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Chapter 5

Un Enemigo Invisible

El eco del golpe seco reverberó en la estancia como un disparo en la quietud. Valeria y Santiago se giraron, los sentidos escritos en alerta máxima, la tensión vibraba en el aire denso que los envolvía.

Bajo el marco, la sombra oscura se mantenía quieta, ladeando apenas la cabeza.

Una figura que parecía conjurar el frío de una noche sin estrellas.

—¿Quién llama a esta hora? —preguntó Santiago, la voz firme pero con un matiz que delataba su intranquilidad.

La sombra no respondió. Un silencio pesado que se extendió unos breves segundos, tan largos que parecían doblar el tiempo.

Finalmente, una voz profunda y afilada rompió el mutismo.

—No vine a interrumpir, solo a observar.

El corazón de Valeria se encogió porque reconoció esa voz sin necesidad de voltear.

Isandro Montiel.

Ese enemigo invisible que, como una bestia acechando bajo la sombra, había regresado como un viento helado del pasado.

Santiago entrecerró los ojos, tensando la mandíbula.

—¿Qué quieres aquí, Isandro?

El hombre avanzó un paso, la discreción de su andar contrastando con la autoridad que emanaba en cada gesto.

—Algo que tú y Valeria no pueden ver... pero que los destruirá si no se apresuran.

Los ojos de Isandro brillaban con una mezcla de peligro y diversión. La amenaza flotaba en el aire, palpable y venenosa.

Valeria tragó saliva con dificultad, sintiendo cómo el frío se colaba por su espalda, encendiendo recuerdos que juró olvidar.

—¿Por qué me persigues? —musitó, con un hilo de voz quebrada.

—Porque soy el único que ha visto más allá de este contrato —respondió Isandro, acercándose —. Conozco la fragilidad de lo que sostienen. Como un pero susurrando que todo puede caer.

Santiago se interpuso entre ellos, protegiendo a Valeria sin esconder la furia en su mirada.

—¿Qué quieres decir con “fragilidad”?

Isandro sonrió, esa curva maligna que prometía tormentas.

—No quiero destruirte a ti, Santiago, sino todo lo que representas. En cuanto a ti, Valeria... siempre te he admirado desde lejos. Pero ahora juego con las reglas que me convienen.

El silencio se espesó, sólo roto por el tenue sonido del reloj en la pared y un leve temblor en la respiración de Valeria.

Isandro alzó una mano con gesto lento, como acariciando el espacio frío entre ellos.

—Quédate con la mayoría de las piezas, incluso con ese hombre a tu lado, y pronto descubrirás que el tablero estuvo marcado para perder desde el inicio.

Sin más, dio media vuelta y desapareció en la oscuridad del pasillo, dejando tras de sí un rastro de sombra y eco.

Valeria apoyó la espalda contra la pared, sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies.

Santiago se acercó, su mano fuerte encontró la suya, transmitiendo todo el peso del momento.

—No dejaremos que gane —susurró, su voz un ancla en medio del caos.

Pero en la penumbra, una figura ocultaba su rostro tras un abrigo oscuro, sus ojos negros observaban cada movimiento con una precisión inquietante.

Isandro Montiel.

El enemigo invisible aguardaba, paciente, sabiendo que la partida apenas comenzaba.

Y mientras la ciudad cosmopolita vibraba con su ritmo nocturno, bajo el brillo de los rascacielos se tejía una red de secretos que podría devorar a quienes se atrevieran a jugar entre sus hilos.

Valeria no lo sabía aún, pero estaba marcada.

Su libertad y su vida pendían del siguiente movimiento... que alguien ya había anticipado.

Desde la distancia, Isandro sonrió siniestramente.

El juego estaba en marcha.

Y él observaba.