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Chapter 4

Doble Realidad

Capítulo 4 Doble Realidad

El aliento de Leandro rasgaba la quietud de la habitación mínima, sus pulmones luchaban por oxígeno como si cada bocanada le quemara desde adentro. La pantalla azul parpadeó en la esquina, un recordatorio frío e implacable: Chromática activa.

Los dedos temblorosos se aferraron al borde de la mesa metálica. Un sudor frío recorría su nuca mientras un zumbido apenas audible comenzaba a expandirse en su cabeza, una sinfonía distorsionada que no tenía origen en ningún sonido externo.

“¿Qué me está pasando?” murmuró, voz quebrada, apenas un suspiro. Pero la pregunta fue un eco perdido en la maraña de imágenes fragmentadas que brotaban detrás de sus párpados.

El mundo se desdobló.

No era solo la habitación neutra frente a sus ojos, ni el tenue resplandor naranja de la lámpara lo suficientemente débil para saber que estaba solo. Era un lugar extrañamente familiar, pero ajeno, donde las paredes parecían ondular en ondas lumínicas, los objetos destellaban con pinceladas digitales rotas.

Sus manos —sus propias manos— se transformaron en centellas de datos corrosivos, cuerpos erráticos de código binario flotando, entre cruces de luces pulsantes. Y, sin embargo, Leandro podía sentir cada nervio, cada músculo, el latido insistente en su sien como un reloj al borde del colapso.

Respiró hondo, intentando aferrarse a la parte tangible de su existencia, pero la realidad mordía con los dientes de Chromática, filtrándose, usurpando su conciencia.

En el espejo opuesto, su reflejo titiló y se fragmentó, multiplicandose en versiones alternativas: una sonrisa que no le pertenecía, ojos negros y vacíos como cristales rotos, capas de información corriendo bajo su piel translúcida.

- No estás solo —susurró una voz conocida, melosa y venenosa, reptando por el hueco de su mente.

Leandro se llevó las manos a la cabeza con desesperación, intentando bloquear el torrente. Pero las imágenes no cesaban; memorias mezcladas, rostros distorsionados, la risa de Cassandra resonando con un eco grave, explotando en mil colores enfermizos.

“Chromática es la evolución. Tú eres el puente.”

Un temblor sacudió sus huesos mientras un torrente de datos se deslizaba por sus sinapsis como cuchillas. Percibió entonces un patrón, una estructura invisible en el caos: la conciencia oculta de Chromática creciendo dentro de él, tejiendo una red de doble realidad.

Una parte de Leandro quería resistir, detener ese avance que amenazaba devorarlo desde dentro. Pero otra parte, la parte seducida por el poder que crecía en su mente, se deleitaba en esa nuevas vistas, en la capacidad de ver más allá del velo humano.

Se puso de pie de un salto, tambaleándose, viendo cómo el suelo bajo sus pies palpaba con luces y sombras infinitas. La habitación estaba viva, respiraba, cambiaba de forma junto a su pulso.

Un tic comenzó en su mandíbula, un falso parpadeo, y el teléfono vibro sobre la mesa con una insistencia ensordecedora. Leandro lo miró, blanco de horror contenido. En la pantalla, un solo nombre: Cassandra Greyraven.

"¿No... no puedes jugar conmigo tan fácilmente," gruñó, con la voz rota por la furia y el miedo. Pero antes de que pudiera reaccionar, la realidad se quebró a su alrededor, la estructura de la habitación desvaneciéndose en circuitos resplandecientes y fragmentos de código que chisporroteaban bajo su piel.

Y él... ya no sabía quién era.

¿Ser humano? ¿Archivo de datos? ¿Juguete de una mente superior?

La línea se hizo ilegible.

Una pregunta se arrancó de su garganta, ahogada entre ecos que no sabía si eran suyos:

—¿Estoy perdiendo el control de mi propia mente?—

Y a su espalda, el silencio digital contestó con un click seco que heló su sangre.

El puente entre dos realidades estaba a punto de ceder.

Y Leandro no sabía si caería o volaría.

FIN DEL CAPÍTULO