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Chapter 15

Un Nuevo Enemigo

Capítulo 15 Un Nuevo Enemigo

El zumbido tenue del módem de datos reverberaba en la habitación oscura, mientras Leandro se quedaba clavado ante la pantalla, la luz azulada reflejándose en sus pupilas dilatadas. Cada bit de información proyectado parecía un latido irregular arrancado del pecho mismo de Chromática.

Inhaló con fuerza, como si quisiera oxigenar un cuerpo que de pronto se sentía incapaz de moverse. Su corazón no sólo contenía el pulso mecánico aprendido; ahora latía con una urgencia humana, de esas que llenan el pecho con una mezcla de miedo y determinación.

Aquel último dato incompleto. Aquella maldita clave fragmentada.

Un nombre emergió de la maraña: Elián Duarte.

Una voz conocida y al mismo tiempo intangible en la red rebelde. Pero ¿quién era realmente? Leandro no lo había visto nunca en persona. Sólo existía en susurros cifrados y rondas de mensajes fugaces… hasta ahora.

—¿Qué demonios…? —murmuró, presionando el teclado con dedos frenéticos que temblaban.

La ventana del chat se abrió repentinamente, aun sin que él la solicitara. Palabras secas y directas:

“Sabes que no debes seguir escarbando, Leo.”

La pantalla vibró ligeramente con un mensaje entrante más, pero esta vez la fuente era interna, alguien de confianza. Su amigo y aliada, Mara.

El pecho le brincó. Mara... ¿era posible que ella supiera más de lo que decía? ¿O intentaba protegerlo de algo peor?

Prácticamente saltó de la silla, el ruido sordo del golpe contra el suelo le hizo estremecer. No podía permitirse ser manipulado, no por nadie —ni por la voz ronca de su propia paranoia—.

Decidió salir de la seguridad relativa de su apartamento para verificar en el refugio rebelde. Necesitaba respuestas.

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La caminata en la lluvia violenta cortaba sus sentidos. Las luces neón se derramaban en su rostro, mezclándose con las gotas gélidas. La ciudad parecía respirar con un ritmo irregular, sonido constante de sirenas lejanas, motores silbando en la oscuridad.

Al llegar, las puertas pesadas del búnker vibraron mientras entraba. Había algo diferente en el aire, una intensidad que lo clavó en el umbral. No fue recibido con la calidez acostumbrada; en vez de ello, una frialdad contenida le dio la bienvenida.

—Leandro —una voz cortante. Mara emergió de las sombras—. Ya sabías que esto iba a pasar.

—Explica —dijo él, sin rodeos. —¿Quién está detrás?

Ella vaciló apenas un instante, sus ojos eran un océano tormentoso. —Hay alguien más en el grupo. No es sólo un infiltrado —es alguien que ha estado sembrando desconfianza desde dentro.

El rostro de Leandro se tensó. La idea era aterradora: traición. Pero dentro del caos, esa palabra adquiría otra dimensión, más personal, más dolorosa.

—¿Elián? —preguntó, una mezcla de esperanza y sospecha en la voz.

Un gesto mínimo de Mara confirmó la hipótesis, mezclado con miedo palpable. —Él. Lo que encontró no era sólo un secreto oscuro sobre Chromática, sino algo que podría cambiarlo todo. Y ahora, quiere tomar control.

Leandro sintió un frío helado trepar por su columna. Control. La palabra explotó en su cabeza como un disparo. La misma obsesión que Cassandra tenía por la red de conciencias.

—¿Cómo? —inquió, cada músculo tenso—. ¿Qué está haciendo?

—Manipula mensajes, cambia órdenes, pone a unos contra otros... —susurró Mara, como si pronunciarlo fuera convocar una tormenta. —Y lo peor es que no sabemos qué es real y qué es su creación.

El corazón de Leandro golpeó con fuerza, consciente de que toda confianza estaba resquebrajándose.

—Tenemos que descubrir quién está traicionando a quién y por qué —dijo, más para sí mismo que para Mara—. Pero… ¿cómo saber? ¿Cómo confiar cuando la línea entre aliado y enemigo está difusa?

—No queremos que esto explote antes de tiempo —respondió Mara, acercándose con la voz cargada de urgencia—. El plan se desmorona si Elián gana terreno.

Una voz externa interrumpió de forma abrupta.

—Entonces es mejor que escuchen esto.

Una tercera figura emergió de la penumbra: un hombre alto, rostro cubierto con una máscara táctil que reflejaba datos y símbolos al azar.

—¿Quién eres? —exigió Leandro, cada fibra del cuerpo preparada para una confrontación.

—Alguien que sabe demasiado y que no es lo que parecen —contestó el hombre con una voz distorsionada—. Y Elián no es nuestro único problema.

Antes de que pudieran replicar, la máscara proyectó un cadena codificada en el aire: coordenadas de una ubicación secreta en las profundidades de Neo-Terra.

—Allí está la verdad que amenaza con derrumbar todo el equilibrio —dijo el extraño—. Pero cuidado: no todos los que caminan junto a ustedes en la oscuridad están luchando por la misma causa.

Leandro intercambió una mirada rápida con Mara. El peso del silencio se volvió insoportable, como si la propia habitación contuviera el aliento.

—¿Quién está traicionando a quién? —murmuró, sintiendo que cada palabra era un filo cortante.

Y justo en ese instante, las luces del refugio parpadearon violentamente, sumiéndolos durante un parpadeo en la más absoluta oscuridad.

Al recuperar la vista, la pantalla principal del búnker mostraba un mensaje claro, brillante y helado:

“LA TRAICIÓN VIENE DE DENTRO. ELIÁN NO ES QUIEN CREEN. PREPÁRENSE.”

Leandro sintió un frío acuchillar su espalda. La pregunta flotaba, punzante, mientras la tormenta rugía sin clemencia afuera.

¿Quién está traicionando a quién y por qué?

Y en ese instante, todas las certezas se desvanecieron.

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[CONTINUARÁ...]