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Chapter 1

La oferta inesperada

La lluvia golpeaba con furia el ventanal del despacho en el último piso del edificio Cortés. Fuera, la ciudad se sumergía en un mar de luces difusas y destellos encharcados. Dentro, Isabela Cortés se quedó inmóvil frente al escritorio de madera oscura, con la mirada fija en la carpeta sellada que Leonardo acababa de deslizar sobre la superficie. El aroma a cuero y café recién hecho se mezclaba con la tensión que parecía pegarse a su piel húmeda.

—Isabela —la voz profunda y firme de Leonardo Delgado resonó en el silencio—. Esta es la única oportunidad que tenemos para salvar Córtex, y no solo es mi oferta, sino también una promesa.

Ella tragó saliva, el nudo en su garganta no desaparecía ni siquiera con el aire frío que la brisa nocturna enviaba desde la rendija de la ventana entreabierta.

—¿Un contrato? —musitó, sus dedos rozaron la carpeta, temblorosos.

Leonardo acercó su silla, sin apartar los ojos de ella. La luz tenue del escritorio acentuaba las sombras bajo sus pómulos marcados, un hombre acostumbrado a las peleas de poder, pero esta vez, detrás de esa máscara implacable, había algo que Isabela no había visto antes: urgencia y una pizca de vulnerabilidad.

—No un contrato cualquiera, Isabela —casi susurró—. Un pacto. Mi matrimonio contigo salvará la empresa. A cambio, yo...

Se detuvo. El ambiente se volvió una tramposa tela de araña, cada palabra atrapada en la tensión que crecía, palpable, como un suspiro contenido a punto de explotar. El sonido del reloj de pared parecía marcar un compás, lento y mortal.

Ella bajó la mirada, viendo reflejada en la carpeta la sombra torcida de su propio reflejo, una mujer que no quería ceder, que quería demostrar que podía salvar lo que era suyo con sus manos, no con acuerdos atados al corazón.

—¿Qué buscas tú a cambio, Leonardo? —su voz era una mezcla entre desafío y cansancio, cargada con el peso de noches en vela y facturas que amenazaban con asfixiarla.

Leonardo sonrió, pero no fue una sonrisa amable. Los ojos centellearon con una mezcla de orgullo y algo oscuro.

—El control. El poder. Y quizás... algo más —dijo.

Un silencio pesado cayó entre ellos, y cuando el móvil de Isabela vibró con un mensaje urgente, su corazón se aceleró.

Ella oyó, desde la distancia de sus pensamientos heridos, el eco de un nombre: Marcos Delgado, el fantasma que acechaba la empresa desde las sombras, arrastrando viejos rencores y promesas de destrucción.

—Isabela, sabes que no hay tiempo para vacilar —insistió Leonardo, apoyando la carpeta con un golpe sordo—. La propuesta está sobre la mesa. Me casaré contigo, y juntos controlaremos el imperio. Pero debes decidir ahora.

La lluvia cesó en un silencio punzante, y en el rostro de Isabela se dibujó una mezcla imposible entre miedo y determinación. Cerró los ojos un instante, y cuando los abrió, la pregunta se quedó suspendida en el aire.

¿Aceptarías un matrimonio cuyo contrato podría salvar su legado… pero también atraparla en una jaula de secretos?