Chapter 5
La penumbra de la habitación se volvió un manto opresivo para Isabela. Sentada en el borde del sillón, sus dedos temblorosos aferraban el vestido que brillaba bajo la tenue luz de una lámpara solitaria.
El eco de sus propias preguntas resonaba con una fuerza abrumadora en su cabeza.
Leonardo... ¿qué secretos ocultaba detrás de aquella mirada tan firme y tan fría?
No pudo evitar que su memoria regresara al archivo abandonado en el despacho de su padre, a esos papeles amarillentos y fotografías que habían aparecido cuando buscaba desesperadamente respuestas. Se había esforzado en ignorar la conexión, hasta que sus dedos temblaron al tocar un documento que hablaba de una alianza rota, de un proyecto fallido por la traición.
Sus ojos se cerraron un instante, tratando de apartar la imagen de aquel contrato firmado hacía años, en el que el nombre de Leonardo Delgado aparecía casi con una asquerosa arrogancia, como la responsable directa de la quiebra que había arrastrado a su familia al abismo.
Un sacudón recorrió su cuerpo, el vaho frío de la noche colándose por la ventana entreabierta, como para recordarle que afuera, la ciudad seguía su ritmo implacable.
Con dedos temblorosos, se levantó. La oscuridad parecía buscarla, y aún así, la incomodidad la empujaba a no cerrar los ojos. Tenía que entender, tenía que enfrentar lo que la verdad le ocultaba.
Aferró el móvil y navegó frenéticamente por los mensajes que tenía guardados. Buscó entre los correos, entre los archivos antiguos.
De repente, una notificación la sobresaltó: un mensaje anónimo, sin remitente.
“¿Quieres saber la verdad sobre tu padre? La oscuridad de los Delgado lo manchó todo. No confíes en Leonardo.”
Isabela tragó saliva. El corazón le golpeaba con estrépito en el pecho, sintió la piel de gallina, el hueso de la garganta apretado.
¿Por qué alguien se atrevería a advertirla? ¿Era miedo o una amenaza disfrazada?
Mientras los minutos se deslizaban implacables, recordó inevitablemente las escenas compartidas con Leonardo, cada gesto casi desnudando una intención oculta.
“No. No puede ser él”, murmuró para sí, un hilo de negación aferrándose a su voz jadeante. Pero el veneno había calado, y ahora no podía dejar de verlo en cada uno de sus movimientos, en cada palabra cuidadosamente medida.
Decidió entonces revisar otra vez el despacho, presa de una impaciencia que ignoraba razones. Allí, entre la maraña de papeles y fotos, algo sobresalía: una vieja carta sin remitente, con tinta corrida, plagada de rencor y reproches que hablaban de traición.
Las palabras eran sombrías, describiendo un ambicioso plan que había terminado en ruinas por la soberbia de un hombre.
Mientras la leía, su mente se llenó de imágenes fugaces, de voces quedas en medio de una reunión que ella no vivió, discursos de promesas rotas, miradas que ocultaban puñales.
“¿Podría ser Leonardo?” El pensamiento la atravesó como un filo de hielo.
El teléfono vibró de nuevo. Esta vez, un video, anónimo también.
Mostraba un encuentro furtivo entre dos hombres en medio de la noche: uno inconfundible, con la sombra de Leonardo proyectada en la pared iluminada por un farol. Ella vio cómo intercambiaban un sobre, la tensión entre ellos palpable.
El estómago se le revolvió. No era solo venganza, era un juego mucho más profundo.
Desesperada, tomó aire, intentando ordenar sus ideas. Si Leonardo estaba implicado, ¿qué lugar tenía ella en todo este conflicto?
¿Acaso todo aquello que había sentido hasta ahora no era más que una mentira cuidadosamente tejida?
Un final ignoto la esperaba, y el frío silencio de la noche parecía susurrarle que su mundo estaba a punto de desplomarse.
Entonces, un golpe seco retumbó contra la puerta.
Isabela se congeló, el móvil aún en la mano. La respiración se le cortó.
El sonido volvió a repetirse, firmemente, insistente.
¿Quién podría ser a estas horas? ¿Alguien aliado... o un enemigo disfrazado?
Su mirada se clavó en la cerradura mientras el corazón le martillaba con furia indómita.
Las sombras danzaban en la habitación, pero una pregunta oscura flotaba en el aire como amenaza indisimulada:
¿Sería Leonardo el culpable oculto tras la desgracia de su familia?