NoveliqaAscenso Prohibido: El Sistema Oculto de Poder / La Sombra de Evelyn Mora :0%
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Chapter 3

La Sombra de Evelyn Mora

Capítulo 3: La Sombra de Evelyn Mora

El eco del golpe aún vibraba en sus oídos cuando Alejandro se incorporó con un jadeo ahogado. El suelo áspero había absorbido la caída, pero no el frío que le caló hasta los huesos. La lluvia, fría y tenaz, comenzaba a filtrarse entre los resquicios de la desvencijada estructura donde se ocultaba, tambaleándose. Cada gota que le resbalaba por la piel parecía un zumbido bajo su cráneo, un recordatorio punzante de que estaba aún atrapado en la telaraña invisible de aquellos que vigilaban.

—No puedo quedarme aquí —murmuró, arrastrándose hacia la penumbra del callejón—. No después de eso.

El sistema brilló en su visión periférica: un parpadeo, casi casual, un aviso tonto, pero inconfundible. Dos siglas en rojo parpadeaban—E.M.—, una marca impossible de ignorar. Evelyn Mora.

El nombre se clavó en su mente como una daga afilada. La mujer de la que había sentido hablar en susurros, la figura en las sombras que manejaba los hilos con frialdad glacial. Tanta gente había desaparecido, silenciados por órdenes invisibles, y ahora Alejandro entendía que ella era la línea que conectaba el miedo, la violencia y el control absoluto.

Un suspiro se escapó entre los dientes apretados. No era solo un enemigo más; era la encarnación del sistema que quería derribar. La menos visible, pero la más letal.

Los dedos le temblaron mientras revisaba el dispositivo que ocultaba en la muñeca. Su sistema secreto aún parpadeaba con promesas difusas, mostrando habilidades que apenas empezaba a comprender, pero también mensajes cifrados, advertencias subliminales.

“Eliminar amenaza” era la orden silenciosa borrada en un mensaje fugaz.

Alejandro tragó saliva, sintiendo cómo la piel se erizaba en la nuca. No estaba solo.

Un ruido metálico rompió el silencio: el roce sutil de una cadena, quizás un arma, o el eco de unos pasos demasiado cuidadosos. Detrás de uno de los contenedores oxidados, la sombra se movía con precisión quirúrgica, como si conociera cada paso, cada rincón, cada respiración.

Una voz que se quedó atrapada en su garganta.

El corazón galopó sin control.

—¿Quién está ahí? —susurró Alejandro, intentando aferrarse a la calma, pero la voz le salió áspera, lejana—. No tienes que hacer esto...

Nada respondió, solo un silencio espeso, un vacío que se cerraba y estrangulaba.

En ese instante, a través de la retina, la oscuridad pareció contraerse, un destello, un parpadeo inhumano. Reconoció la presencia antes de verla: una figura elegante, impecable, con un aura que destilaba poder frío, una presencia que helaba la sangre.

Evelyn Mora apareció entonces, como una sombra portando un veneno invisible, una marea que no se detendría por nada.

Sus ojos, dos pozos negros sin fondo, se clavaron en él.

—Bienvenido al juego, Alejandro —dijo con una sonrisa helada que no alcanzó a tocar sus ojos, afilada como un filo de cristal—. Ahora, el tablero se mueve a mi favor.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Quiso retroceder, pero el callejón ya sentía muros que se cerraban poco a poco.

El sistema en su muñeca emitió una alerta, esta vez un pulso singular y urgente. Su visión se llenó de datos, mapas mentales de la ciudad, patrones de movimiento y fallas en las cámaras de vigilancia.

—¿Crees que podrás huir de mí? —la voz de Evelyn resonó, un susurro que arañaba sus nervios—. No importa cuán alto subas... siempre habrá alguien en las sombras esperándote.

La lluvia incrementó su furia, golpeando con fuerza, como si el cielo mismo quisiera borrar ese encuentro. Pero Alejandro, con el pulso acelerado y la mente disparada, sintió que algo en él se despertaba. Una chispa, una energía latente que su sistema secreto comenzaba a lanzar al mundo.

Su mirada se clavó en Evelyn, quien no titubeaba, su postura firme, desafiante.

Un paso adelante, y el mundo parecía girar sobre un eje invisible.

Entonces, justo cuando las distancias se acortaban y la tensión rozaba el límite de lo insoportable...

Un ruido sutil, apenas perceptible, emergió de detrás de la pila de basura y escombros a su derecha.

Alejandro detuvo su respiración.

Un segundo. Dos segundos.

Un sonido inconfundible: un paso que no pertenecía a Evelyn ni a él.

El sistema vibró en su muñeca, señalando el punto exacto: alguien avanzaba hacia su posición.

Un desconocido.

¿Amigo? ¿Enemigo?

La oscuridad tragó la escena y ella lo mantenía suspendido, atrapado entre múltiples amenazas.

Y justo en ese instante, la silueta de Evelyn se desdibujó y Alejandro sintió que su destino ya no estaba solo en sus manos.

—¿Quién está ahí? —su voz, un murmullo cortante pero firme.

El callejón pareció contener la respiración.

Y entonces, la sombra avanzó.

——————

[Fin del capítulo 3]