Chapter 2
Capítulo 2 Primer Nivel, Primer Peligro
Un destello de frío recorrió la piel de Alejandro cuando el filo rozó su cuello. Una ráfaga de ruido sordo, sus ojos cerrándose por un instante que pareció eternidad, y luego... nada.
Oscuridad absoluta.
Cuando la luz regresó, la habitación había cambiado. Ya no estaba en aquel callejón asfixiante ni en el mundo tangible que conocía. Estaba dentro de su mente.
O eso parecía.
Un brillo azul eléctrico trazaba líneas imposibles frente a él, como circuitos de neón flotando en el aire. Letras, números, barras de progreso que se iluminaban al compás de su pulso acelerado. El sistema.
“Primer Nivel desbloqueado,” resonó una voz metálica, fría, neutra, como un eco robotizado dentro de su cabeza.
Alejandro parpadeó, con la respiración entrecortada. La adrenalina quemaba a fuego lento, y un hormigueo extraño le invadía la palma de las manos. Sentía que algo en su interior había cambiado, algo que ni siquiera sabía nombrar aún.
Entonces, el sistema le habló de nuevo.
—Misión: “Eliminación de amenaza menor”. Objetivo: Convoy enemigo detectado en sector 9. Recompensa: Habilidad “Percepción Agudizada” desbloqueada.
El mapa holográfico señalaba un barrio industrial al este, una zona abandonada donde los residuos y la podredumbre se mezclaban con ese aire ácido que quemaba las fosas nasales.
Alejandro sintió, por primera vez, ese cosquilleo de poder, mezclado con miedo. Sabía que esta era su oportunidad, o su condena.
La voz advirtió sin tono emocional:
—Puedes aceptar o rechazar. Sin respuesta, la misión se activará automáticamente en treinta segundos.
Respiró hondo, y la pantalla mental se desvaneció con un parpadeo.
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Un frío cortante le golpeaba la espalda mientras corría entre las sombras quebradas del complejo industrial. Vídeos publicitarios rotos colgaban como fantasmas de neón en las paredes corroídas.
El sistema zumbaba en su mente con pequeños avisos: “Objeto hostil detectado a 12 metros. Agacharse.”
Alejandro bajó el cuerpo, sintiendo el latir desbocado que anunciaba peligro. Hurgó con rapidez en su bolsillo y sacó una piedra —nada sofisticado— y la arrojó con precisión a una lata oxidada lejos de su posición.
Un gruñido lejano confirmó que había atraído la atención.
No era un humano.
Los portales habían desatado horrores y criaturas que desafiaban toda lógica. Alejandro lo sabía, pero aún ignoraba la verdadera magnitud de esos enemigos.
Volviendo a incorporarse, sintió un sutil cambio: el mundo alrededor se había vuelto más nítido. Las siluetas, los susurros del viento que jugueteaban con las hojas caídas, incluso el zumbido de las máquinas en ruinas, llegaban con una intensidad inédita hasta sus sentidos.
“Percepción Agudizada,” murmuró para sí con incredulidad. Su corazón palpitaba con ritmo agarrotado pero entusiasmado.
Pero no había tiempo para mariposas en el estómago.
El gruñido se convirtió en un aullido gutural, y de entre las sombras emergió una criatura con piel coriácea y ojos expulsando un brillo anaranjado. Su boca, repleta de colmillos, se abrió en un ataque feroz.
Alejandro bloqueó el impulso de retroceder. Recordó entonces un consejo marcado a fuego en su memoria: “No luches si puedes evitarlo, pero si peleas, haz que cuente.”
Corría el tiempo en la invisible cuenta regresiva del peligro.
Con un movimiento instintivo, sacó un pequeño cuchillo oxidado, regalo de un vagabundo semanas atrás, y aprovechó el frenético impulso de adrenalina.
El corte fue errático, pero alcanzó la piel expuesta del monstruo y lo hizo tambalear. La criatura retrocedió, soltando un alarido que parecía retumbar a través del concreto roto.
Más sombras se movían. Más ojos brillaban desde la oscuridad.
Alejandro sabía que no podría sostenerse mucho más.
El frío de la noche se volvió un mantra que le urgía a correr, pero esta vez, no huiría sin respuesta.
Un destello azul hizo que sus manos temblasen — el sistema notificaba:
“Experiencia ganada: 100 XP. Objetivo cumplido.”
Una vibración recorrió su columna vertebral. Su cuerpo se sentía pesado, pero una nueva energía se procesaba a gran velocidad.
—Habilidad desbloqueada: Pulso Nervioso. Uso único. Descarga eléctrica que paraliza. —
La criatura se lanzó de nuevo con fiereza, pero justo cuando sus garras iban a rozar su piel, Alejandro apretó con fuerza su mano izquierda.
Un chasquido sordo — electricidad titilante — y un grito ahogado por el impacto. La criatura cayó al suelo convulsionando, inmóvil.
Alejandro no pudo contener un alarido de triunfo soterrado.
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El retorno fue una carrera sin respiro. Las luces intermitentes del sistema marcaban el camino con un mapita que parecía parpadear frenético.
De repente, el brillo familiar frente a sus ojos desapareció y su propio entorno volvió con una contundencia casi violenta.
Un callejón oscuro, su respiración áspera, el pulso que martilleaba sus sienes.
Alejandro se detuvo, buscó sobre el suelo una esquina menos iluminada y se recostó contra la pared húmeda de ladrillo.
—Lo hice —susurró, la voz desgarrada por la intensidad de la experiencia—. No fue perfecto, pero... lo hice.
Una leve vibración salió de su teléfono con una alerta inusual. Al sacarlo, la pantalla mostraba un mensaje codificado, sin remitente:
“No eres un simple novato más. Hay ojos que ya te han marcado. No te confíes, Alejandro. Evelyn Mora vigila. Próxima vez no habrá advertencia.”
El frío le volvió a recorrer la espalda, pero esta vez era mucho más denso que la simple noche.
Alex sintió un cosquilleo venenoso bajo la piel.
Alguien lo observaba. Alguien que podía destruirlo con solo chasquear los dedos.
Y Evelyn Mora, la sombra que había amenazado su vida unos instantes antes, estaba más cerca de lo que podía imaginar.
Su mano tembló, y el teléfono resbaló de sus dedos, cayendo al suelo con un golpe sordo.
Un latido demasiado fuerte para estar solo en su pecho.
El juego apenas comenzaba.
Y esta vez, la próxima misión no sería simplemente sobrevivir.
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[Fin del capítulo 2]