulso insistente de su intuición y bajó.

Una oscuridad espesa la envolvía al llegar al quinto nivel. Las luces parpadeaban, lanzando destellos anaranjados junto a columnas de acero frío. Marco apareció desde la penumbra, su rostro marcado por ojeras profundas y labios apretados.

—Elena, escúchame… hay algo que tienes que saber.

Ella se acercó, cada paso una mezcla de esperanza y temor.

—¿Qué pasa, Marco?

—Me están siguiendo. No sé cuánto tiempo más durará esto. No es seguro.

Elena sintió un nudo en la garganta.

—¿Quién? ¿Por qué?

Marco bajó la voz, sus ojos reflejando una tormenta retenida.

—No solo te están atacando para destruir la empresa. Es más personal. Van tras todos los que estamos en tu círculo.

La atmósfera se tensó, como si el aire pudiera romperse en cualquier momento.

—¿Y qué quieres decir con “van tras nosotros”?

Antes de que Marco respondiera, un ruido metálico resonó detrás de ellos. Ambos se giraron al instante.

Una figura emergió de las sombras, boca cubierta por una bufanda negra, ojos escondidos tras gafas oscuras. Sin mediar palabra, lanzó un objeto pesado hacia Marco.

El impacto lo arrojó contra el suelo con un golpe seco.

Elena gritó, pero el atacante se desvaneció tan rápido como apareció, dejando detrás un aire frío que quemaba la piel.

Marco se incorporó apoyándose en sus brazos, doloroso pero consciente. Quiso hablar, pero un carraspeo lo detuvo.

Sus ojos se clavaron en Elena con una urgencia desgarradora.

—Antes de que esto termine... tienes que saberlo todo.

Pero entonces, una sirena distante empezó a acercarse, y Marco, con un resoplido, desapareció en un rincón oscuro justo cuando Elena intentaba alcanzarlo.

Su mano solo rozó el vacío.

—¡Marco! —su llamada murió en un suspiro helado.

Solo el eco de su nombre permaneció, un latido solitario en el vasto vacío del estacionamiento.

Elena se quedó allí, temblando, con la nota olvidada en la mano y la amenaza más real que nunca consumiendo cada fibra de su ser.

Un secreto invisible pendía sobre ellos, a punto de caer y destruirlo todo.

Y Marco, su confianza más sólida, se había esfumado justo antes de revelar la verdad.

La noche se cerró a su alrededor, oscura y silenciosa, mientras las luces parpadeaban intermitentes, como si cada destello fuera el latido de un corazón que aguantaba porque debía hacerlo.

Los lazos que creía inquebrantables se estaban rompiendo.

Y Elena debía decidir: correr o enfrentar lo que estaba por venir.