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Chapter 7

Primera Noche de Dudas

La habitación respiraba en silencio, un susurro apenas perceptible cuando el reloj de pared marcó las doce y un minuto. Valeria seguía de pie junto a la ventana, los dedos apretando el marco frío, como buscando anclar la realidad en el tacto. Afuera, la ciudad vibraba con luces y voces lejanas, pero aquí dentro, el aire parecía haberse tornado una sustancia densa, tan espesa que cada respiración le quemaba los pulmones.

Su mente era un torbellino sin pausa: imágenes fragmentadas de aquella conversación telefónica, palabras medidas y amenazas disfrazadas de acuerdos. La voz de Santiago Montiel, grave y desesperada, aún resonaba en su cabeza. La mezcla intoxicante de poder y vulnerabilidad que la tenía atrapada en una tela de araña invisible.

Sintió la puerta abrirse tras ella. No necesitó voltear para saber quién era. La presencia de Santiago llenó la habitación, y su sombra alargada se proyectó contra la pared, rozando la delgada línea entre la oscuridad y la inexistencia.

—¿Sigues despierta? —su voz fue un susurro ronco, casi quebrado.

Valeria tragó con dificultad, el nudo en su garganta presionando hasta casi impedirle responder. Sus ojos buscaron los suyos en la penumbra, tratando de descifrar qué demonios se ocultaba tras esa mirada.

—No he podido dormir —confesó ella, la voz apenas audibles—. Todo esto... es demasiado.

Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Santiago.

—La palabra “contrato” suena fría. Pero detrás de estas letras hay más que cláusulas.

Se desplazó con cautela hasta quedar a un paso de ella, el aroma de su colonia mezclándose con el del café frío que había dejado en la mesa. Valeria sintió cómo la tensión en su pecho crecía, como si intentara escapar hacia la superficie de su piel.

—Mañana me verás mucho más fuerte, Valeria. Pero ahora... —su mano rozó lentamente el brazo de ella, un toque breve, electrizante—, ahora somos dos prisioneros intentando no aniquilarse.

Ella cerró los ojos por un instante, el roce había incendiado un volcán dormido. Pero en lugar de alivio, la duda se anidó en su pecho: ¿Cuánto de esa vulnerabilidad era real? ¿Cuánto simplemente estrategia para mantenerla cerca?

—¿Y si en este “contrato” lo que me ofrece es únicamente control? —murmuró ella, su voz temblando—. ¿Será posible confiar en alguien que solo me da cadenas?

Un silencio incómodo se instaló entre ellos. El rictus de Santiago se endureció un segundo antes de responder.

—No pretendo que confíes en mí. Solo quiero que me permitas protegerte. Y a veces, proteger duele.

–¿A qué costo? —Valeria se revolvió, apartando la mano del brazo—. ¿Me has visto alguna vez como algo más que una pieza en tu tablero?

El hombre la miró largo, sus ojos desvelando secretos que ni siquiera él estaba listo para enfrentar.

—Eres mucho más que eso... pero también eres mi debilidad y mi salvación.

La dualidad en sus palabras la hizo vacilar. Todo en Santiago era un imán, atrayéndola hacia un abismo donde perderse podría significar la condena, o la liberación.

Ella finalmente se dio la vuelta, dejando a Santiago solo con las sombras. Caminó hacia la cama, tiró la sábana con un movimiento seco y se dejó caer, el cuerpo buscando descansar mientras la mente trepaba muros invisibles.

Los latidos de su corazón eran la única melodía en la habitación.

Entonces, el teléfono sonó, cortando el aire con un pitido urgente.

Valeria dudó antes de responder, el pulso estallándole en las sienes.

—¿Sí? —su voz sonaba extrañamente débil.

Al otro lado, solo un susurro, tan frío y rasposo que hizo que su piel se marchitara.

—No puedes escapar de esto, Valeria. El tiempo de las mentiras terminó.

El clic al otro lado fue definitivo.

El corazón de Valeria dio un vuelco y así quedó, paralizada, atrapada entre la protección que Santiago ofrecía y el control invisible que ejercía otro enemigo al acecho.

¿Sería posible confiar en alguien que solo ofrece cadenas? La pregunta quedó suspendida en la noche, más pesada y afilada que cualquier cuchilla.

Y en esa última sombra, el destino solo le ofrecía un camino sin retorno.