Chapter 3
Capítulo 3 Secretos en la Oscuridad
El silencio tras la mención de aquel nombre —Alden Vraem— no se quebró con palabras, sino con la respiración accidentalmente entrecortada de Kael. La atmósfera en la habitación se volvió densa, casi palpable, como si la misma noche se enredara entre las sombras de sus mentes.
Lira, de pie cerca de la ventana, giró lentamente para enfrentarlo. Sus ojos, oscuros como el abismo de un pozo sin fondo, parpadearon apenas, ocultando algo mucho más complejo que la incertidumbre o el miedo.
—Kael —su voz descendió a un susurro firme, con la autoridad de quien lleva una verdad demasiado pesada—, hay cosas que no puedo contarte todavía.
El Alfa arqueó una ceja con una mezcla de desafío y alerta; el ceño fruncido se marcó en su rostro como una grieta profunda.
—¿Por qué? —musitó, al borde de un reclamo contenido—. Estamos en un momento donde toda verdad podría salvarnos... o condenarnos.
Lira apartó la mirada hacia las sombras lejanas del bosque que la luna apenas iluminaba. El frío de la noche se colaba por la rendija del cristal, pero parecía no afectarla. Un temblor leve giró en su garganta antes de que sus labios se curvaran en una media sonrisa amarga.
—No todo lo que guardo es un secreto inocente, Kael. Mi pasado... está entretejido en una red oscura que, si se revelara, no solo pondría en peligro a la manada, sino a ti.
Una punzada afilada le apretó el estómago. Él se acercó con pasos firmes, como si al hacerlo pudiera atravesar las barreras invisibles que aquella mujer levantaba alrededor de su alma.
—¿Quieres decir que hay algo más allá de ser simplemente tu Kader Eşi? —inquirió, la voz baja, casi un roce.
—Mucho más —respondió ella, sin mirarlo—. Antes de llegar aquí, antes de conocerte... aprendí a esconder partes de mí que harían que me vieras con otros ojos.
Un estremecimiento recorrió la piel de Kael. Porque en sus palabras no había arrepentimiento, sino advertencia.
El silencio volvió a caer, pero cada segundo pesaba como una condena. La luna, en lo alto, parecía detenerse a observar.
—Solo te pido una cosa —dijo Lira, entrelazando sus dedos delante de ella—: confía en mí. Cuando el momento sea el correcto, todo saldrá a la luz. No seré yo quien destruya lo que construimos.
Kael la estudió. La intensidad en su mirada fue más elocuente que cualquier promesa vacía. El hombre que había aprendido a proteger su manada por encima de todo, sentía ahora que la verdadera batalla era desentrañar lo que guardaba su Kader Eşi.
De repente, un ruido seco, sutil pero implacable, vino de la puerta tras ella. Ambos giraron, alertas.
—¿Viste eso? —preguntó Kael, con la mano descansando sobre el pomo de su daga.
Lira negó con un leve movimiento de cabeza.
—No... pero no estamos solos.
Un escalofrío más frío que el viento nocturno descendió por la columna vertebral de Kael.
Atrás quedó la certeza fugaz, y delante se extendía un horizonte de incertidumbres. Pero lo que más lo inquietaba era el secreto que Lira ocultaba, ese que podría desgarrar la manada desde adentro.
Mientras la luna brillaba implacable, la pregunta latía más fuerte en el aire cargado de tensiones:
¿Qué secreto tiene Lira que podría poner en riesgo a la manada?
Y en esa sombra, la noche apenas comenzaba a revelar sus verdaderas intenciones.