NoveliqaBajo la Luna del Destino: El Alfa y Su Kader Eşi / Sombras del Exilio :0%
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Chapter 4

Sombras del Exilio

Capítulo 4 Sombras del Exilio

Un silencio sepulcral se apoderó de la sala común bajo la tenue luz que pendía del techo de vigas envejecidas. Los murmullos cesaron abruptamente, y el aire se volvió denso, cargado con un electrizante escalofrío que hacía que cada peldaño en la escalera crujiera como la amenaza inaudible de un lobo al acecho.

Kael apretó los puños, sintiendo el sudor frío correr por sus sienes mientras el eco de aquella última pregunta se clavaba como un puñal invisible en su garganta:

¿Qué secreto tiene Lira que podría poner en riesgo a la manada?

En ese instante, un golpe seco resonó contra la madera de la puerta principal. Era un sonido demasiado firme para ser casual, demasiado insistente para ser cortesía — un llamado oscuro al pasado que nadie en Lunarcrest esperaba volver a escuchar.

—¿Quién...? —la voz grave de Kael cortó la duda, un hilo de advertencia en cada sílaba. Se acercó con pasos decidido, el pelaje de su nuca erizándose bajo la presencia inminente.

La puerta se abrió con un chirrido astillado y una silueta apareció envuelta en sombras, como una tormenta que se desplaza con calma antes del estruendo. Una figura conocida y temida, sus ojos ardiendo con un fuego helado, perforaron la penumbra para clavarse sin piedad en los presentes.

—Volví, Kael —la voz de Alden Vraem rompió el aire frío como cuchillas de hielo—. Después de años entre el exilio, la sombra que dejaste atrás regresa para reclamar lo que es suyo.

El murmullo se transformó en un oleaje de tensiones contenidas; algunas almas retrocedieron, otras se tensaron, dispuestas a luchar en defensa de su Alfa. El retorno de Alden no era simplemente un reencuentro, era una invasión disfrazada de memoria.

Kael salió al umbral, enfrentando la figura que una vez fue hermano de armas y ahora era verdugo de recuerdos oscuros.

—No eres bienvenido aquí, Alden —su voz retumbó con autoridad, pero ocultaba un precipicio interno donde luchaba contra su propia sombra—. ¿Qué buscas? ¿Venganza o destrucción?

Alden sonrió, un gesto que no alcanzó a la calidez sino que se curvó en puro veneno.

—Ambas. Lunarcrest no será más que cenizas bajo mi mando. Tu reinado ha acabado, y yo soy la tormenta que limpiará la corrupción que dejaste.

Alrededor, los lobos de la manada se alistaban, sus ojos brillando entre la rabia y el miedo, sus músculos tensos listos para el combate. Pero Kael levantó una mano, una señal silenciosa para contener el ímpetu. Sabía que la batalla no era solo física. Era un conflicto de voluntades, de traiciones enterradas, y de secretos que todavía latían como bombas de tiempo entre ellos.

—¿Qué quieres exactamente, Alden? —la voz de Kael se hizo hierática, como el filo de una cuchilla raspando la piel—. No voy a dejar que destroces lo que he reconstruido.

—Quiero algo que me pertenece —respondió Alden, y de inmediato sus palabras se impregnaron de un peligro palpable—. El poder que tú robaste, la lealtad de la manada y... sobre todo, a ella.

El rostro de Kael se endureció, cada músculo rígido. Aquella palabra detonó en su mente como un disparo. Alden no se refería solo a la manada, ni a las tierras sagradas, sino a Lira.

—No juegues con fuego que no puedes controlar —gruñó Kael, sintiendo cómo se enroscaba una serpiente de ira y temor bajo su piel—. Si crees que tocarás a Lira, tendrás que pasar sobre mi cadáver.

Un escalofrío se deslizó entre los presentes. Alden dio un paso adelante, y por un instante, la distancia entre ellos se redujo hasta casi tocarse, la tensión en el aire vibrando como el preludio de una tormenta sin tregua.

—Eso es exactamente lo que planeo —susurró Alden con una sonrisa cruel—. Porque ya no eres el Alfa que creías ser. Y la luna... la luna siempre revela la verdad, Kael, por más oscuro que sea el destino.

En ese momento, un aullido lejano cortó la noche, un lamento que recorría los árboles ancestrales y reflejaba la batalla interna de cada lobo en Lunarcrest.

La puerta se cerró de golpe, la sombra de Alden impregnando el umbral con un veneno invisible. Kael giró sobre sus talones, y sus ojos buscaron a Lira entre la multitud. Ella le devolvió una mirada llena de preguntas y advertencias silenciosas.

—Debemos prepararnos —susurró Kael con voz firme pero quebrada—. Alden no solo ha vuelto. Ha traído consigo el exilio... y una oscuridad que amenaza con consumirnos a todos.

Un golpe resonó en el corazón de la manada. La luna dormida empezó a despertar, y con ella, las leyendas que nadie esperaba revivir.

Pero, en la penumbra de aquella noche interminable, solo una pregunta ardía más fuerte que las llamas del destino:

¿Qué planes siniestros trae Alden para Kael y los suyos?

El viento susurró entre los árboles, y el eco de un futuro incierto se deslizó en la noche, con promesas de traiciones, alianzas rotas y secretos que aún estaban por ser revelados.

Kael apretó las mandíbulas, sabiendo que debajo de la luna llena, la verdadera batalla apenas comenzaba.