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Chapter 14

Ecos del Pasado

Capítulo 14 – Ecos del Pasado

El frío punzante del aire artificial caló hasta sus huesos, pero no era el frío de la habitación. Era el hálito gélido de una presencia que desenterraba ideas que creía olvidadas, sepultadas en el sótano oscuro de su memoria.

La figura en la pantalla no era solo un rostro cualquiera. Era ella. Cassandra Greyraven. Volvió a verlo, pero ahora con los ojos bien abiertos, atrapados en esa malla líquida de hologramas y datos que incendiaban la habitación con un brillo azul neón.

Leandro sintió que el corazón le daba un vuelco, una brusca sacudida interna que le arrebató el aliento por un instante demasiado largo. El eco de aquel rostro le perforó la mente como un cuchillo invisible. Pero entonces, una alerta silenciosa vibró desde el implante en su sien: la reactivación de un archivo bloqueado, un código encriptado enterrado bajo capas de negación.

—No… no puede ser —susurró, la voz apenas un hilo quebrado al borde del abismo.

Sus dedos más temblorosos de lo habitual se acercaron al panel táctil frente a él, pulsando con vacilación. El implante crujió, como si protestara por el trauma que estaba a punto de liberar.

En un parpadeo, la habitación se desdibujó, y él fue arrastrado hacia un río de recuerdos que las sombras del tiempo le habían negado.

Primero, un salón inundado por una luz cálida y opaca. Voces distantes pero amorosas, una risa infantil entrelazada con el eco de una promesa no cumplida. Sintió la textura rugosa de un sobre cerrado, una carta sin abrir.

Luego, el crujido metálico de una puerta forzada, el olor acre a quemado y a desinfectante. Gritos — no de miedo, sino de súplica— resonando contra paredes invisibles. Una figura oscura con ojos que no reflejaban humanidad. Y, finalmente, la explosión sorda que sacudió todo su mundo.

Su mente se rindió, archipiando en el caos del recuerdo. Pulmones aferrados al vacío, los dedos encogidos en un intento inútil por retener lo que ya se desvanecía.

Pero entre ese tumulto apareció un rostro más cercano, más dolorosamente íntimo. El de su madre. Y en sus labios, una última súplica hecha eco:

—Protege tu esencia, Leandro… No dejes que nadie la borre…

Las lágrimas le estallaron en los ojos. No era solo su implante el que estaba despertando. Era su humanidad, desnuda y frágil, confrontada con la bestia de la tecnología que le había prometido poder.

Arrastrándose fuera de la vorágine de su mente, abrió los ojos con un jadeo ahogado. Todo había quedado suspendido en un susurro, como si el mundo contuviera la respiración.

En ese instante, la voz de Cassandra volvió a romper el silencio, ahogada por el hálito ominoso del sistema que la sostenía:

—Leandro… sabes lo que está en juego. Pero la verdad que buscas puede destruirte.

Él la miró fijamente, con cada músculo crispado. El caos en su interior temblaba al borde de un abismo, preguntando si podía soportar la carga que ese recuerdo quería arrojar a la superficie.

¿Podrá aceptar la verdad que su mente quería ocultar?

Un nuevo parpadeo en la pantalla, un destello casi imperceptible... y el capítulo se cerró cuando un último dato incompleto surgió ante sus ojos, una clave fragmentada, una promesa de lo oscuro que estaba a punto de descubrir.