Chapter 5
El reloj de pared marcaba las nueve y media cuando Isabela ajustó el vestido con un tirón nervioso. El terciopelo negro se adhería a su piel como una segunda sombra, pesada y cálida a la vez. Sus dedos temblaban ligeramente, como si ese tenue temblor pudiera delatar su verdad oculta.
—No necesito que me recuerdes que esta noche hay que mantener las apariencias —musitó, mirando su reflejo en el espejo ovalado de la habitación.
El eco sordo de sus palabras se perdió en la amplia suite del piso veinticinco. El viento nocturno golpeaba con suavidad la ventana, trayendo un aire frío que contrastaba con el calor que le quemaba las mejillas. ¿Podía Leonardo haber entendido la amenaza que representaba su secreto? ¿O acaso sólo jugaba con palabras para desestabilizarla?
Cuando el timbre sonó en el salón, un escalofrío le recorrió la espalda. Abrió la puerta y su esposo contractual apareció con la sonrisa medida que siempre usaba para las cenas en el ático del edificio Vargas, donde la alta sociedad se mezclaba en un juego de máscaras y silencios. Pero esta vez, sus ojos relucían con una chispa diferente, casi malévola.
—Isabela —saludó Leonardo, deslizando la mano en la pequeña de su espalda con un roce ligero, demasiado calculado para ser casual.
—¿Estás seguro de que quieres venir esta noche? —preguntó ella, con la voz tan baja que apenas fue un susurro.
—Necesito verte, saber qué haces cuando no estás presa en ese estudio. ¿Qué secretos guardan esos diseños? —susurró él, mientras abría la puerta hacia el salón principal, donde ya esperaban los demás invitados.
El ambiente estaba cargado: el aroma a rosas frescas y perfume caro chocaba contra el sutil olor a tabaco frío, mezcla de sofisticación y decadencia. Las paredes, vestidas con cuadros de valor incalculable, parecían observar con ojos de piedra cada movimiento.
Isabela avanzó, sintiendo las miradas escrutadoras y el murmullo apagado de las conversaciones. Leonardo la seguía, hablando en voz baja, como si cada palabra fuera una daga afilada.
—Sabes, hace tiempo rumores corren sobre ti. No sólo eres la diseñadora prodigio ni la esposa perfecta para damian salazar... —hizo una pausa, deslizando una copa de vino con su mano hacia ella—, hay algo más. Algo que nadie sabe y que podría cambiarlo todo.
Su corazón se aceleró, mientras una súbita sensación de ahogo le comprimía el pecho. Estaba atrapada entre la seductora amenaza y la posibilidad de una alianza desconocida.
—¿Y tú cómo sabes eso? —la voz casi le falleció—. ¿Qué quieres de mí, Leonardo?
Él sonrió con cruel coquetería, acercándose hasta quedar tan cerca que pudo sentir su aliento mezclado con el aroma amaderado de su aftershave.
—Sólo quiero ser la única persona que te entienda. Que sepa la verdad antes de que alguien más la utilice para destruirte.
El murmullo del salón se hizo un telón sonoro, mientras el brillo de las copas y los destellos de los cristales reflejaban una luz vacilante, como la llama que amenaza con extinguirse en cualquier momento.
Isabela bajó la mirada, recordando las noches en vela, la carta oculta en la caja fuerte, la amenaza que podría sepultar toda su existencia bajo escombros de mentiras. ¿Podía confiar en él? ¿O acaso Leonardo era otro enemigo con disfraz de aliado?
Un sonido seco interrumpió el instante: alguien se acercaba desde el pasillo. La cabeza de Isabela se giró lento, y la expresión ensombrecida de Leonardo se congeló.
Era el momento de decidir: abrir aquella puerta o sellarla para siempre.
Mientras sus dedos apretaban la falda del vestido, su interior resonaba con la pregunta que ahora pesaba como una sentencia.
¿A quién le confiaría aquel secreto? O, peor aún, ¿a quién estaría a punto de condenar?
Un golpe fuerte y resonante contra la puerta del comedor detuvo el tiempo.
—Isabela, necesitamos hablar —una voz desconocida y firme irrumpió desde el otro lado—. Así, ahora.
Los ojos de Leonardo se clavaron en ella, y la sala entera quedó suspendida en un aliento contenido, al borde de una verdad que podría desatar la tormenta.
Ella apenas pudo respirar.
¿Estaba lista para enfrentar lo que viniera?