NoveliqaAscenso Prohibido: El Sistema Oculto de Poder / Alianza Frágil :0%
Log in

Chapter 14

Alianza Frágil

Capítulo 14: Alianza Frágil

El silencio cayó sobre la bóveda como un sudario. El monstruo legendario dejó escapar un gruñido ahogado, clavando sus ojos fosforescentes en Alejandro. Sin un segundo más que perder, el joven respiró profundo, la espina dorsal tensa como un arco a punto de soltar la flecha.

Cada músculo le ardía por las heridas, la armadura desgarrada colgando de su hombro, y en su boca un sabor metálico que anunciaba la sangre fresca. A su alrededor, el aire vibraba con la amenaza inminente, pesado y aceitudo. No había escapatoria visible, solo ese coloso de escamas negra y ojos rojos que imposiblemente parecía esconder más de un centenar de años cargados de rabia y violencia.

Los recuerdos de esa voz en su mente —el sistema, la guía oculta— parpadeaban con urgencia: “Alejandro, tu fuerza máxima está por llegar. Confía en mí.”

Entonces el suelo tembló bajo ellos. Pero no por el monstruo. Un golpe seco retumbó en el pasillo. Algo —alguien— se acercaba.

El cuerpo de Alejandro reaccionó sin consultarlo. Antes de que la criatura pudiera acelerar su ataque, una figura apareció en el borde del círculo de luz tenue, un destello plateado reflectando la luz mortecina: era Evelyn Mora.

Sus ojos, afilados y calculadores, recorrieron rápidamente la escena: el monstruo, Alejandro encogido, la amenaza palpitando en el aire a punto de estallar.

—¿Creíste que iba a dejarte morir ahí? —las palabras de Evelyn eran un susurro, pero cargadas de acero—. No en mi turno. No aún.

Alejandro, el aliento entrecortado, casi sin fuerzas, apenas pudo asimilar aquel inesperado rescate. Pero algo en la mirada de Evelyn fue aún más inquietante: ni piedad, ni compasión. Solo una determinación gélida, implacable.

El monstruo, derrocado por la presencia de ambos, rugió y retrocedió. La luz de las armas y el aura del sistema de Alejandro se encendían como brasas. Evelyn activó un artefacto en su muñeca y una barrera de energía envolvió la alcoba, frenando la furia del bestial guardián.

—Tenemos un problema mucho más grande que tus heridas —dijo Evelyn, bajando la voz. Se volvió hacia Alejandro—. Esto es más que un simple monstruo. Es un síntoma. Y estamos en medio de una guerra más profunda de lo que cualquiera imaginaba.

El joven se incorporó con dificultad, mascullando entre dientes:

—¿Por qué debería confiar en ti?

—Porque, a estas alturas, no tenemos opciones. —Su rostro se endureció—. Hay fuerzas que quieren vernos muertos a ambos. Y solo si unimos fuerzas tendremos alguna oportunidad.

El roce tenso entre ellos, más espeso que la humedad del submundo en el que estaban, fue un aviso: este acuerdo no era producto de la confianza, sino de la necesidad. Dos peces atrapados en la misma red.

El aire se volvió denso, casi eléctrico, cuando Evelyn deslizó un datachip hacia Alejandro:

—Información que no puedo compartir por canales convencionales.

El joven estudió el objeto sin apartar la mirada; un paso lento que se sentía como una danza sobre un filo al rojo vivo.

—¿Quién está detrás?

—Un nombre —Evelyn susurró, baja, casi como una amenaza—: Lucía Serrano.

La mención de ese nombre provocó que un escalofrío descendiera por la columna vertebral de Alejandro. Lucía Serrano era una aliada inesperada que, según rumores, mantenía motivos ocultos y una agenda que cruzaba la del sistema y la política del poder.

Ambos compartieron un instante —una tensión eléctrica— en el que el pasado y el futuro se fotografiaron en sus irises.

Pero entonces, un sonido sutil los alertó.

Un leve crujido detrás de la puerta metálica, apenas audible sobre el silencio aplastante.

Ambos giraron al unísono, ojos entrecerrados, músculos tensos.

Un susurro, la sombra fugaz de una figura extraviada en la penumbra del corredor.

—No estamos solos —dijo Alejandro, la voz ronca y fría, la misma que siempre usaba frente a lo desconocido.

Evelyn asintió con un destello de preocupación que intentó oculta tras su fachada pétrea.

—Alguien próximo… alguien en quien confiamos… nos traiciona.

El eco de esas palabras resonó en la cámara, atrofiándolo todo.

Un traidor. En medio de la frágil alianza. Dos enemigos menos que habrían de ser. Pero ¿un amigo? Eso podía destruirlos a ambos.

La puerta contigua crujió un poco más, perforando la calma con una amenaza abierta.

Ambos, ahora miradas fijas, conscientes de que cualquier movimiento en falso podría ser mortal, se prepararon para lo inevitable.

En ese instante, una nueva voz emergió desde la penumbra, cargada de veneno y una sonrisa oscura:

—¿Creían que podrían jugar sin renunciar a algo?

Las luces parpadearon, el aire se espesó de nuevo… y una figura emergió, con un brillo perverso en los ojos.

La traición estaba a punto de cortarlos… al centro, sin piedad.

———

Continuará…