NoveliqaBajo la Luna del Destino: El Alfa y Su Kader Eşi / La Marca del Destino :0%
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Chapter 6

La Marca del Destino

Capítulo 6 La Marca del Destino

El silencio cayó como un golpe de hielo, ajustándose al pecho de Kael con la presión de una cadena invisible.

La voz — su nombre pronunciado con una mezcla de viejo rencor y desafío — aún vibraba en el aire denso de la habitación.

Sus músculos se tensaron, casi a punto de ordenarle a su mano ir a la empuñadura que siempre llevaba oculta bajo la chaqueta de cuero negro. Pero algo más lo detuvo; un pensamiento brutal, un recordatorio amargo envenenado: el peligro estaba dentro, y no pertenecía a cualquiera.

Algunos ojos lo buscaban, dispuestos a desafiarlo, a desconfiar de la figura oscura tras la puerta.

—¿Quién está ahí? —la voz aguda de Mira rompió el peso, exigiendo respuestas pero temblando por dentro.

Kael se giró lentamente, apretando la mandíbula. «No es el momento para dudas», pensó. Cada latido de su corazón acelerado empujaba una necesidad desesperada: proteger a su manada.

Entonces, la puerta crujió con lentitud ominosa, abriéndose un palmo solamente, lo suficiente para que una sombra se deslizara, negra contra la luz amarillenta del pasillo.

—Has olvidado algo, Alfa —musitó aquella figura, con voz rasposa, cargada de historia y odio.

Kael tragó el nudo en su garganta, recordando la caída de la manada que una vez fue — y que Alden Vraem buscaba reducir a cenizas de nuevo.

Pero entonces, un sonido diferente apagó momentáneamente la tensión: un ligero vibrar, como un suspiro, apenas perceptible pero imparable, proveniente del bolsillo interior del abrigo de Lira.

Kael lo sintió antes que ella. Su Kader Eşi había recibido una señal.

Lira bajó la vista, las pupilas abruptamente dilatadas. La piel se le erizó, y sus dedos comenzaron a temblar mientras tocaba una pequeña piedra que brillaba con una luz azul pálida, fría como mármol.

—¿Qué... qué es eso? —inquirió Mira, dando un paso hacia Lira, intrigada y cautelosa.

Lira recitó con voz susurrante, intentando que no temblara:

—Es una marca... el sello del destino.

Un murmullo recorrió la sala mientras la piedra proyectaba sombras danzantes sobre las paredes, iluminando el rostro pálido de Lira, marcado con una línea plateada que antes no estaba.

Kael cruzó la habitación, cada paso pesado como una sentencia, y después de una pausa que pareció un abismo, tocó la piel luminosa de Lira, que vibraba bajo su contacto.

—Es la profecía —sentenció Kael, sin apartar la mirada de los ojos de ella—. Solo se revela cuando la conexión entre un Alfa y su Kader Eşi es irrompible... cuando el peligro está más cerca que nunca.

Lira tragó saliva, sintiendo en su pecho un calor opresivo y a la vez electrizante. Las palabras de Alden resonaban en su mente con una amenaza invisible: “Has olvidado algo”.

—Entonces, ¿qué nos dice? —murmuró ella, la voz quebrándose apenas un segundo antes de que su expresión se endureciera.

Kael se hizo a un lado para que Lira pudiera ver la avalancha de símbolos que emergía de la piedra, trazados en el aire por una luz etérea. Se dibujaron imágenes: un lobo solitario, dos figuras entrelazándose bajo una luna llena, y una espiral descendente que parecía devorarlo todo alrededor.

—Habla de nosotros —dijo Lira, tragando el miedo que intentaba nublar su mente—. Dice que no sólo estamos conectados... sino que nuestro futuro está marcado por la guerra, la traición y, también... por el renacer.

Un silencio pesado cayó sobre ellos, cargado con la electricidad del descubrimiento.

Kael apretó los puños, recordando las palabras del traidor no invitado: la sombra del pasado estaba a punto de reavivarse para destruirlo todo.

—Si esto es cierto —dijo Kael, con voz dura, mientras sus ojos negros se hundían en los de Lira—, entonces no hay marcha atrás. Nuestra unión ha sellado un destino que sólo la luna puede entender.

Lira asintió, con los labios apretados.

De repente, un ruido seco desde afuera los hizo girar con rapidez: alguien golpeaba la vieja puerta del refugio con fuerza implacable.

—Eso no es un amigo —susurró Mira, el miedo tatuado en su voz—.

Kael dio un paso adelante, la tensión en sus músculos convirtiéndose en energía pura, lista para la batalla.

—Prepárense —ordenó, mirando a su manada—. Porque la Marca del Destino acaba de dejar de ser un misterio.

Y cuando la puerta crujió violentamente bajo el impacto de un nuevo golpe, Kael supo que la profecía no había hecho más que empezar.

¿Pero qué era esa espiral que consumía toda luz? ¿Sería la señal de que la destrucción estaba en marcha?

Solo la luna lo sabía.

Y la luna nunca mentía.