NoveliqaBajo la Luna del Destino: El Alfa y Su Kader Eşi / Confesiones Bajo la Luna :0%
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Chapter 8

Confesiones Bajo la Luna

Capítulo 8 Confesiones Bajo la Luna

El eco del rugido no cesaba de reverberar entre las paredes del refugio, dejando un aire denso, como si la misma oscuridad se hubiese vuelto palpable. Kael sintió cómo el frío se colaba en sus huesos, pero era un frío distinto, uno que no venía del exterior sino de dentro: un hormigueo helado que le paralizaba el pecho.

—¿Quién... quién fue? —La voz de Lira, quebrada por el temor, temblaba como la llama de una vela expuesta a la tormenta. Sus ojos buscaban en la penumbra las señales de una amenaza invisible.

Kael no respondió enseguida. Su mirada atravesaba el umbral abierto, clavando en la sombra un filo de advertencia tan agudo que parecía cortar el aire. Allí, el contorno del pasillo parecía haberse doblado, distorsionado por un peso que nunca antes había sentido en su hogar.

—Está aquí —murmuró Kael, su voz apenas un suspiro, pero suficiente para que Lira sintiera un estremecimiento profundo.

Ella se acercó, apoyó una mano temblorosa en su pecho. Podía escuchar el latido poderosa de su corazón, un tambor implacable que desafiaba la amenaza. En ese instante, dos cuerpos tan diferentes, pero tan entrelazados ahora, compartían un resguardo intangible: la confianza.

—No dejaremos que te arranquen de nuevo —dijo ella con una firmeza que sorprendió a ambos. Un juramento silencioso, tejido en la penumbra de sus nervios.

Kael posó su mano sobre la de ella, un gesto simple que encendió un fuego controlado. Sabía que esas punzadas de coraje nacían de un vínculo que la luna había tejido con hilos invisibles.

Respiraron al unísono, dejando que el calor de sus cuerpos disolviera, aunque fuera por unos instantes, el frío que acechaba.

—Hace mucho tiempo... —comenzó Kael, pero dudó, tragó el nudo que le subía por la garganta.

Lira le sostuvo la mirada, esa mirada que pedía verdades a gritos aunque temiera oírlas.

—Cuéntame —insistió, la voz quebrada pero valiente.

Kael bajó la mirada, como si aquel momento fuera un río de espejos que reflejaba todas sus cicatrices.

—No solo lucho por la manada. —Su confesión se deslizó lenta, como un arroyo oscuro—. Cada noche, cuando la luna se alza, la culpa me consume. Recuerdo... recuerdo a los que no pude salvar.

Lira extendió los dedos, rozó la línea marcada en su mandíbula, ese rastro de batalla que siempre había escondido tras la fachada de Alfa indomable.

—No estás solo —susurró, su aliento cálido contra la piel de Kael.

En los ojos de Kael se dibujó una tormenta de emociones: dolor, esperanza, deseo. Sin apartar la vista, tomó la mano de Lira, apretando con suavidad, pidiendo permiso para entrar más profundo en esa defensa que había levantado.

—¿Y tú? —preguntó—. ¿Qué miedo llevas contigo?

Lira cerró los ojos un instante, como si abriéndolos de nuevo cargara con más valor.

—Temo perderte —confesó—. No solo a ti, sino lo que significa nuestro encuentro. Que esta conexión que la luna nos dio, se quiebre ante la presión del mundo. A veces siento que soy una sombra bajo la luz de tu poder, que no merezco estar aquí como tu Kader Eşi.

Kael apretó los labios, conmovido por la sinceridad brutal.

—Eres la tormenta y el refugio —dijo con voz firme—. Y si la luna nos unió, nadie podrá separarnos tan fácilmente.

Entonces, el silencio les envolvió como una amante silenciosa, profunda, rellenando los vacíos que las palabras no podían alcanzar.

Desde la ventana, la luna llena se alzaba majestuosa, bañando la habitación en un resplandor plateado que parecía bendecir esa alianza naciente. Sus rayos trazaban sombras en la piel de ambos, un mapa de promesas y peligros entrelazados.

Pero esa paz fue corta.

Un crujido afuera, áspero y seco, irrumpió la calma.

Kael se giró al instante, ojos flameando en alerta. Su instinto Alfa rugió en su interior, una advertencia feroz.

—Alguien nos observa —susurró—. Y no es un visitante cualquiera.

Lira se puso a su lado, pecho contra pecho, sintiendo el pulso acelerado, la certeza de que el enemigo estaba más cerca de lo que imaginaban.

—Entonces prepárate, Kael. Juntos, pase lo que pase.

Él asintió, y justo cuando el primer pie golpeó el suelo del corredor, la puerta de la cabaña vibró bajo un golpe fuerte y rudo, como un desafío directo.

Kael apretó la mandíbula. El pasado y el presente chocaban en esa puerta, amenazando no solo su libertad, sino la posibilidad misma de ese futuro que los dos soñaban.

—¿Podrá nuestro amor sobrevivir a las amenazas externas? —pensó con una mezcla de temor y determinación.

La luna observaba, impasible, mientras la oscuridad afuera esperaba para devorar.

El silencio se rompió con un tercer golpe, preciso y definitivo.

Y la noche comenzó a temblar.