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Chapter 2

Sombras del Pasado

La ciudad brillaba, pero para Valeria Castillo ese resplandor era un cruel espectáculo de luces cegadoras que le recordaban cada grieta del abismo donde estaba atrapada. Sus dedos temblaban sobre la fría superficie del ventanal, empañada por el aliento contenido y esa bruma que parecía envolver su corazón con un peso insoportable.

Un jadeo ahogado escapó cuando la visión del pasado emergió sin permiso, como sombras que se rebelan a la luz más tenue. Las paredes del lujoso apartamento se volvieron siniestras, susurrando secretos silenciados para siempre. El aroma a madera quemada, el chirrido de la puerta al cerrarse tras ella, y la voz de Santiago —eroz, quebrada— resonaron en sus oídos con la violencia de un golpe inesperado.

“Valeria, por favor…” Ese instante explotó en su mente con un estrépito, la imagen de una lágrima surcando su mejilla, y luego oscuridad.

Sacudió la cabeza con violencia. No podía dejarse arrastrar. No de nuevo.

El teléfono sobre la mesa vibró, tirando de ella hacia la realidad con un zumbido insistente. Sus dedos, aún temblorosos, lo recogieron mientras un nombre desconocido desfilaba en la pantalla. El pulso se aceleró, un frío paralizante trepó por su columna. No estaba preparada para más ecos del pasado.

Pero no podía ignorar esa llamada.

«¿Quién diablos...?», murmuró, respirando con dificultad.

Un mensaje apareció segundos después. Su corazón se encogió ante las palabras escritas que parecían arañar más profundo que cualquier herida:

“Sé lo que hiciste. No puedes esconderte para siempre, Valeria.”

El aire se volvió denso, como si el apartamento mismo quisiera silenciar ese aviso. Ella apretó el móvil contra el pecho, luchando por mantener la temblorosa calma. Ese mensaje era una daga envenenada lanzada al centro de su frágil fortaleza.

Desde la cocina, un vaso de cristal tembló levemente sobre la encimera. Valeria miró hacia atrás, buscando en las sombras algo que no estaba allí, pero que sabía que existía. La amenaza invisible la acechaba.

Un sonido lejano rompió el silencio: el claxon de un auto que se alejaba, retumbando en las paredes.

Respiró hondo. Tenía que actuar. Tenía que proteger a su familia y, más importante, a sí misma.

Pero, ¿cómo escapar cuando el pasado siempre encuentra la forma de atraparte?

Con pasos decididos, atravesó la estancia hasta la puerta. Su mano tembló al rozar el picaporte, tan cerca de girarlo, de confrontar lo que fuese que se ocultaba más allá de esa oscuridad.

Entonces, su móvil vibró de nuevo.

Una segunda alerta.

Esta vez, apenas un archivo adjunto.

Valeria dudó antes de abrirlo. Cuando finalmente lo hizo, su alma se congeló.

Era una fotografía. Y en ella, su secreto más temido, capturado y expuesto con brutal precisión.

La realidad se derrumbó a su alrededor.

¿Quién la estaba observando? ¿Quién tenía el poder para destruirlo todo con solo una imagen?

Sus dedos apretaron el teléfono hasta dejar marcas indelebles.

El contrato, la alianza forzada, la caída inminente: todo parecía conducir a un abismo sin retorno.

Y hacia esa oscuridad, Valeria estaba siendo empujada, sin opciones, sin escapatoria.

El eco de aquella amenaza resonó una última vez en la habitación antes de que ella, con la respiración agitada, murmurara casi sin voz:

—Esto no ha hecho más que empezar.