Chapter 7
Las luces de la oficina parecían derretirse en longitudes irregulares, como si el tiempo se disolviera en ese instante exacto. Alba se apoyó contra la fría ventana, el pulso desbocado y la mirada perdida en la ciudad que seguía su ritmo frenético abajo, indiferente a sus guerras internas.
Marcelo estaba a su lado, la boca seca, la frente perlada por un sudor que no había presencia física pero sí emocional. El silencio se tensaba, espeso, hasta que por fin su voz rompió la atmósfera como un cuchillo deslizándose apenas por la piel.
—Alba... hay algo que debes saber. —Sus palabras parecían masticadas, difíciles de pronunciar, como arrastrando una piedra invisible.
Ella no se dio vuelta. El aroma tenuemente amaderado de su colonia la rozaba, confundiendo aquello con un intento desesperado de mantener la compostura.
—Confía en mí —susurró él—. No es solo el contrato, no solo la empresa o la herencia. Hay heridas más profundas... y no puedo cargar con ellas solo. No contigo. No más.
Alba sintió cómo una brisa helada serpenteaba la nuca. Se volvió lentamente, enfrentando el tormento contenido en su mirada. La luz reflejaba un brillo líquido, y en su voz había algo quebrado que cortó cualquier barrera de distancia.
—Hace años, antes incluso de que conocieras a Iván, hubo una traición —dijo Marcelo, bajando la voz a un tono confidencial y urgente. La tensión creció entre ellos, una atmósfera cargada de secretos a punto de estallar—. Iván no es solo un ambicioso con sed de poder... fue el que propició la caída de mi padre.
Un ladrido lejano rompió la quietud. El peso se acumulaba en el pecho de Alba, sus dedos apretándose por instinto contra el marco de la ventana.
—Él manipuló a mi padre para que firmara documentos fraudulentos, que dejaron a la empresa al borde del colapso. Fue una daga clavada en la espalda de nuestra familia... y Marcelo— su voz se quebró— él nunca me lo dijo porque quería protegerme.
Alba sintió que el suelo bajo sus pies se desvanecía. ¿Protegerla? ¿De qué? Entonces la traición adoptó una nueva forma, más personal, más dolorosa. Su mirada se nubló, la respiración se aceleró, y el eco de un latido doloroso retumbó en su cabeza.
—¿Por qué ahora? —preguntó ella, con un hilo de voz, como si temiera la respuesta—. ¿Por qué soltaste esto justo después de firmar el contrato?
Marcelo dio un paso más cerca, la expresión huesuda, marcada por el cansancio de años.
—Porque ya no puedo ocultarlo. Porque cada vez que te veo dudar, cada vez que tu mirada se pierde en lo que no entiendes, siento que te estás hundiendo con nosotros. Tú no mereces esta mentira, Alba. Mereces toda la verdad, aunque duela.
Los segundos se hicieron eternos. El silencio les envolvía y, en esa ausencia de ruido, la historia oculta tembló al borde de romperse.
Ella sacudió la cabeza, una mezcla de confusión, dolor y rabia escondida aflorando a la superficie.
—¿Entonces todo lo que hicimos? ¿Firma tras firma, palabra tras palabra... fue sobre mentiras?
Marcelo agachó la cabeza, el peso de su culpa expuesto en cada músculo.
—No todo fue mentira, pero sí que hubo sombras. Iván es más peligroso de lo que imaginábamos, y esto es solo la punta del iceberg.
Alba sintió un nudo ascender por su garganta, y sus labios temblaron al intentar formar las palabras que replicaran ese descubrimiento.
—¿Y qué se supone que haga con todo esto? ¿Con esta traición enterrada en el corazón de tu familia?
Él la miró fijamente, con una mezcla de desesperación y esperanza.
—Ayúdame a detenerlo. Y tal vez, solo tal vez, podamos salvar lo que queda... antes de que sea demasiado tarde.
Entonces, justo cuando el silencio se espesaba otra vez, un sonido abrupto resonó en la puerta de la oficina. Un golpe seco, firme y definitivo.
Marcelo y Alba se miraron, la tensión cortándose con el filo del miedo.
¿Quién podría ser a esas horas?
La respuesta aguardaba, y el secreto recién revelado pendía en el aire, inamovible.
Un último golpe. Luego, el silencio.
El juego apenas comenzaba.