Chapter 9
Capítulo 9 La Infiltración
El cuarto estaba en tinieblas. Sólo la tenue luz plateada que colaba la luna a través de la ventana perforaba la negra opacidad, dibujando sombras alargadas sobre las paredes. El tercer golpe reverberó en el aire como un disparo, y Kael se quedó congelado, los músculos tensos como cuerdas a punto de romperse.
Sus ojos buscaron desesperados en la penumbra, su respiración se aceleró, seca y cortada. El eco de aquel sonido seguía vibrando en sus oídos, un latido extraño que lo sacudía desde el fondo. El silencio volvió a caer, pesado, casi intangible. Pero ya nada sería igual.
“No debería estar aquí,” pensó, mordiendo el borde inferior de sus labios con fuerza. El frío en su nuca subió como un escalofrío punzante mientras tensaba el puño bajo la mesa.
Un cuarto de segundo, y luego otro sonido. Apenas perceptible: el roce casi imperceptible de zapatos arrastrándose por el suelo. Alguien más estaba dentro. Cerca. Demasiado.
Antes de que pudiera girarse, una sombra emergió desde el borde de la habitación, alzando una mano con un gesto que buscaba calma.
—Kael —susurró la voz, ronca, conocida. Una voz que golpeó su pecho igual que un puñetazo.
—Tsk. ¿Eres tú? —Kael frunció el ceño, el brillo oscuro de sus ojos ahora clavados en la figura media oculta.
Un hombre se acercó con pasos firmes y pausados. Era Jarek, uno de sus más fieles subordinados. Cabello oscuro, mandíbula cuadrada, ojos tan inquietantes como la noche. Pero en ese instante, algo en su mirada destelló con una frialdad glacial que no le pertenecía.
Kael respiró hondo, intentando leer tras aquel cambio inesperado. “¿Cómo…?”
—Nunca imaginé que vendrías a buscarme esta noche —dijo Jarek en voz baja, dejando escapar una media sonrisa que no alcanzó a sus ojos. Luego clavó su mirada en Kael con una mezcla de dureza y remordimiento casi imperceptible.
—¿Qué haces aquí? —La advertencia había crecido en su voz, firme y sin fisuras.
Jarek dio un paso más, acercándose hasta que la luna delineó sus facciones faceta por faceta.
—No tienes idea de lo resbaladizo que es el suelo en el que pisamos, Kael —susurró, cargando sus palabras con veneno y una tristeza amarga—. No todo es como tú crees. Ni siquiera entre los que llamamos hermanos.
Kael se tensó, buscando una salida en el ángulo de la habitación, en el silencio que parecía tragarlos.
—Hablas en enigmas. Háblame claro.
—Porque, Alfa, he estado oyendo cosas. Cosas que no deberías saber.
La mano de Jarek se deslizó bajo su capa, y por un instante, Kael vio el destello metálico de un objeto pequeño: un cilindro, quizás, o un aparato.
—¿Traidor? —la palabra rugió en la garganta de Kael, más un cuchillo que un reproche.
Jarek bajó la mirada, una sombra oscura cruzando su semblante.
—No, no soy enemigo. Sólo sigo órdenes superiores. Algo ha cambiado en nuestro propio suelo.
—¿De Alden? —Kael entrecerró los ojos, intentando analizar cada músculo, cada pausa.
—Correcto. Alden Vraem. Él no está muerto ni olvidado, Kael. Su veneno ahora corre por dentro.
La revelación cayó sobre Kael como un golpe helado. La traición clavada en su círculo interno.
Un frío punzante en el estómago, como si la luna misma se riera de su ingenuidad.
—¿Desde cuándo? —Fue Kael quien preguntó, bajando la voz para que solo la luna pudiera oír.
—Desde antes de que tú te enteraras. —Jarek exhaló con pesar—. Yo también creí en la manada... hasta que comprendí que mi lealtad no podía permanecer ciega.
Kael abrió la boca para reprenderlo, para desgarrar aquella fachada con furia extrema.
Pero la verdad fue más afilada que cualquier palabra: no podía confiar. No ahora. No de nuevo.
Entonces, un sonido apagado resonó desde el bolsillo de Jarek. Un vibrar sutil, casi imperceptible. La mascota de la tecnología humana irrumpiendo en aquel santuario ancestral.
Jarek sacó el aparato con rapidez, leyendo el mensaje en la pantalla enviada por Alden.
Un enjambre de emociones se precipitó sobre Kael: ira, desesperación, miedo y una rabia violenta.
“Esto no termina aquí,” pensó mientras veía las líneas luminosas escaparse en la pantalla.
—¿Qué planeas hacer con esa información? —La voz de Kael fue un filo afilado, punzante.
Jarek no respondió. Su mirada se perdió en las sombras, y una oscura sonrisa comenzó a formarse en sus labios.
—El juego apenas comienza, Alfa.
La luna, testigo silenciosa, brilló con una intensidad renovada.
Y afuera, la noche se erizaba, respirando peligros antiguos y secretos sellados con sangre.
Porque la verdadera intrusión no estaba afuera, sino dentro.
Y la manada, una vez más, estaba a punto de quebrarse por el filo de una traición.