Chapter 15
Capítulo 15: Doble Juego
El torbellino de silencio se rompió por un gruñido largo, rasgado, que se elevó desde la oscuridad. Kael giró en un movimiento instintivo, sus ojos buscando la fuente de aquella amenaza invisible. La luna, alta, tintineaba entre las hojas, dando a la noche un brillo espectral que parecía amplificar cada sombra.
—¡Identifícate! —rugió Kael, su voz cortando el aire helado como un cuchillo.
Un cuerpo emergió de entre los árboles con una velocidad que hizo vibrar el suelo. Era Joran, su beta, y las líneas de sudor surcaban su rostro, ojos febrilmente alertas.
—Alfa, —jadeó con dificultad—. Nos han tendido una trampa... alguien dentro de la manada está jugando en dos bandos.
El corazón de Kael dio un brinco, un peso firme aplastando su pecho. La traición, el látigo invisible que siempre temió, ya estaba aquí, enroscándose entre los suyos.
—¿Qué has visto?
Joran bajó la voz hasta un susurro, con un temblor perceptible.
—Mientras patrullaba, escuché a alguien hablar con un mensajero afuera del bosque. Palabras de traición, de entregar terrenos y secretos de Lunarcrest. El traidor... no es un desconocido. Está mucho más cerca de lo que imaginamos.
Kael frunció el ceño. Sus ojos ardían como brasas enajenadas, buscando en las caras conocidas una chispa de culpa. Su mente repasaba nombres, desechando y sopesando posibles traidores.
—Convoca a los alfas subordinados. Ninguno se mueve sin mi orden. Esta noche, el doble juego termina.
Mientras Joran corría hacia la manada, Kael se quedó en el borde del claro, sintiendo cómo el aire se espesaba, cargado de tensión no dicha. La luna menguante parecía burlarse de él, lanzando sombras alargadas como dedos acusadores.
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En la guarida principal, el ambiente bullía con una electricidad contenida. Voces bajas, miradas intolerantes. Kael entró con todo el peso de su autoridad.
—He ordenado un cierre total —anunció sin circumloquios—. No saldrán, ni nadie entrará hasta que descubramos al traidor.
Alden Vraem estaba ahí, oculto entre la multitud, un fantasma que observaba con ojos fríos, midiendo cada palabra, cada gesto. La tensión sobre el pelaje de la manada se volvía casi palpable.
En la penumbra, Kael la vio a ella; su Kader Eşi, iluminada por los rayos irregulares que se colaban entre las grietas del techo. Sus ojos brillaban con algo entre miedo y determinación. Aquel vínculo, la promesa sagrada que ambos compartían, parecía alentarle en medio del caos.
—Tengo que hablar con usted, Kael —dijo ella, su voz baja pero firme, acercándose.
—No ahora. —Kael no apartó la mirada de su manada—. Estamos siendo asesinados desde dentro.
Pero la chica no cedió.
—El traidor no solo juega con nuestras vidas, sino con las suyas. Estoy segura.
Aquella certeza fue un golpe directo al plexo de Kael. ¿Podía ella captar lo que muchos retardaban? El peligro, la traición como una serpiente venenosa que se enroscaba en sus corazones.
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La reunión comenzó. Uno a uno, los alfas subordinados fueron interrogados, sus palabras cuidadosamente analizadas, sus pupilas dilatadas por la ansiedad.
Las acusaciones volaban y se desvanecían como humo. Nadie estaba fuera de sospecha. Incluso Joran recibía miradas inquisitivas.
De repente, un grito rasgó la sala: —¡Basta! —Kael alzó la voz, imponiendo silencio—. Esto no es un juicio. Es una búsqueda de verdad.
Y justo cuando el caos parecía alcanzar su punto álgido, la guarida se sumió en una oscuridad absoluta. Un apagón imprevisto.
Los murmullos crecieron en una ola creciente de miedo.
Kael encendió una pequeña lámpara de aceite, el fuego temblón proyectando sombras danzantes en las paredes, pero aquello fue suficiente para desencadenar algo dentro de él: la necesidad urgente de saber quién, exactamente, estaba jugando el doble juego.
Pero antes de que pudiera decir algo, un golpe seco resonó en la puerta.
El tiempo se detuvo.
Todos los ojos se fijaron en Kael.
—¿Quién caerá primero en esta traición definitiva? —murmuró alguien, apenas audible.
Y en ese instante, la puerta crujió y comenzó a abrirse lentamente.
FIN DEL CAPÍTULO 15