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Chapter 4

Sombras del pasado

El aire en la habitación parecía haberse vuelto más denso, casi como si la tormenta que rugía afuera se hubiese colado entre las paredes, acumulando un peso invisible pero aplastante sobre sus hombros.

Valentina permanecía inmóvil, la espalda contra el respaldo de la silla, los dedos entrelazados con tanta fuerza que la piel se le estaba volviendo blanca. Afuera, el ruido de la lluvia golpeando los vidrios la arrullaba y, al mismo tiempo, le hacía sentir que cada gota era un latido acelerado, un recordatorio insistente de la fragilidad que la rodeaba.

Sus ojos oscuros, enormes, buscaban en la penumbra algún indicio, una sombra que se hubiera deslizado silenciosa hacia ella. Pero no había nada ante su mirada, salvo el reflejo distorsionado de sus propios temores.

— ¿Por qué siento que alguien me observa? —murmuró sin levantar la voz, como si temiera que el solo sonido de sus palabras despertara a un enemigo invisible.

El eco de sus pasos llegó hasta la habitación. La puerta se abrió apenas, y una silueta masculina se recortó en el marco. Era Dante, su confidente y guardaespaldas, un hombre que conocía más secretos de la familia Arce que aquellos que estaban dispuestos a admitir.

—No estás paranoica —dijo, su voz grave y contenida—. He notado movimientos sospechosos cerca de la residencia desde hace días.

Valentina apretó los labios, luchando por que el desasosiego no la venciera, pero sintió que un frío helado le recorría la espalda.

—¿Quién? —preguntó con voz débil.

—No lo sé —respondió, cerrando la puerta tras de sí—. Pero hay algo más. Me han informado que alguien estuvo husmeando en los archivos del despacho de tu padre. Alguien que sabe lo que no debería.

Un nudo se formó en la garganta de Valentina; las fotografías de su historia familiar, los documentos confidenciales, todo parecía vulnerable ahora.

Se levantó con dificultad, caminó hasta la ventana y apartó la cortina de terciopelo. La ciudad estaba cubierta por un manto gris que escondía luces y sombras iguales en su misterio. Entre los destellos de los faroles, creyó ver una figura desaparecer por la esquina, rápida y disimulada.

—No puedo confiar en nadie —dijo con voz temblorosa, casi un susurro.

Dante se acercó, firme y decidido, una mano segura posándose en su hombro.

—Entonces tenemos que estar un paso adelante. Debemos descubrir qué pretenden, antes de que destruyan todo lo que la familia ha construido.

El peso del miedo la paralizaba, pero también avivaba una llama de determinación que ella no había sentido antes. Tenía que proteger lo suyo, aunque eso implicara enfrentar sombras antiguas.

De repente, su teléfono vibró sobre la mesa. El brillo de la pantalla iluminó la habitación oscura y mostró un mensaje sin remitente:

“Tu pasado está más cerca de lo que crees. Pronto todo saldrá a la luz, y no habrá a quién culpar, Valentina.”

El corazón le dio un vuelco violento; sus dedos temblaron al sostener el aparato.

—¿Quién...? —intentó decir, pero la palabra se le perdió en la garganta.

Dante se acercó para leer por encima de su hombro, y con el ceño fruncido replicó:

—Esto no es casualidad. Están jugando con nuestros temores.

Valentina sintió que las paredes de aquel lugar, la mansión que había conocido desde niña, se estrechaban a su alrededor, convirtiendo su refugio en una trampa invisible.

Un grito lejano de la tormenta fue sustituido por el silencio tenso que solo precede a una batalla de secretos y mentiras.

Y en ese instante, supo que la verdadera sombra era la que escondía su propio pasado.